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Guido, Sander y Eric han tenido suerte. Su vuelo para regresar a Países Bajos estaba programado para este domingo, por lo que su estancia en Málaga no se ha visto excesivamente comprometida por la pandemia de coronavirus. «Llegamos el jueves y han sido unos días raros, pero podrían haber sido mucho peores». Han intentado salir de fiesta lo justo, y han hecho «más turismo» del que tenían previsto, para «evitar multitudes». Son solo unos pocos fe los muchos turistas que se han visto afectados de una u otra manera por el progresivo cierre de la ciudad hasta llegar al confinamiento total decretado desde anoche.
Los tres neerlandeses se despiden de la ciudad a primera hora de este domingo. Arrastran sus maletas, como otros tantos, y esperan a un Uber que les lleve al aeropuerto. Mientras tanto, comentan: «No nos van a hacer ningún test, prueba o análisis cuando lleguemos a casa, solo nos han dicho desde la embajada que, guardemos cuarentena y más si tenemos síntomas, que de momento no es el caso». No obstante, sí reconocen estar algo preocupados. «Lo único que me da miedo es contagiar a los míos cuando llegue a mi país», indica Guido. «Nos han dicho que los que peor lo pueden pasar son los abuelos», añade el resto.
Ayer, la comparecencia de Pedro Sánchez a las nueve de la noche en la que dio los detalles del decreto de Estado de Alarma, les pilló en «el único sitio en el que había bares abiertos», que tras su búsqueda fue Muelle Uno.
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Jarek es de Apolonia y lleva dos semanas en Málaga, asistiendo a un curso de español para extranjeros. También tenía previsto regresar este domingo a su país, pero la pandemia le ha obligado a cambiar su ruta. El plan inicial era volar desde Málaga hasta Alemania y de allí a Polonia, pero este segundo vuelo se ha suspendido. «He tenido que modificar la ruta entera, de 14 horas de viaje me he puesto en 24». Cuando Jarek consiga pisar suelo polaco tendrá que hacerse un chequeo médico en la frontera. Además, como su mujer pertenece al grupo de riesgo, tendrá que pasar dos semanas de aislamiento en una casa que tiene un familiar en el campo. Trabaja en el Museo Nacional y, «por suerte», en la empresa no le han puesto problemas para ampliar su periodo de descanso. «Formó parte del equipo de producción audiovisual, y ahora mismo está el museo vacío, no hay nada que producir».
Jarek asegura que su estancia en el curso para extranjeros ha sido «más o menos normal». «Hemos intentado no pensar en esta situación, aunque hemos modificado el programa para evitar ir a fiestas y aglomeraciones». Como él y los viajeros neerlandeses, cientos de turistas se han marchado de la ciudad, que empieza a prepararse para el aislamiento.
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