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La sensación compartida entre los padres de que en el confinamiento las normas se han relajado y ha habido un abuso importante de pantallas ( ... móviles, tablets, ordenadores o consolas) por parte de niños y adolescentes está sustentada en datos que harían a más de uno llevarse las manos a la cabeza: un estudio reciente de la Universidad Miguel Hernández (Elche) confirma que antes de la cuarentena sólo el 15% de los niños españoles usaba estos dispositivos más de 90 minutos al día, y que durante el confinamiento, ese porcentaje se ha disparado al 73%. «Sí, están enganchados». Lo confirma sin rodeos Marta González, especialista en nuevas tecnologías, presidenta de ADA Lovelace y coordinadora de la Brigada Antiacoso, cuyo trabajo en la primera línea le permite dibujar un escenario que tiende a más a los oscuros que a los claros. Y lo que es peor: ahora ya no valen las normas de antes. Ahora toca volver a negociar las condiciones de uso con una generación que no acepta un 'no' tan fácilmente y que lo quiere todo ya. Incluido el móvil.
–Los niños están enganchados a las nuevas tecnologías. ¿Se puede dar este titular de partida?
–Pienso que sí. Tenemos la muestra a nuestro alrededor. Todo ha aumentado, ten en cuenta que si antes los niños empezaban con las nuevas tecnologías a los 10 años, ahora lo hacen en Infantil (hasta 6 años). Hasta ellos han tenido actividades educativas en este tiempo a través de las tablets.
–Pero han sido un apoyo en el proceso de aprendizaje. Yo me refiero a ese uso descontrolado para echar las horas muertas
–Claro. Pero creo que hemos solucionado el problema de no ir al cole gracias a las nuevas tecnologías sin tener tiempo para que esa educación en la distancia vaya de la mano de una educación tecnológica sobre el buen uso.
–¿Hay solución para 'desaprender' esos malos hábitos?
–Ahora que nos planteamos la vuelta al cole, también tendríamos que empezar a prepararnos para desconexión paulatina de las nuevas tecnologías usadas como ocio. A eso es a lo que me refiero. Es como si tuviéramos un cuarto desordenado y ahora tenemos que empezar de nuevo a colocar todos los muebles: todos los juguetes y toda esa parte del ocio hay que ordenarla porque ahora es el momento de otra normalidad.
–Esa nueva negociación no parece sencilla...
–Ya, pero es ahora es cuando tenemos que empezar a renegociar todas las condiciones vinculadas a las nuevas tecnologías. Sabemos que las tablets y los ordenadores tienen que estar presentes en el hogar, pero tiene que haber unas reglas claras sobre los tiempos de uso y los límites. Y sobre todo recordarles a nuestros hijos los peligros que existen. Nos hemos confiado en que el virus está fuera y no nos hemos dado cuenta del peligro que hay en nuestras casas.
–Pero una cosa es prevenir el abuso, como hacíamos antes de la cuarentena; y otra muy diferente es gestionarlo ahora cuando ya es evidente que se han pasado ciertos límites...
–Sí, es difícil. Ahora lo que tenemos que aprovechar es ese cambio de normalidad y de vuelta al cole para intentar recuperar, aunque sea en parte, las rutinas que teníamos antes del confinamiento. No nos engañemos, durante la cuarentena, e incluso ahora en vacaciones, ha sido muy difícil trasladar ese mensaje de 'la tableta sólo dos horas al día', pero ahora hay que empezar a hacer algo porque en todas las familias nos preparamos para volver a la rutina.
–Esa sobreexposición a las pantallas, ¿qué efectos directos ha tenido en el comportamiento de los menores?
–Yo no soy psicóloga, pero en este tiempo sí hemos trabajado mucho con los especialistas. Por una parte, se han detectado problemas de salud vinculados a la visión o a la concentración, pero sobre todo al aislamiento. Aunque parezca que el móvil o la tablet es un medio que te conecta con los demás también se da el efecto contrario: los adolescentes, por ejemplo, están hiperconectados con el exterior pero a la vez aislados en casa.
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–En el confinamiento también se ha dado la paradoja de que los padres hemos estado más presentes en casa con el teletrabajo pero a la vez al margen de lo que ocurría con ese abuso con el móvil
–Así ha sido, pero es que había otras prioridades y las tecnologías se convirtieron en un salvavidas, en un aliado para encontrar nuestro propio espacio mientras estábamos encerrados. Ahora es difícil decir eso de «las familias deberían haber hecho...»; no tiene sentido hablar en pasado, pero sí gestionar lo que viene y quizás hacer una puesta a punto con nuestros hijos para ver qué tipo de contenido han visto, qué han subido a las redes qué es lo que les interesa... y empezar desde cero.
–Sí, pero hablamos lenguajes diferentes
–Es verdad, ahora ya no estamos ante nativos digitales, ahora estamos ante auténticos expertos digitales. Tú ves ahora a los niños manejar las herramientas para hacer vídeos en Tik Tok y es impresionante. Ellos han tenido un tiempo precioso para aprender esas cosas; el problema es que los padres no lo hemos tenido. Ahora nos enfrentamos a esos expertos y al hecho de que las edades han bajado en el uso de todas esas aplicaciones; a que han abusado de las nuevas tecnologías en el confinamiento y ahora el gigante es mucho más grande.
–¿Y cómo podemos gestionar los padres ese sentimiento de culpabilidad de haber dejado hacer?
–Yo creo que hemos hecho lo que hemos podido en cada circunstancia, tampoco tiene sentido castigarnos. Pero es verdad que ahora sí tendríamos que dedicar un tiempo a evaluar el impacto, porque los niños han abusado de las pantallas en el confinamiento y ahora no vale el «te quito el móvil». Eso ya es imposible, hay que analizar con ellos las causas y las consecuencias de lo que hacen.
–¿Ese control, antes del encierro, se llevaba mejor?
–Antes del confinamiento sí estábamos todos pendientes del tiempo que nuestros hijos estaban con la tableta; y también más confiados porque en una parte importante del día estaban en el colegio, tutorizados y cuidados... Estaba todo organizado, pero se ha pasado al otro extremo, a estar todo el rato en casa y con tiempo libre.
–¿Funciona el castigo, decir «ahora te quito el móvil»?
–No, eso genera más ansiedad. Si estoy enganchado a algo y de repente me lo quitan se genera más ansiedad e incluso agresividad; por no hablar de la insistencia del niño hasta que te hace perder los nervios. En esos casos funciona mejor la negociación pero ojo, estableciendo límites claros. Aunque también es cierto que si esas negociaciones no se hacían antes del encierro todo va a ser más difícil, estamos ante una generación que es muy dura negociando y que no acepta el 'no' sin más.
–¿Y qué me dice de los padres? Decimos 'no' pero también nosotros hemos abusado de las nuevas tecnologías
–Claro, es que es muy fácil decirle a tu hijo que no puede estar con el móvil cuando nosotros estamos todo el día enganchados. Ellos lo ven y nos piden explicaciones. Pero en cualquier caso es importante hacer ver quién es el adulto y quién el niño y, por supuesto, quién pone la norma. No somos iguales, hay una jerarquía.
–¿Somos conscientes del problema que ha generado este abuso?
–No, no lo somos; de hecho creo que veremos los resultados dentro de un tiempo. Nuestro foco de atención sigue estando en otra cosa, y no será hasta la paulatina vuelta a la normalidad cuando empecemos a ver el problema que tenemos encima, que es enorme. Hemos perdido mucho tiempo de socialización, de normas, de orden y de rutinas; y eso es peligroso a determinadas edades.
–¿A cuáles?
–Hablo sobre todo de los niños que están en la preadolescencia y en la adolescencia. Mira, a los niños pequeños lo que les gusta es jugar y si eres capaz de entretenerlo se olvidan del móvil, pero no funciona igual en los que ya están en ese límite de la adolescencia: ya necesitan saber quiénes son, conocerse y experimentar, y muchas de esas oportunidades se han perdido por el confinamiento.
–Vayamos a aplicaciones concretas. ¿Tik Tok ha sido el mayor canguro digital de nuestros hijos?
–Sí, ha sido un auténtico descubrimiento para ellos.
–¿Y el más peligroso?
–Así es. Está siendo uno de los más peligrosos, porque hay más menores dentro. Es muy atractivo y engancha por los vídeos, ha entrado por la música y se interactúa también allí para gustar. ¡Yo he llegado a ver academias donde se enseñan los bailes de TikTok! Es una red donde están los menores pero no exenta de peligros, porque también hay pederastas y en muchos casos hay una hipersexualización de niños y niñas con los bailes y las letras de las canciones. Si nos fijamos, nos morimos.
–Me lo pone fácil para esta pregunta. ¿Es partidaria entonces de coger los móviles de nuestros hijos para controlar qué hacen?
–Si te digo la verdad, con mis hijas tengo una aplicación de control parental que instalé antes del confinamiento porque llegué a un pacto con ellas. Hay algunas que funcionan muy bien. Yo utilizo la de Family Link, de Google, que es gratuita. Yo necesito es poner determinados cortafuegos para evitar contenidos que no quiero que vean y sobre todo saber cuánto tiempo pasan en cada una de las aplicaciones: si me dice que ha estado cuatro horas con un videojuego pues ya me preocupo, pero no es lo mismo que esté en YouTube viendo una película.
–Es decir, que espiar el móvil no
–Que sepan que hay algo que los controla, pero no soy partidaria de espiar. Con la aplicación se negocia. Otra cosa es que me preguntes por los adolescentes.
–Pues le pregunto por ellos...
–Las aplicaciones de control están bien para los niños de Primaria, con los adolescentes hay que estar pendientes de lo que hacen, de lo que dicen y de lo que te cuentan. Hay que hablar mucho con ellos porque meterse en su móvil es una falta de confianza y puede ser contraproducente. Hay que acercarse, espiar no es la solución.
–¿Es más fácil desenganchar a un niño o a un adolescente?
–Creo que a un niño, porque un adolescente ya lleva mucho. El niño al final está sujeto a tus normas y a tus leyes; lo más complicado en este caso es gestionar la insistencia y ese «quiero, quiero, quiero...». Como te decía antes, si tú te llevas al niño al parque o a la playa y lo entretienes es más fácil; el problema es que no tenemos tiempo para eso. Con un adolescente es una lucha, es más difícil porque lo que él quiere es socializar y eso se lo da el móvil. El niño, en cambio, lo que quiere es jugar.
–¿Y el abuso afecta igual a chicos que a chicas?
–A la altura a la que estamos, a los dos por igual. Hay estudios sobre el tiempo de uso de los dispositivos que dicen que los chicos están más ligados a los videojuegos y juegos online; mientras que las chicas se dedican más a YouTube o Instagram, a la comunicación. Es cierto que los chicos llegan más tarde a esa etapa en la que se busca la interacción y el gustar.
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