

Secciones
Servicios
Destacamos
Ana Pérez-Bryan
Lunes, 16 de agosto 2021, 00:55
Pasó a la historia local como una de las mayores benefactoras de los más desfavorecidos y, por eso, también como una de las mujeres más ... queridas y apreciadas entre todas las clases sociales. De origen burgués, su amplio legado quedó inmortalizado en el Colegio San Juan de Dios, en el Asilo de San Manuel o en el Hospital para heridos de la Guerra de África. Pero si hay algo que realmente llama la atención en la biografía de Trinidad Grund (Sevilla 1821-Málaga 1896) fue su destino plagado de desgracias personales: casada con Manuel Heredia Livermore (primogénito del industrial Manuel Agustín Heredia), su primera gran pérdida llegó en 1852, a los cuatro años del enlace, cuando su esposo murió de un disparo -muchas crónicas apuntan al suicidio- en una cacería en Motril. Embarazada de su tercer hijo, a los cuatro meses de enviudar perdió al mayor de ellos, Manolito, durante una operación de garganta; y unos años después, el naufragio del vapor Miño, donde doña Trinidad había embarcado con el resto de su familia destino a Sevilla, le arrebató a las dos hijas que le quedaban.
Hasta ahí, su historia más conocida.
Pero Trinidad Grund y Cerero de Campos esconde mucho más que la biografía de una mujer llamada a vivir en la mayor de las comodidades pero a quien la tragedia marcó hasta el punto de vivir volcada por el resto de sus días en las causas sociales. De hecho, existen pasajes en su vida que la convierten, además, en una empresaria con una visión tal que podría decirse de ella que fue la primera impulsora de los paquetes turísticos de 'todo incluido' de la historia de Málaga. Aunque esa condición haya quedado en segundo plano por sus obras benéficas y sus desgracias personales, también merece ser rescatada.
El epicentro de la 'segunda vida' de doña Trinidad después de perder a parte de su familia está en Carratraca, donde disfrutaba de largas estancias a lo largo del año, quizás para reponerse del torbellino emocional que representaban los recuerdos en la capital. Aquel remanso de paz lo encontró en el balneario de Carratraca, que en la segunda mitad del siglo XIX se convirtió en una referencia en la provincia y más allá por sus aguas sulfurosas y mineromedicinales, beneficiosas para tratar ciertas dolencias. El espacio se convirtió rápidamente en el punto de encuentro de la burguesía: aristócratas, toreros, artistas y escritores se daban cita en la comarca del Guadalteba con el balneario como excusa y, en el caso de la clase malagueña más acomodada, atraídos por la influencia y el aprecio a doña Trinidad, a la que consideraban una de ellos. «Darse baños estaba muy bien, pero a los dos días se aburrían y se necesitaba más ocio», recuerda la historiadora Mar Rubio, gerente de la empresa cultural Cultopía, a la hora de dibujar el protagonismo que tuvo Grund en la dinamización de la zona y, sobre todo, en el impulso de actividades más atractivas para los ilustres huéspedes.
Esa visión empresarial no tardó en cristalizar en un paquete de 'todo incluido' donde se sumaban no sólo la estancia y los tratamientos en el balneario; también excursiones a la vecina cueva de Ardales, descubierta unas décadas antes (1821) cuando un terremoto movió los sedimentos y dejó libre la actual entrada a la gruta. El impulso que dio Trinidad Grund a la cueva fue tal que aún hoy se la conoce como 'La cueva de doña Trinidad'; también porque ella la adquirió y la acondicionó para la visita de los conocidos que llegaban a Carratraca para disfrutar del balneario.
Para ponerla en marcha como oferta turística, Grund construyó una gran escalinata para facilitar el acceso desde la entrada hasta un nivel más profundo y la convirtió en el complemento perfecto a las excursiones matutinas. Así lo explica también el arqueólogo Pedro Cantalejo, director de la red de patrimonio del Guadalteba, que reivindica su carácter único porque la gruta fue «la primera en toda España en ser explotada como atracción turística».
En esencia, ese paquete de 'todo incluido', que permitía estancias en la villa y el Balneario y excursiones a la cueva de Ardales, costaba 4 reales (una peseta). Esa oferta daba derecho al desplazamiento a la gruta en caballo o en burro y entrada con guía, que durante más de dos horas explicaba a los visitantes las características de aquel hallazgo reciente cuyo origen se remontaba, en realidad, a miles de años atrás: no en vano, las pinturas rupestres de este espacio acumulan 66.000 años de historia y están catalogadas entre las más antiguas del mundo. Al final de aquel recorrido turístico, el guía permitía además a los visitantes letrados estampar su nombre y la fecha en una de las columnas de la llamada galería de los laberintos, quizás una aberración para las teorías conservacionistas actuales pero que ha arrojado datos valiosos sobre las excursiones a la cueva en el siglo XIX.
Pero no todo era prehistoria y baños medicinales. Doña Trinidad también contemplaba la diversión en la propia gruta y en la villa de Carratraca: de hecho, en la cueva llegaron a celebrarse espectáculos flamencos para la aristocracia, y dos veces al año -por San Juan y en Fin de Año- se organizaban fiestas durante el día. En el pueblo, por su parte, eran habituales las sesiones nocturnas con casino o tablao flamenco, y una vez a la semana se programaban corridas de toros.
La huella de Trinidad Grund en Carratraca no se limitó a ese legado turístico, que languideció con su muerte en 1896. También queda esa huella esplendorosa en el palacio neomudéjar que mandó construir en el municipio para que ella y sus sobrinos pudieran alojarse durante sus largas estancias en la zona. El edificio, que se conserva en la actualidad, es hoy la sede del Ayuntamiento, aunque sus paredes esconden el recuerdo de las reuniones sociales y al más alto nivel que doña Trinidad organizaba en sus estancias. También de su bolsillo sufragó la construcción de una ermita a las afueras de Carratraca, un proyecto que le valió el título de Hija Predilecta de la localidad pero que de nuevo fue pasto del infortunio, ya que un rayo la destruyó el día antes de su inauguración. Sea como fuere, este lugar de la comarca del Guadalteba sigue considerando a doña Trinidad una de las suyas y presume con orgullo de haber sido, en pleno siglo XIX, el municipio pionero en el 'todo incluido'.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Descubre la fruta con melatonina que te ayudará a dormir mejor
El Diario Vasco
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.