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Mucho antes de que en el antiguo Egipto aparecieran las pirámides para el enterramiento de faraones, en Europa el arte y la muerte estaban vinculados en un mismo espacio. Lo recuerda Pedro Cantalejo, uno de los investigadores que estudia los muchos secretos que todavía esconde la cueva de la Victoria. Las numerosas pinturas antropomórficas y los restos funerarios datados en una misma época en dos de las galerías de esa cavidad parecen evidenciar este hábito hace aproximadamente cinco milenios . Aunque aún no hay fechas exactas, el margen está entre los 4.500 y los 6.300 años.
La de la Victoria, antes conocida como la de la Cala, por estar situada en este núcleo del término municipal de Rincón de la Victoria, no es ni mucho menos la única gruta donde se ha podido comprobar que en el Neolítico las cuevas dejaron de usarse como refugios para ser lugar de enterramiento de los difuntos. Parte del ritual con los difuntos tuvo que pasar inexorablemente por dejar constancia pictórica en las paredes. Así, más allá de las pinturas rupestres de animales anteriores en el tiempo (Paleolítico), en este caso se representan a personas en distintas posiciones. Muchos de ellos son arqueros.
En el caso de la cueva de la Victoria se han contabilizado casi 70 figuras humanas en las paredes de las galerías donde han aparecido enterramientos de la misma época. Esto pone de relieve la importancia que tiene esta cavidad para el estudio mundial de la Prehistoria, ya que, hasta ahora, sólo se habían visto estas pinturas antropomórficas junto a restos funerarios de forma muy aislada, como es el caso de las cuevas de Ardales y de Nerja, en la misma provincia de Málaga.
Como explica Cantalejo, «el volumen de figuras antropomórficas en las mismas paredes del sepulcro es abundantísimo». Como conclusión, tras décadas estudiando ésta y otras grutas, «se hicieron en una sola ocasión por una comunidad que decidió pintar en las paredes», en auténticos frisos que hoy representan una de las primeras expresiones del arte.
Durante muchas décadas las pinturas rupestres de animales y de otros elementos en ésta y otras cuevas europeas ha eclipsado la importancia que tiene lo que hoy la cavidad de la Victoria muestra.
«Aunque llevamos publicando y reeditando investigaciones y hallazgos desde la década de los años ochenta, hasta que una cueva como la de la Victoria no se ha podido visitar y comenzar a disfrutar no ha empezado a valorarse en su justa medida», explica este historiador y arqueólogo, que pone de ejemplo el modelo de la cueva de Ardales, que tan bien conoce. «Cuando el conocimiento se guarda en un libro y no se divulga bien, se convierte en endogamia científica», sentencia Cantalejo.
Hoy la cueva de la Victoria se sustenta sobre tres grandes pilares: la investigación, la conservación y la divulgación, que son perfectamente compatibles, como se ha demostrado ya en otras cuevas europeas.
Hoy la cueva de la Victoria aspira a convertirse en un referente rupestre mundial, gracias a las tres investigaciones que se están realizando. Por un lado, en un ámbito internacional, se trabaja dentro del proyecto 'First Art. Determinación cronológica y caracterización de pigmentos en las etapas iniciales del Arte Rupestre Paleolítico', en el que están implicados varios profesionales que han recogido muestreos y analizan éstos con nuevas tecnologías.
Por otro lado, investigadores de varias universidades españolas (Salamanca, Valencia, País Vasco y UNED), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto Geológico y Minero de España, también estudian en el ámbito y la arqueología dentro de la cueva de la Victoria. Entre sus primeras conclusiones, han podido constatar que a finales del Paleolítico, en el período Magdaleniense, se consumía la base de lo que hoy se conoce como Dieta Mediterránea. En concreto, los hallazgos encontrados en el interior de la gruta permiten reseñar que se consumieron allí peces, como el sargo, la dorada o la breca. Además, también se han encontrado restos de conchas finas, vieiras, coquinas o mejillones, entre otros moluscos y mamíferos marinos como el delfín y piel de ballena. No faltan tampoco restos de fauna silvestre autóctona, como el conejo, la cabra, el ciervo o el jabalí.
El propio Pedro Cantalejo y María del Mar Espejo también dirigen el plan de estudio y conservación del arte rupestre de las cuevas del Cantal. En este sentido, el arqueólogo explica que «vuelven sobre las pinturas y grabados para aplicar nuevas tecnologías y observar sus técnicas de ejecución». Así, afirma que están encontrando, fundamentalmente, «restos de pinturas muy antiguas que casi no se perciben a simple vista».
Éstas tres investigaciones han entrado en sus últimas fases. Sus principales conclusiones se podrán conocer de primera mano durante el mes de octubre en unas jornadas científicas en Rincón de la Victoria. Aunque aún no se conocen los días exactos en los que se celebrará ese encuentro, será una fecha fundamental en la historia de la cueva de la Victoria, con actividad humana desde hace treinta mil años.
La importancia que puede adquirir la cavidad de la Victoria hay que entenderla en su propio contexto geológico y físico, ya que forma parte de las cuevas del Cantal, junto a las del Higuerón y la del Tesoro. Esta última es la más conocida de las tres y es propiedad de los herederos de la familia Laza Palacio, aunque está alquilada al Ayuntamiento de Rincón de la Victoria, que gestiona las visitas.
La de la Victoria a diferencia de las otras dos grutas visitables es propiedad del Ayuntamiento y está separada de las mencionadas cavidades (las otras dos están conectadas por el interior). Además, hoy tiene dos posibles accesos verticales por el Parque Arqueológico del Mediterráneo.
La cueva de la Victoria es visitable desde finales del pasado mes de febrero gracias a un acuerdo con la empresa Ardalestur, dirigida por María del Mar Espejo. Eso sí, para preservar las condiciones naturales que tiene la cavidad y no interferir en las distintas investigaciones que se están realizando en la actualidad, la entrada está restringida a grupos reducidos de diez personas como máximo en un período muy bien acotado. En concreto, estas visitas duran dos horas y se realizan los viernes, sábados y domingos, a las 10.00, 12.30 y 16.00 horas, previa reserva en la web www.turismoenrincon.es
A diferencia de otras cuevas como la cercana del Tesoro o la de Nerja, aquí se requiere un mínimo de condición física, ya que hay que entrar y salir por escaleras de cuatro metros de longitud. Por esa razón, se ha acotado para un público con edades comprendidas entre los 10 y los 70 años, que no tengan problemas de movilidad. En cualquier caso, deberán ir con un calzado deportivo o de montaña que le permita desplazarse con facilidad por el interior de la gruta.
Las tarifas para visitar la gruta de la Victoria, que incluye también la cavidad del Higuerón (con acceso por la cueva del Tesoro), es de 16,5 euros para mayores de 14 años y de 13,75 para niños entre los 10 y los 14. Los empadronados de Rincón de la Victoria, independientemente de su edad, también abonarán 13,75 euros.
Para el Ayuntamiento de Rincón la apertura al público desde febrero de la cueva de la Victoria es un hito muy importante para el municipio. «Teníamos un tesoro que nadie conocía y había que hacerlo, pero, además, es también fundamental por la apuesta decidida por nuestro patrimonio histórico», explica Antonio José Martín, concejal de Turismo de Rincón de la Victoria. Así, esta delegación municipal ya promociona este enclave en distintos encuentros del sector. «Llevamos desde 2017 trabajando para hacer posible que hoy la cueva sea visitable», añade.
Rincón de la Victoria aspira a contar con otro enclave abierto al público antes de que acabe el año, la villa romana de Torre de Benagalbón, que conformaría junto a las cuevas del Cantal, las torres vigías y la Casa Fuerte de Bezmiliana sus principales enclaves de interés histórico. En este sentido, Martín adelanta que se preparará un bono turístico que incluya las entradas a las grutas y al yacimiento romano con un precio ventajoso.
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