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Viñeta aparecida en la prensa madrileña sobre el suceso de Málaga Biblioteca Nacional de España
Crónica negra: treinta minutos de terror en la ribera del Guadalmedina
A la sombra de la historia

Crónica negra: treinta minutos de terror en la ribera del Guadalmedina

En septiembre de 1902, un guardia civil fue pegando tiros a toda persona que se cruzaba en su camino en Málaga

víctor heredia

Domingo, 21 de agosto 2022, 00:32

Eran aproximadamente las diez y media de la noche del sábado 13 de septiembre de 1902. Antonio Calvente Guerrero era un guardia civil que en esos días estaba destinado en el puesto del Agujero, prestando servicio de vigilancia durante la estancia del político Francisco Silvela en la Hacienda de la Concepción. La suegra de Silvela, Amalia Heredia, fallecería el 16 de octubre y él accedería a la presidencia del Consejo de Ministros en diciembre. Volviendo al guardia Calvente, esa noche se había desplazado al cuartel del pasillo de Natera para mudarse de ropa y cobrar su sueldo. Era natural de Pujerra, tenía 29 años y estaba soltero. En el cuerpo era tenido como un hombre sencillo y de conducta intachable.

Por causas desconocidas, salió armado del dormitorio con un fusil Mauser y se dirigió a la puerta del cuartel, realizando un disparo contra el cabo que estaba de guardia y otros agentes que estaban charlando con él. No hirió a nadie, pero aprovechando la confusión se fue hacia el exterior, iniciando una locura homicida que llevó el terror a los aledaños del río Guadalmedina durante unos minutos que fueron interminables.

Calvente tomó la dirección del puente de la Aurora, siguiendo la Ribera del Guadalmedina. María Corredor Fernández, de 49 años, estaba en la puerta de su casa tomando el fresco en esa noche de final de verano. El guardia le disparó y cayó fulminada.

En un balcón estaban María Pérez Abolafio, de 65 años, y su hijo Juan Bautista Pérez, de 21 años. María fue alcanzada por un proyectil que le destrozó la mano derecha, mientras que su hijo sufrió un par de rasguños. Algunos guardias que salieron detrás de Calvente le dieron el alto, pero éste respondió con fuego y continuó su huida amparado en la pobre iluminación de aquel sector.

Fue pegando tiros a toda persona que se cruzaba en su camino. Antonio Valle Padilla, de 50 años, estaba jugando al dominó con su hijo Luis Valle Alcolado, de 20 años, en la esquina de la calle Mármoles. Salió afuera al oír los disparos y fue tiroteado en el abdomen. Falleció poco después en la casa de socorro. La misma bala rozó a su hijo Luis en el muslo derecho.

A Francisco Ramírez Amores dos tiros le provocaron heridas leves en un pie y en una mano. María Salcedo Torres fue atravesada por otro balazo y murió en el hospital dos días después.

Calvente siguió por los pasillos de Guimbarda y de Santo Domingo. María Rodríguez Barrionuevo, de 60 años, recibió otro disparo. Fue conducida al Hospital Civil, donde expiró al día siguiente.

El soldado de Sanidad Militar Francisco Delgado Fernández acudió a auxiliar a una de las mujeres heridas cuando fue alcanzado por un proyectil que le atravesó el pecho. Falleció poco después. El joven Juan Moreno Ramírez, de 21 años, fue alcanzado en el muslo izquierdo. Murió durante la madrugada.

En la esquina de la calle Agustín Parejo el agente disparó al tipógrafo Jaime Zambrana, sin alcanzarle. Su tía Concepción Zambrana Álvarez, de 60 años recibió un balazo que resultó mortal. Cerca de la calle Cerrojo Gaspar Ruiz Torres, de 65 años, también fue tiroteado y quedó en gravísimo estado. Murió en el hospital.

Titular de La Unión Mercantil del 14 de septiembre Fundación Unicaja

El tirador recorrió el Pasillo de Santo Domingo, donde se cruzó con un hombre cojo que tuvo la idea de tirarse al suelo haciéndose el muerto, consiguiendo de esta manera salvar su vida. Calvente buscó refugio debajo del Puente de Tetuán y se parapetó en el paredón del río. A la luz de la luna fue avistado y sus perseguidores dispararon contra él hasta que cayó muerto. Alcanzado por varias balas, una que le entró por el cuello y le destrozó la mandíbula fue mortal de necesidad.

Había disparado 35 veces. La gente huía en todas direcciones y las puertas se cerraban creyendo que se estaba produciendo un motín. El balance de aquella «carrera de la muerte» fue de nueve personas fallecidas (incluyendo al propio Calvente) y cuatro heridas.

La expectación que despertó el suceso fue tal que el domingo 'La Unión Mercantil' imprimió, además de su tirada habitual, otra de 25.000 ejemplares que estaban vendidos a las diez de la mañana.

En los días siguientes circularon numerosos rumores sobre el suceso y las causas de la locura de Calvente. Se dijo que el estado de enajenación del guardia pudo estar provocado por una broma que le hicieron aquella noche cuando estaba tomando un refresco con otros compañeros y paisanos en un ventorrillo. El verdadero motivo se lo llevó a la tumba. Todo ocurrió en treinta minutos.

El cuartel de Natera

En 1878 la fuerza de la Guardia Civil en la ciudad se hallaba acuartelada en la casa de la calle Císter nº. 1, es decir, el Palacio Zea Salvatierra. Poco después la Comandancia se instaló en un recinto más espacioso en la antigua casa de recreo de la Huerta de Natera, en el barrio de la Trinidad y dando al pasillo de ese nombre, actual Avenida de Fátima. En varios inmuebles comunicados entre sí se alojaban siete compañías de infantería y un escuadrón de caballería.Cuando el número Antonio Calvente inició su mortal recorrido desde este cuartel se hallaba al frente de la Comandancia el teniente coronel Emilio Mola López, un oficial natural de Barcelona que había estado destinado anteriormente en Cuba y en Gerona. En 1900 fue destinado a Málaga, donde fue jefe de la guarnición durante varios años. Su hijo, Emilio Mola Vidal, había terminado el bachillerato un par de meses antes y se estaba preparando para el ingreso en la Academia de Infantería cuando ocurrió el suceso de Calvente.

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