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Es uno de los nombres más reconocibles en el callejero de la ciudad, y por su importancia estratégica en el mapa local como una vía perpendicular a calle Córdoba y paralela a la Avenida Manuel Agustín Heredia, quizás muchos se pregunten quién fue esa dama y cuál fue su aportación a la ciudad para que su nombre quedara vinculado para siempre a ella. Pero la primera curiosidad sobre la duquesa de Parcent es que ese título no fue exclusivo de una sola mujer, sino de dos: ambas compartieron cuna (nacieron en Málaga), pasión por las artes y la cultura y marido. Josefa Ugarte-Barrientos y Cassaux (Málaga, 1854- 1891) y Trinidad von Scholtz Hermensdorff (Málaga, 1867- Viena, 1937) cruzaron sus destinos en la historia -y el callejero- al contraer matrimonio de manera sucesiva con don Fernando de la Cerda y Carvajal, duque de Parcent y conde de Contamina, natural de Madrid y ayuda de Cámara de la reina Isabel II.
La segunda curiosidad aparece perdida en un buen puñado de documentos históricos pero sirve para aclarar una confusión sobre el título que tanto Josefa como Trinidad ostentaron al casarse con el aristócrata: según la genealogía de Fernando de la Cerda, éste fue noveno conde de Parcent y primer duque de Parcent desde el 25 de marzo de 1914. Este impulso en la escala de nobleza hizo que al casarse con Josefa sólo fuera conde (y por lo tanto, ella condesa) y que sin embargo al unirse a Trinidad ya lo hiciera como duque, compartiendo el título con su esposa. De hecho, el ascenso a ducado le fue concedido una vez viudo de su primera mujer y unos meses antes de desposar a la segunda.
Más allá de los detalles nobiliarios que sirven para enmarcar la importancia de los protagonistas de esta historia a tres bandas, las duquesas de Parcent dejaron un importante legado en la ciudad, aunque también es cierto que la segunda brilló más que la primera. Y no por falta de méritos de una sobre la otra. No en vano, Josefa Ugarte-Barrientos y Cassaux, más conocida como Pepita Barrientos -de hecho, tiene una segunda calle con ese nombre en el Polígono de la Azucarera- fue una de las voces femeninas más destacadas de la segunda mitad del siglo XIX a pesar de que los giros de la posteridad han debilitado su legado. La primera condesa de Parcent dejó una apreciable producción literaria y periodística, y fue una referencia indiscutible en los círculos culturales de la época. Esa importancia se aprecia en detalles como que su obra dramática en cinco actos, titulada 'El Cautivo', sirvió para inaugurar oficialmente el Teatro Cervantes de Málaga y constituyó un verdadero acontecimiento cultural y social «por las simpatías con las que contaba su distinguida autora», que por aquella época tenía sólo 16 años. Su extraordinaria precocidad y talento para las tablas ya había quedado demostrada un año antes, en 1870, con el estreno del drama 'Margarita'.
Además de su pasión por las letras, Pepita Barrientos fue una gran aficionada al arte, hasta el punto de atesorar una fabulosa colección de pinturas (sobre todo de temática religiosa) y esculturas. En uno de sus escritos, el abogado y escritor Narciso Díaz de Escovar recordaba que «varias veces visitó la corte y los más eminentes poetas se disputaron el honor de oír sus versos y el placer de estrechar su mano. El presidente de la Academia Española, señor conde Cheste, dio una velada en su honor. También las poesías de la señorita Barrientos fueron leídas en el Ateneo por su misma autora».
La autora contrajo matrimonio con el aún conde de Parcent, «grande de España de primera clase» en el año 1887, y tuvieron un hijo. A él le dedicó Barrientos su último soneto antes de que una enfermedad fulminante acabara con su vida, en 1891. Murió en su casa, ubicada en la esquina entre calle Granada y calle Moratín, lugar donde fue colocada una lápida en homenaje a su memoria que aún puede contemplarse; y está enterrada en la capilla familiar de la Iglesia de La Victoria. El hijo de la pareja también fallecería de manera prematura en 1908.
Tras el fallecimiento de la autora y el hijo de ambos, el ya duque de Parcent contrajo segundas nupcias en 1914 con Trinidad von Scholtz Hermensdorff, que también una década antes había perdido a su primer marido. La segunda duquesa de Parcent sabía lo que era la vida acomodada y casi aristocrática, de hecho era miembro de una importante familia malagueña, los Scholtz, famosos comerciantes que formaron parte de la llamada «oligarquía de la Alameda» a lo largo del siglo XIX junto con otras sagas imprescindibles como los Larios, los Heredia o los Loring, que ocuparon las residencias más fabulosas de la Alameda Principal antes de la inauguración de calle Larios.
El primer marido de Trinidad fue Manuel Adrián Nicolás Yturbe Villar, perteneciente a una acaudalada familia mexicana de origen vasco, y con su marido representó al gobierno de México en varias plazas extranjeras y en Madrid. Educada en los mejores colegios de Centroeuropa, hablaba correctamente cuatro idiomas y su formación le abrió las puertas de la corte, convirtiéndose en dama de la Reina Victoria Eugenia y dama noble de la Orden de María Luisa. Además, fue una de las primeras mujeres en ocupar un escaño en el Congreso: aquel hito tuvo lugar durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el 11 de octubre de 1927, cuando el general la designó para formar parte de la Asamblea Nacional.
De su matrimonio con Manuel Yturbe nació una hija, Piedad, II marquesa de Belvís de las Navas, que se casó con el príncipe Max-Egon de Hohenloe-Langenburg y que llegó a escribir una biografía bajo el título 'Mi madre' que se conserva en el Archivo Municipal de Málaga. Como curiosidad, Piedad y el príncipe austrohúngaro tuvieron seis hijos; el mayor, el inolvidable Alfonso de Hohenloe-Langenburg, el impulsor de Marbella como destino de lujo en toda Europa, conocido de la jet-set de la Costa del Sol y fundador del hotel Marbella Club.
Esos lazos afectivos entre la duquesa de Parcent y el príncipe Alfonso (abuela y nieto) tienen en Ronda uno de sus escenarios más destacados, ya que ambos estuvieron muy ligados a la localidad. Trinidad pasó largas temporadas en la cuna del Tajo cuando era niña y llegó a adquirir como residencia la conocida como 'Casa del Rey Moro' o 'Palacio del Rey Moro', que transformó y amplió tras adquirir las casas de alrededores para convertirlas en jardines; mientras que el príncipe Alfonso heredó el gusto de la abuela por Ronda e impulsó allí negocios vinculados al vino.
Además, la pasión de la duquesa de Parcent por el arte y la cultura se materializó con la puesta en marcha, a semejanza de otros grandes centros de conservación europeos, de la Sociedad Española de Amigos del Arte, que alumbró con el pintor, también malagueño, Moreno Carbonero o el escritor y filólogo Menéndez Pelayo. Las exposiciones de la sociedad tuvieron tal éxito que sirvieron para desarrollar la producción nacional de cerámica (Talavera o Fajalauza), muebles, rejería o abanicos. También de los tejidos, hasta el punto de que una exposición impulsada en 1925 desde el seno de la sociedad sobre trajes históricos y regionales se considera el germen del actual Museo del Traje de Madrid. Trinidad von Scholtz Hermensdorff murió en Viena en 1937 y de su segundo matrimonio con el duque de Parcent no nacieron hijos.
Sea como fuere, las biografías de ambas mujeres han quedado para siempre ligadas a la historia pero también al callejero, que en su edición de 1939, firmada por Francisco Bejarano, ya denomina a esta calle como 'Condesa de Parcent' pero que en los años 60 fue rotulada nuevamente bajo el nombre de 'Duquesa de Parcent'. Condesas o duquesas, Pepita y Trinidad dejaron una profunda huella e hicieron grande el título que hoy luce esta vía de sello aristocrático.
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María Díaz y Álex Sánchez
Almudena Santos y Leticia Aróstegui
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