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Las aspiraciones del Obispado por acabar la obra de la Catedral tal y como quedó plasmada en los planos del siglo XVIII, contenidas en el plan director promovido por el cabildo catedralicio, se ha topado con los argumentos que ponen en duda esta postura expresados en dos informes de la Consejería de Cultura, a los que ha podido tener acceso este periódico. Uno de ellos ha sido elaborado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), y el otro por los técnicos de la delegación provincial de la consejería. En ambos, la Junta cuestiona la intención de dotar al templo de un tejado a dos aguas como solución a sus problemas de goteras, como se sostiene desde la diócesis, y deja claro que, antes de llevar a cabo tareas para construir lo que quedó inacabado hace 235 años, es preciso y urgente acometer tareas de conservación y mantenimiento del edificio tal y como ahora se encuentra.
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Especialmente crítico con la intención de la Iglesia de acabar la obra de la Catedral es el pronunciamiento del IAPH, que en su informe alerta de que ello iría en contra del valor de la «autenticidad». «Si terminamos un templo conforme fue planificado en el final del siglo XVIII estaríamos cuestionando la autenticidad que conocemos derivada de la investigación pormenorizada de aquella época: no se cortará a mano la piedra sino por láser, no irán hiladas como hacían los alarifes de esta época, ni se montarán perfiles, vigas ni andamios de madera como se hacían en aquella época (...) Podrá hacerse todo esto, pero no será ya el resultado de aquel tiempo que no está: la torre será siempre la torre nueva, la cubierta será la cubierta nueva y las esculturas de las fachadas o los cubillos con ascensores serán los nuevos. Solo que se habrá optado por una Catedral del siglo XVIII realizada en el siglo XXI, tal y como se construye en el siglo XXI, siguiendo un modelo idealizado», exponen desde el IAPH.
Este departamento de la Consejería de Cultura concluye que la idea de acabar la Catedral «no deja de ser una interpretación desprovista del suficiente conocimiento sobre el bien, una interpretación que no está amparada en el conocimiento más absoluto posible del bien». Asimismo, cuestiona que el plan director supedite sus actuaciones de conservación del monumento a su acabamiento. «No se puede obviar el principio de conservación y las necesidades acuciantes que presenta el templo, con intervenciones que desde la perspectiva actual son imprescindibles para su conservación y que deben priorizarse a cualquier otra empresa más ambiciosa», apuntan desde el instituto.
El IAPH reseña que un argumento para la finalización de la Catedral como quedó dibujada en los planos del siglo XVIII podría ser el de presentar una iglesia «más limpia, de fácil lectura, más cercana a la obra de arte como concepción unitaria». Pero advierte de que «se correría el riesgo de presentar el monumento como nunca fue, con una concepción unitaria determinada por una elección subjetiva de un periodo concreto de su historia», subraya. Asimismo, aboga por tener en cuenta el valor histórico, que «pretende preservar desde nuestra visión conservadora el más fiel posible al original, alterando en lo mínimo, respetando las distintas aportaciones o transformaciones, presentando el elemento patrimonial como una suma en su evolución temporal que debe ser preservada como tal».
También el análisis que realizan los técnicos de la delegación de Cultura pone en duda el ímpetu del Obispado por acabar las obras del primer templo de la diócesis. Afirman que ese criterio de intervención supone «cambios o modificaciones sobre aspectos arquitectónicos, históricos y compositivos que no han sido debatidos ni justifican la ausencia o su priorización sobre aspectos de conservación en un monumento que no posee plan de conservación ni mantenimiento, ni cuenta con campañas periódicas de rehabilitación general».
No obstante, el informe de Cultura reseña todas y cada una de las actuaciones que el plan director recoge para acabar la Catedral según los planos del siglo XVIII, aunque condicionándolas a que se abra un proceso de reflexión y debate para desarrollar posibles soluciones que, en todo caso, no cree prioritario. Respecto a la finalización de la torre sur, la Junta se queda con la propuesta del plan de abrir un estudio de alternativas «encaminadas a la elaboración de un proyecto de terminación que sea el instrumento que defina cómo debe rematarse», por lo que no se moja respecto a los argumentos expresados por los arquitectos del cabildo catedralicio a favor de levantar la torre.
Más detallada resulta la postura tanto del IAPH como de la consejería respecto a la construcción de una cubierta a dos aguas que acabe con los problemas de goteras, como defiende el Obispado. Cultura entiende que la solución a esta cuestión debe pasar por la realización de «peritajes» y «reparaciones puntuales» sobre el recubrimiento con ladrillos que se hizo a la cubierta de las bóvedas a finales de la pasada década, a raíz de un concurso de ideas promovido desde la consejería, ya que considera que es una actuación que «ha demostrado un alto índice de eficacia en relación con los problemas abordados» y «ha atenuado en gran medida los problemas de humedades por infiltración». En el mismo sentido, el IAPH llega a calificar la construcción de una nueva cubierta como «un problema secundario y costoso», y aboga por realizar un estudio en profundidad de la evacuación de aguas del edificio. «Sin el conocimiento del funcionamiento del plan de evacuación de aguas sería muy aventurado, aún edificando nuevas cubiertas, supeditar a éstas toda la correcta conservación material de la Catedral que ha llegado hasta nuestros días», añade el instituto, que, no obstante, llega a admitir «el error de la intervención anterior» por un conocimiento «claramente insuficiente» de la evacuación de aguas desde las cubiertas al suelo.
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