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REGINA SOTORRÍO rsotorrio@diariosur.es
Domingo, 6 de marzo 2011, 12:53
No necesitan mucho: tan solo unas paredes libres o un rincón vacío. Ellos se ocuparán de llenarlo. Pero el espacio se cotiza alto en el mundo del arte. Sin huecos para exponer en las galerías y salas convencionales, locales con una actividad totalmente ajena a la pintura, la escultura o la fotografía se convierten en centros de exposiciones alternativos. Bares y restaurantes abrieron la veda hace años al arte en la provincia de Málaga, pero ya no son los únicos: ahora puede contemplar un cuadro en lugar de ojear una revista mientras se corta el pelo; o acudir a su cita con el médico y hacer tiempo mirando una fotografía. El arte está donde menos se lo espere.
Es una relación de doble dirección. Una exposición aporta un plus al comercio, clínica o restaurante donde se muestra, lo hace diferente y atractivo a los clientes. Y a la vez, el artista -joven y de corte vanguardista en su mayoría- acerca su obra a personas que quizá nunca pisen una sala privada. Además, cada nueva colección va acompañada de una fiesta de inauguración: se habla así del creador y también del local. Todos ganan y, por eso, el modelo más extendido es el de ceder el recinto durante uno o dos meses, no más, a cambio de una comisión (de entre el 10 y el 35%) por cada venta que se realice. Pero hay excepciones, como Cincoechegaray o el centro comercial Vialia, donde el espacio se ofrece sin contrapartida alguna.
«El cuadro debe tener su lugar, pero cuando no lo hay... No quiero guardar 40 lienzos de cara a la pared», asegura Pilar Lasierra. Pintora malagueña autodidacta, celebró una de sus primeras exposiciones individuales en el restaurante Vino Mío (www.restaurantevinomio.com) y, seis años después, sus coloridos cuadros impresionistas ya se han hecho un nombre. «Es una buena iniciativa para empezar y tener una primera oportunidad», admite la artista.
En el menú
El establecimiento de la calle Álamos fue uno de los primeros en Málaga en incorporar el arte a su menú. Su propietaria Hélène Mostertman ya ha perdido la cuenta de los artistas que han colgado en sus paredes, pero haciendo números... los fogones han compartido espacio con alrededor de 90 exposiciones en los últimos ocho años, a razón de una al mes. «De esta forma el cliente nunca se encuentra el restaurante igual», dice Mostertman, que este mes abre un local estilo 'lounge' (Mi Terraza, en la plaza del Teatro Cervantes) donde también habrá más que cócteles.
Al principio era ella quien buscaba a los interesados en exponer en su restaurante, ahora tiene más demanda que muros. «Me mandan emails constantemente y me preguntan mucho los clientes... Puedo ser más selectiva que antes», apunta Hélène Mostertman. También lo es Alba Ballesteros, que cada mes llena su peluquería Handicap (c/ Gaona, esquina con Dos Aceras) de nuevas propuestas. Porque en definitiva -dice- «la peluquería es otro arte». Elige exposiciones que se ajusten al perfil de su clientela -gente joven y poco clásica- y huye del «porno y lo sangriento». «Necesito un entorno agradable porque ¡tengo que estar aquí un mes trabajando junto a las obras! », exclama entre risas.
Saca partido a cada centímetro de los 60 metros cuadrados que tiene su local, con un mobiliario móvil que cambia en función de la colección que exhibe: desde pintura a escultura, pasando por ropa. Y siempre de pequeño o mediano formato, con precios razonables para la venta al público. «Les aconsejo que no cuesten más de 300 euros», señala Ballesteros. Mes a mes, ya van alrededor de 30 muestras. «Ahora trabajar sin nada en las paredes me parece deprimente, por eso el mismo día que se va un artista monta el otro», apunta la joven emprendedora. Eso ocurrirá este miércoles, cuando se despide Emmanuel Lafont y toma posiciones en la peluquería la artista plástica Ángela Rodríguez Gallego.
Handicap se ofrece a los artistas por dentro y por fuera. Ellos pueden jugar con el escaparate y convertirlo en una prolongación de la muestra, una especie de gancho de lo que hay en el interior. Lo mismo se hace en Cincoechegaray. En esta tienda (www.cincoechegaray.com), la literatura y la música conviven con pinturas, ilustraciones y fotografías, que se renuevan cada uno o dos meses con un periodo de descanso. «Si siempre tienes algo, el cliente se acostumbra y deja de verlo como algo novedoso, por eso espacio las exposiciones para seguir sorprendiendo», explica su propietaria, Nuria Jiménez.
Hace más de cuatro años, esta joven empresaria se propuso abrir un comercio alejado del concepto de «supermercado de libros y discos». Ella «quería un establecimiento vivo, donde la gente pudiera entrar, escuchar y ver» cosas diferentes. Y estos días, lo que allí encuentran los clientes son las instantáneas de conciertos captadas por Sara Navarro, fotógrafa de revistas musicales. «Esta es una salida interesante para tu obra y te permite llegar a un público amplio», afirma la joven madrileña. Exhibe sus imágenes en bares y otros espacios que no viven directamente del arte porque, «de momento», no le interesan las galerías. «Aún no lo he buscado, pero me parece un círculo más restringido; por ahora me resulta más interesante llegar a todo el mundo», reconoce.
Público asegurado
Y es que son locales con un ir y venir constante de personas; y eso los convierte en una jugosa plataforma para quien empieza o quien quiere difusión. Si bien es cierto que aquellos que cruzan las puertas de la librería, el restaurante o la peluquería no acuden buscando arte, no es menos verdad que -aunque sin pretenderlo- se convierten en público potencial del artista.
«Las galerías tienen todavía un cierto aire de exclusividad que hace que algunas personas no entren en ellas; estos espacios son más cómodos y resultan más accesibles», asegura Nuria Jiménez, de Cincoechegaray. «A la pinacoteca van los iniciados, los interesados en esas obras; en estos lugar suele haber una mayor circulación de personas y por eso son interesantes para el mundo de la cultura», apunta Rubén Sanz, gerente del Hospital Quirón.
Y han leído bien: también en un centro hospitalario hay arte. Hasta el pasado 28 de febrero, el Hospital Quirón (www.quiron.es) decoraba su hall con 27 fotografías de la creadora malagueña Lia G. bajo el título 'Ellas'. Y no será la última muestra. A través de un acuerdo de colaboración con el Área de Juventud del Ayuntamiento de Málaga, la entrada del edificio de consultas externas del hospital recibirá periódicamente obras de jóvenes autores malagueños que hayan sido expuestas anteriormente en La Caja Blanca. «Estamos abiertos a lo que se nos proponga», apunta Sanz. Además, el centro exhibe -y exporta a otras sedes- la muestra de producción propia 'Arte desde Dentro', imágenes del interior del cuerpo tomadas con técnicas de alta resolución.
Al público le gusta «que la cosas no resulten tan obvias y reacciona bien» ante estas propuestas. Y además detenerse a contemplar una instantánea antes de ver al médico «tiene el efecto favorable de despistar por momentos del motivo por el que vienen al hospital: así no tienen el estrés de pensar permanentemente en que están enfermos o en lo que les duele», reflexiona el gerente.
Seguro que tampoco esperarían ver una colección en un estudio de decoración. Pero es que Miguel Ángel Pardo Diseño Interior (www.miguelangelpardo.es) quiere apartarse de lo estándar. En su establecimiento de Galerías Goya prepara sus trabajos de interiorismo, vende artículos y, además, enseña las ilustraciones de Señor Salme. «Nos beneficiamos ambos. Ayer mismo vino un cliente para que le hiciera un proyecto de decoración del salón y el dormitorio y le gustaron tanto las láminas que quiso que las incluyera», argumenta Pardo. Es la primera exposición en su local -recién inaugurado- y ya ha vendido ocho obras, «¡incluso se han pedido dimensiones especiales!», cuenta con satisfacción.
¿Y cuántos firmarían sin pensar que sus creaciones fueran vistas por unas 45.000 personas al día? Es el número de transeúntes que atraviesan el hall del centro comercial Vialia, en la estación de tren María Zambrano, que cada cierto tiempo se transforma en un recinto expositivo «muy solicitado» por asociaciones, ONG y creadores. «Queremos ser un tambor de resonancia de la ciudad y somos conscientes de que tenemos un espacio que pueden aprovechar los jóvenes artistas y las organizaciones», explica José Antonio Vera, gerente del centro. Los cuadros, fotografías o paneles se reparten por la planta baja y la alta, provocando «un efecto sorpresa» entre quien acude de compras o a coger un tren. «Es una alternativa más que ofrecemos al cliente», añade Vera.
Los recintos seleccionan a aquellos que pueden disponer de sus instalaciones, pero también los artistas eligen. «Busco que tengan un público al que le pueda gustar mi arte», declara JMorillo. Y lo ha encontrado en Momo (www.momobc.com), un restaurante, centro de negocios y centro deportivo en el que el viernes inauguró su tercera exposición individual, 'El oráculo'. Desde allí, en un entorno «vanguardista que encaja a la perfección» con sus cuadros, puede acercarse a ese perfil de cliente interesado en su pintura abstracta de gran formato (1,20x90). Algo que no logra en las galerías convencionales. «No hay muchas y las que existen tienen bastante tiempo de espera y no apuestan por la pintura más vanguardista. Tenemos que optar por alternativas», declara.
Pero no todas son ventajas. También hay contrapartidas. Fuera de las salas de exposiciones, galerías y museos, la obra «deja de ser la protagonista». «Al compartir el espacio con los platos y la comida en un restaurante, por ejemplo, no recibe la misma atención», puntualiza la pintora Pilar Lasierra. Además añade un dato: el cuadro pierde valor. Aunque tasados entre 2.500 y 6.000 euros, cuando acude a recintos ajenos al arte reduce el precio a entre 1.500 y 3.800 euros. «Se perjudica en parte a la obra, pero un cuadro no tiene sentido para mí si lo guardo en un cajón», sentencia Lasierra, que hasta el 23 de marzo estará en la clínica Coimar, «en la milla de oro marbellí». Ya sabe, la próxima vez que entre en un local escrute sus paredes y observe cada esquina. Puede que descubra algo interesante.
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