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CATALINA URBANEJA ORTIZ
Domingo, 11 de julio 2010, 03:46
Soportar los rigores estivales junto a la orilla de un río y bajo una acogedora sombra, ha sido una costumbre ancestral que ha ido dejando paso a otra, más reciente y mayoritaria, como es el baño en el mar y la consiguiente tertulia con los amigos al amparo de la sombrilla. Ninguna mejor que la otra, pues son otras tendencias. Y ya que estamos en verano, se me ocurre recuperar desde esta página algunos agrestes parajes de esta ciudad -que los tiene-. Una propuesta que puede servir de guía a quien desee disfrutar de sus encantos y adentrarse en plena naturaleza.
Una de las particularidades del distrito de Marbella radica en la riqueza de sus acuíferos, que propician una variada vegetación y dota al paisaje de un magnífico verdor. Cada uno de ellos es, por sí mismo, digno de tener en cuenta a la hora de organizar una breve excursión aprovechando el ocio vacacional.
Históricamente los ríos suponían la vía más rápida que comunicaba el litoral con el interior. Si como dijo Manrique «nuestra vida son los ríos que van a dar en la mar», en ocasiones éstos ejercen una acción inversa: desde el mar, y curso arriba, penetran ideas, conspiraciones, piratas, bandoleros e incluso tránsfugas. La historia está repleta de fugas, asaltos y celadas que tuvieron por escenario los valles de la cuenca mediterránea.
Los del occidente malacitano presentan uniformidad con cursos no muy prolongados, de caudal constante, en cuencas independientes de trazado poco sinuoso. De oeste a este, los principales son Castor, Padrón, Guadalmansa, Guadalmina, Guadaiza, Verde y Ojén-Fuengirola. A éstos deben sumarse otros de menor entidad: Vaquero, Monterroso, Velerín, Benabolá y Real, amén de pequeñas ramblas como Guadalpín, Piedras, Nagüeles, Cruz, Chopo, arroyo Segundo, Caleros, Siete Revueltas, Real de Zaragoza, la Víbora y Cañas.
La cuenca más importante del sector oriental de Marbella es la del río Real, que tradicionalmente ha servido de enlace entre esta ciudad y Ojén. En su desembocadura se asentaron fenicios y acaso romanos que explotaron la riqueza de su 'hinterland'. Más tarde la población íbera, musulmana, mudéjar, castellana, morisca y otra vez castellana. Sin duda tratamos de una vía de comunicación muy utilizada por los diferentes pueblos y culturas.
Torreones y aljibes
Testigo del trasiego histórico, el castillo de cerro Torrón, en su orilla derecha, una fortaleza medieval que, pese al abandono a que ha sido -y es- sometida, ha mantenido su trazado, aunque cada vez más menguado. De ella aún quedan algunos torreones, aljibes y un área arqueológica que, de ser estudiada, podría arrojar luz sobre el pasado medieval de Marbella.
El Real nace de la confluencia de los arroyos Almazán y Tejar, en el término de Ojén, y recoge las aportaciones hídricas de otros arroyos menores. En época musulmana llamaban río de Torrox a su curso medio-bajo, «hazia los molinos desta çibdad» que se alzan en sus orillas desde antiguo, propiciando otro topónimo: el arroyo de los Molinos del Real.
La alquería de Montenegral, en su curso alto-medio, sobre «una loma que dicen la sierra de Montenegral», se despobló pocos años antes de la conquista. Parte de sus tierras de labor fueron divididas entre Ojén y Marbella, en tanto que otras pasaron a formar la diezmería, esa zona compartida por dos municipios de la que se detraía el diezmo eclesiástico. Llegaba hasta el término de Málaga, en un paraje de sierras ásperas, «valdíos del pasto común y de mucho aprovechamiento», utilizados para el pastoreo.
El núcleo habitado se rodeaba de huertas, viñas, higuerales, almendros y olivos. Formaba parte de la mancha boscosa de coníferas que, partiendo hacia el interior y otras veces paralela a la línea de costa, se adentraba por el valle del Real hasta alcanzar el término municipal de Monda. Del secano, el cultivo más extendido era el viñedo, siendo la pasa la ocupación mayoritaria de la población.
Tanto el río Torrox como el Almanza, luego llamado Almazán, servían de abrevadero a los ganados de Ojén y Marbella y, en algunos tramos había enriaderos para el lino que cultivaban los vecinos de Ojén. La transformación de esta fibra originó continuos litigios con Marbella debido a que el lino, como el esparto, necesitaba cocerse en agua durante unos veinte días, lo que provocaba una fuerte contaminación que llegó a ocasionar la muerte por envenenamiento de muchos animales.
La nueva nomenclatura del río Torrox está vinculada a la conquista de Marbella, pues en su ensenada se asentó el real del ejército cristiano hasta que la ciudad fue tomada. En 1526 el marbellí Pedro de Aranda justifica este apelativo: «en nuestra lengua le llaman el río del Real porque allí estuvo el católico rey don Fernando quando esta çibdad se ganó de los moros». A partir de aquí, la antigua denominación quedó limitada al castillo del cerro Torrón.
Merece la pena adentrarse en el valle de este río y visitar los molinos harineros que aún permanecen en pie, con sus cubos, albercas y atarjeas, estoicamente alzadas desafiando al tiempo y a la indiferencia ante unas construcciones que son verdaderos alardes de ingeniería hidráulica y centros de una actividad ya en desuso. El PGOU ha incluido la protección del único que permanece en término de Marbella y confiemos que el de Ojén haga lo mismo con los suyos. Sería interesante ofrecer al turista nuevas perspectivas de ocio y propiciarles la visita a unos medios de transformación que formaron parte de un pueblo que supo combinar a la perfección el binomio mar y campo.
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