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Víctor Heredia
Martes, 18 de julio 2023, 00:23
La Segunda Guerra Mundial es el mayor conflicto armado de la Historia y, sin duda, el que más interés sigue despertando. Se prolongó durante casi seis años y se cobró la vida de millones de personas. A pesar de la no beligerancia invocada por el gobierno español, decenas de soldados aliados, especialmente británicos, acabaron sus días en enfrentamientos o accidentes ocurridos en las proximidades del litoral del país y sus restos descansan en territorio español.
La Commonwealth War Graves Commission, organismo que se encarga del cuidado de las tumbas militares del antiguo Imperio Británico, reconoce la existencia en España de diecisiete cementerios con los restos de 85 soldados y oficiales muertos durante la Segunda Guerra Mundial. El que guarda mayor número es el Cementerio Británico de Bilbao, con 49, ya que allí se reunieron restos desde diferentes lugares. Le siguen los de Ceuta (10), Melilla (9), Mataró (5), Británicos de Málaga (4), Madrid (3) y Huelva (2) y, ya con un enterramiento, los de Algeciras, Montjuich, Zahara de los Atunes, Figueras, Cervera, Palma, Peña (Navarra), Mazo (isla de La Palma), Británico de Sevilla y católico de Huelva. En este último camposanto está William Martin, el hombre que nunca existió, ya que fue una falsa identidad creada para convertir un cadáver en una herramienta al servicio del espionaje aliado para engañar a los alemanes sobre los planes para desembarcar en Europa. El verdadero nombre de la persona cuyos restos reposan en la necrópolis onubense es Glyndwr Michael, un vagabundo galés que murió meses antes sin que nadie reclamara su cuerpo. Fue el protagonista involuntario de la Operación Mincemeat.
El Cementerio Inglés de Málaga acoge en uno de sus patios un rectángulo cubierto con piedrecitas blancas. En su interior se alzan cuatro lápidas reglamentarias que nos indican que se trata de tumbas militares británicas, según el modelo que fue establecido al final de la Primera Guerra Mundial. Estos enterramientos corresponden a tres aviadores y un marino muertos durante en el conflicto de 1939-1945. El primero en llegar hasta aquí fue John MacGregor Maughan Patterson, oficial de vuelo de la Royal Australian Air Force, cuyo aparato, un Vickers Wellington, se estrelló en el mar en la medianoche del 9 de enero de 1942 en las cercanías de Punta Europa, después de haber hecho escala en Gibraltar cuando realizaba un vuelo desde la base de Portreath (Cornualles) hasta Malta. De los seis tripulantes solo hubo un superviviente y fueron rescatados dos cadáveres, el del observador, recuperado por un buque inglés y devuelto al mar según el ceremonial de rigor, y el de Patterson, que tenía entonces 25 años de edad, y que, sin que sepamos cómo, terminó en la necrópolis malagueña, donde fue depositado el 12 de abril de ese año.
En las décadas siguientes al fin de la guerra se fueron incorporando al registro del viejo cementerio nombres de personas con una extensa hoja de servicios al Imperio británico. Como Grace Effingham Laughton Bell. Grace y su hermana Vera Laughton, hijas de la gaditana María Josefa Alberti Arrigunaga, fueron de las primeras oficiales del Women's Royal Naval Service. Grace alcanzó el grado de superintendente y recibió el título de comandante de la Orden del Imperio Británico. Sydney James Knowles, entre otros servicios en la Royal Navy, formó parte del grupo de combate subacuático destinado en Gibraltar para evitar las acciones de sabotaje desarrolladas por hombres rana italianos. El espía Desmond Bristow, criado en Huelva, se ocupó de controlar en el Campo de Gibraltar los movimientos de los saboteadores italianos gracias a una densa red de informadores. Luego trabajó en los servicios de contraespionaje y sospechó de su amigo Kim Philby antes de que éste se pasase al lado soviético. Ambos habían reclutado al español Juan Pujol, Garbo, el agente doble más famoso de la guerra.
Las otras tumbas datan de abril de 1946, cuando los cuerpos de tres hombres que habían sido recuperados del mar y enterrados en el cementerio municipal de Marbella fueron trasladados a Málaga. Se trataba de dos aviadores con rango de sargento de la Reserva de Voluntarios de la Royal Air Force: Francis William Calladine, muerto a la edad de 22 años el 31 de diciembre de 1942 cuando su avión cayó al mar a unas 19 millas al oeste de Gibraltar; y Albert Arthur Ross, de 35 años, que perdió la vida al estrellarse en aguas del Estrecho su avión de reconocimiento con base en Gibraltar el 3 de junio de 1943. El tercero, el comandante Wallace Douglas Stranack, de 45 años y veterano de la Primera Guerra Mundial, falleció a bordo del crucero ligero HMS Manchester por las heridas sufridas al ser alcanzado su buque por un torpedo lanzado por un avión italiano el 23 de julio de 1941 mientras escoltaba un convoy que se dirigía desde Gibraltar a Malta. El buque, a pesar de los daños sufridos, consiguió regresar a Gibraltar, y seguramente el cadáver de Stranack cayó al agua. En ese ataque hubo otros 25 muertos o desaparecidos de la tripulación y doce víctimas mortales de las tropas embarcadas.
Todos los años, en el mes de noviembre, tiene lugar la ceremonia del recuerdo en honor de los caídos, con un oficio religioso en la capilla y un acto junto a las tumbas de guerra. Cuatro tumbas, cada una con un epitafio diferente, que nos cuentan una parte de la historia del mundo desde un rincón del Cementerio Inglés. Una buena excusa para visitarlo, y más en estas fechas con el programa de actividades culturales que se están celebrando dentro de la iniciativa 'Las Noches del Inglés'.
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