NURIA TRIGUERO ntriguero@diariosur.es
Lunes, 16 de abril 2012, 14:45
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La primera imagen que se graba en las retinas de los visitantes del PTA no es precisamente la que desearían sus responsables y los empresarios que allí se alojan. Los dos edificios que flanquean la entrada al recinto, otrora pertenecientes a Vitelcom y hoy en manos de entidades financieras, ofrecen un escenario perfecto para rodar una película postapocalíptica. Suciedad, pintadas, cristales rotos y hasta revestimientos arrancados son la consecuencia de años de abandono y vandalismo. El interior de los inmuebles no está en mejores condiciones: ya no solo la maquinaria y el mobiliario, sino tuberías, sanitarios, cables e incluso techos falsos y baldosas han sido pasto de los robos.
El director del Parque Tecnológico de Andalucía, Felipe Romera, lleva cuatro años asistiendo impotente al abandono de dos de sus edificios más emblemáticos. «Es una tragedia ver cómo se van deteriorando unas instalaciones que eran excelentes», afirma. Lo que más preocupa a Romera y a muchos empresarios de la tecnópolis es la «pésima impresión» que se llevan los visitantes al comprobar el lamentable aspecto de los primeros edificios que ven al entrar en el recinto. Además, su mal estado es un lastre, sumado a la situación actual de crisis, que hace muy difícil encontrarles nuevos inquilinos.
La impotencia del director del PTA se explica por su imposibilidad de actuar ante esta situación. Y es que los dos inmuebles son de propiedad privada, por lo que nadie, ni siquiera los gestores del recinto, puede acceder a ellos sin permiso. «Lo más que pudimos hacer en su día fue borrar unas pintadas de la fachada», afirma Romera.
La decadencia de lo que un día fueron industrias electrónicas llenas de actividad comenzó en 2007, con la quiebra de Vitelcom. Por entonces el fabricante de teléfonos móviles era propietario de los dos inmuebles, ya que a su fábrica originaria (la que se sitúa a la izquierda de la calle según se entra a la tecnópolis) había anexionado en 2005 el edificio de enfrente, antes perteneciente a otra empresa electrónica, A Novo (la heredera de Citesa). Entre ambas naves suman alrededor de 23.000 metros cuadrados construidos, una de las mayores superficies productivas del PTA.
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Al entrar en suspensión de pagos, la actividad de Vitelcom se paralizó y su gestión quedó en manos de unos administradores nombrados por un juez. Como no había dinero, no había vigilancia dentro de las fábricas. Resultado: a las pintadas y actos vandálicos registrados durante las protestas de los trabajadores les siguieron los saqueos. De hecho, ya en junio de 2008 se denunciaron robos y daños en las dos fábricas por valor de más de dos millones de euros. Muebles de oficina, teléfonos, ordenadores, impresoras, fotocopiadoras, componentes, dispositivos de transporte y manipulación, enfardadoras e incluso una máquina que pesaba cuatro toneladas y media desaparecieron de los inmuebles. Después se presentarían varias denuncias más.
Saqueos
Una vez sustraídos los objetos de más valor, los edificios de Vitelcom han seguido siendo víctimas de un goteo de saqueos en los que el botín han pasado a ser los cables, los sanitarios e incluso los revestimientos. En uno de ellos, hay partes de la fachada que se han quedado con el ladrillo a la vista. «El problema es que el proceso concursal se ha demorado demasiado tiempo, más de cuatro años, y mientras tanto nadie se ha hecho responsable de los edificios», lamenta Felipe Romera. La fábrica originaria de Vitelcom fue adjudicada a Cajasol (que había concedido la hipoteca) en octubre de 2010, mientras que la nave de enfrente tuvo que esperar un año más: desde finales de 2011 pertenece a Unicaja.
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Cuando tomaron posesión de los edificios, ambas entidades procedieron a limpiarlos y a cerrar sus accesos, pero poco más. Cajasol ha colocado un cartel de 'Disponible', mientras que Unicaja aún no ha dado ese paso porque está «analizando las posibilidades» del inmueble, según los portavoces de la caja. La dirección del PTA sigue trabajando para encontrar un nuevo propietario que dé uso industrial a estas emblemáticas naves, aunque Romera reconoce que es «muy difícil» a corto plazo. «Al principio surgieron algunas oportunidades pero se perdieron al no haber un interlocutor claro. Ahora, con la crisis, ¿quién va a haber dispuesto a hacer una inversión de este calibre, y menos en el sector industrial?», cuestiona.
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