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Ya eran el eslabón más desprotegido de la maquinaria turística cuando los hoteles estaban llenos y el número de viajeros aumentaba cada verano. Pero ahora ... que la pandemia ha puesto en jaque al principal motor económico de la Costa del Sol, las limpiadoras de estos establecimientos, conocidas como 'Kellys', abreviatura de «las que limpian», denuncian que la histórica precariedad que arrastran, aliviada estos últimos años por sus reivindicaciones, se ha agravado hasta niveles insostenibles. «No podemos más», reconoce Mari Trini Jiménez, presidenta de la asociación Kellys Unión Málaga: «No tenemos tiempo para hacer bien nuestro trabajo, como nos gustaría». Aunque su labor resulta esencial para cumplir con los nuevos protocolos de higiene por la pandemia, el colectivo asegura que, lejos de disminuir su carga habitual de trabajo, las limpiadoras que siguen en activo están asumiendo más habitaciones de las que pueden y el proceso de desinfección añadido por el coronavirus.
Muchas de estas trabajadoras han sido incluidas en los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) de sus hoteles, golpeados por el desplome del turismo. La ocupación en plena temporada alta ni siquiera alcanza el cincuenta por ciento, un escenario dramático que ha derivado en la petición de un plan de rescate. Las limpiadoras que mantienen su empleo solicitan ahora mayor atención a su formación «porque muchas compañeras no saben bajarse la aplicación» y recuerdan que su labor es imprescindible para garantizar el cumplimiento de las nuevas normativas de higiene y seguridad, además de criticar que algunos hoteles les estén obligando a firmar un documento que las responsabiliza de la desinfección de las habitaciones: «Nos obligan a firmar que hemos cumplido con los protocolos. Si alguien se contagia, ¿es culpa nuestra? Deberíamos tener menos habitaciones para que podamos asegurarnos de que todo se hace bien».
A la limpieza habitual de las habitaciones le sigue un proceso de desinfección de todas las superficies, con especial atención a manillas, grifos, duchas, puertas y otros elementos de contacto. Aunque llevan guantes, los productos desinfectantes ya han causado algunas lesiones: «El líquido gotea y muchas veces nos cae en los brazos y provoca ronchas y heridas». Las 'Kellys' cuyo empleo sigue congelado en expedientes que podrían prolongarse al menos hasta finales de año, en caso de que el Gobierno central atienda la petición del sector de ampliarlos más allá de septiembre, cuando expiran inicialmente, denuncian también retrasos en el cobro de estas prestaciones públicas. Se trata de un problema general que está afectando a todos los trabajadores acogidos a estos expedientes, pero el colectivo recuerda que los históricos bajos sueldos que han cobrado complican la posibilidad de ahorrar, por lo que la tardanza coloca a algunas compañeras al borde de la exclusión social. También las de mayor edad temen que esta situación provoque que se jubilen con menos cantidad de la que les correspondería: «Y eso es muy injusto después de 30 y hasta 40 años trabajados».
A medio plazo, en un horizonte repleto de incertidumbre, las 'Kellys' vaticinan que se perderán los derechos conquistados «con mucho esfuerzo y después de muchos años» y expresan su preocupación ante la posible subcontratación del servicio de limpieza por parte de la mayoría de hoteles, fórmula que las deja «completamente desamparadas». En 2018 llevaron al límite la negociación del convenio sectorial para acabar precisamente con las malas prácticas de aquellos empresarios que externalizaban estas labores para ahorrar costes de personal, una treta que generaba una precariedad que ahora temen que se recrudezca.
Más de 4.000 mujeres ejercen este oficio leonino en Málaga, donde limpian una media de entre veinte y treinta habitaciones cada día. Las pocas trabajadoras que no han sido incluidas en los ERTE aseguran estar «desbordadas». Acompañan su desayuno con antiinflamatorios y casi todas padecen lesiones derivadas de la exigencia física de su trabajo, dolencias que sin embargo no están reconocidas como enfermedades laborales: «Tenemos que hacer las camas, las supletorias, mover mobiliario, montar el carrito, agacharnos para limpiar las bañeras y los platos de ducha... Estamos molidas».
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