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Pepe Jiménez Trujillo me puso este invierno sobre la pista, en una exposición que celebraba los 175 años de nuestro instituto: «Fíjate en los asistentes ... al primer claustro en 1937 y compáralos con los de antes de la guerra». En efecto, al claustro del 15 de julio de 1937 solo asistieron nueve profesores del instituto.
En la primavera de 1936 la vida académica en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Málaga, hoy Gaona, transcurría con aparente normalidad. Ese curso estudiaban unos quinientos alumnos y el claustro apenas superaba la veintena de profesores. Repasando las nóminas, solo he encontrado el nombre de una mujer: María Laura Luque Garrido, profesora de latín. Los alumnos fueron de excursión a Sevilla, Nerja, el Torcal o el Chorro. Los artísticos azulejos del Quijote que embellecen la primera planta del edificio fueron comprados por 2.055 pesetas el 4 de julio, apenas dos semanas antes de que estallara la Guerra Civil, según demuestra la factura encontrada recientemente por Víctor Heredia. En 1936 el profesor que más cobraba percibía un sueldo anual de doce mil pesetas. Se llamaba Feliciano González Ruiz y era catedrático de Filosofía. Era un buenazo y nunca había suspendido a nadie. Una vez se vio obligado a hacerlo con un mal estudiante, díscolo e irascible, y se pasó dos días llorando. Así lo recordaba su compañero, el catedrático de Física y Química, García Rodeja.
En el penúltimo claustro antes de la guerra, celebrado el 22 de abril de 1936, solo se trataron temas estrictamente académicos, como el de la celebración del Día del Libro o de la visita que realizó un grupo de alumnos al diario La Unión Mercantil. Igual ocurrió en el claustro del 9 de mayo, en el que se fijaron los tribunales para los exámenes de junio. Sin embargo, la división política entre el profesorado era evidente. Por un lado estaban el director, José María Martínez Jiménez, perteneciente al partido Radical Socialista o Pedro Armasa Briales, del partido Radical de Lerroux. Por otro, los más conservadores, como Luis Muñoz-Cobo, Eduardo García Rodeja o Alfonso Pogonoski.
De esa veintena de profesores que formaban el claustro, tres de ellos fueron asesinados en los terribles días de la Guerra Civil:
Julio Fernández Ramudo era catedrático de matemáticas e ingresó en el instituto en 1915. Uno de sus alumnos recordaba su austera y seria figura. Fue teniente de alcalde y presidente de la Adoración Nocturna. Fue detenido el 17 de septiembre por carabineros y guardias de asalto al mando de Pedro Sans Redondo. Se ignora el lugar del asesinato. Tenía cincuenta años. En los presupuestos de nóminas de septiembre de 1936 consta como «desaparecido», en flagrante eufemismo.
Rafael Chacoris Asensio era profesor de ciencias. Se casó con Blanca Sandoval, sobrina del marqués de Sandoval. Quizá ese fuera su delito: pertenecer a la nobleza. Fue detenido por tres guardias civiles, dos milicianos y un betunero del Círculo Mercantil quien, por su oficio, conocería bien a los señoritos de Málaga. Fue asesinado el 26 de agosto, a los cuarenta y tres años.
Vicente Davó de Casas enseñaba como profesor ayudante. Había sido director del colegio de los Santos Arcángeles. Dirigía el Diario de Málaga, del que había sido fundador. En 1934 fue nombrado presidente de la Asociación Provincial de Prensa de Málaga. Fue asesinado el 22 de agosto en las tapias del cementerio de San Rafael, junto a otros malagueños ilustres como Luis Altolaguirre o Antonio Baena, en una saca realizada como represalia por el bombardeo el día anterior de los depósitos de la CAMPSA por la aviación nacional. Su edad: cuarenta y ocho años.
Durante el curso 1936-1937 no hubo clases en el instituto. El edificio fue ocupado por el Comité Depurador del Frente Popular. Profesores como Muñoz-Cobo, García Rodeja o Pogoniski fueron apartados de sus puestos y sus nombres ni siquiera aparecen en los libros de nóminas. Durante aquellos meses actuó como director interino Félix González Rodríguez, hasta que a primeros de abril de 1937 ocupó el cargo García Rodeja.
El primer claustro se celebró el 15 de julio de 1937, en plena canícula, lo que demuestra lo excepcional de la situación. En primer lugar, se recordó a los tres compañeros «vilmente asesinados por las hordas marxistas (...) y por las patrullas de asesinos que durante meses se adueñaron de Málaga». En la reunión también se decidió restaurar una imagen del Sagrado Corazón; se solicitó al Gobierno Civil que el «Centro de Recuperación de los efectos robados por las turbas rojas» desalojase el edificio del instituto antes de septiembre, para que las clases pudieran iniciarse con la mayor normalidad; y se pidió la anulación de los exámenes irregulares celebrados en diciembre del 36 y enero del 37.
De los cuatro docentes más destacados que enseñaban en 1936 (Rodeja, Pogonoski, Muñoz-Cobo y Armasa Briales), el Instituto de Málaga también perdió a dos de ellos. Luis Muñoz-Cobo, catedrático de Historia Natural, había sido director entre 1918 y 1931. Sus alumnos recuerdan su ironía y fino sentido del humor. Cada mañana llegaba desde su casa en la calle Larios en automóvil, conducido por un chófer perfectamente uniformado. Y es que el director del instituto era toda una autoridad en Málaga. Tras la guerra, pidió traslado al Instituto San Isidro de Madrid. Pedro Armasa Briales compaginó el trabajo de abogado con el de profesor de Francés. Fue diputado y subsecretario de Instrucción Pública. En el Congreso destacó como orador y por su talante conciliador. El 18 de julio de 1936 fue linchado en las puertas de la Aduana por elementos izquierdistas que no le perdonaban su moderantismo. Su casa fue saqueada. Pedro Armasa huyó disfrazado de obrero hacia Lisboa. Vivió en Niza y ayudó a muchos judíos a huir de la Francia de Vichy. Fue detenido por la Gestapo en 1944. En los últimos años de su vida ejerció como abogado en París, Málaga y Tánger.
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