El pintor mexicano Diego Rivera con su esposa Frida Kahlo en San Francisco, en una fotografía de archivo del New York Times
Del presidente breve al pintor muralista: Zachary Taylor y Diego Rivera
Albas y ocasos ·
Tal día como hoy nacía Zachary Taylor, duodécimo presidente de los Estados Unidos de América con el apodo «Old, Rough and Ready» (Viejo, Rudo y Dispuesto), y moría Diego Rivera, pintor muralista mexicano cuya memoria se mantiene en el Museo Casa Estudio que comparte ectoplásmicamente con Frida Kahlo.
maría teresa lezcano
Martes, 26 de noviembre 2019, 00:41
Tal día como hoy nacía Zachary Taylor, duodécimo presidente de los Estados Unidos de América con el apodo «Old, Rough and Ready» (Viejo, Rudo y Dispuesto), y moría Diego Rivera, pintor muralista mexicano cuya memoria se mantiene en el Museo Casa Estudio que comparte ectoplásmicamente con Frida Kahlo.
Zachary Taylor (Del 24-11-1784 al 9-07-1850)
Veinticuatro de noviembre de 1784, Barbousville, Virginia. Nace Zachary Taylor, quien antes de convertirse en el duodécimo presidente de los Estados Unidos de América con el apodo de «Old, Rough and Ready» (Viejo, Rudo y Dispuesto), había destacado por su trayectoria militar: ora me entusiasmo en la segunda guerra contra los británicos; ora me enfurezco en el lago Okechobee porque los seminolas, que no son unas golosinas medio blandas sino una tribu india que se resiste a entrar en razón cediendo amablemente sus tierras rojas al hombre blanco; ora participo en la anexión de Texas, que se había empeñado en ser una república independiente; ora regreso a casa como héroe nacional tras haberles birlado a los mexicanos California. Arizona, Nuevo México, Nevada, Colorado y hasta Utah para llenarlo de mormones... Ya despacho-ovalmente presidenciado, a Taylor se le vino encima una dinámica de tensiones y enfrentamientos a cuenta de la esclavitud que culminaría una década más tarde con la Guerra de Secesión, aunque de tal conflicto ya no pudo participar Taylor, ni activamente en calidad de General ni políticamente como mandamás de la Casa Blanca, ya que dieciséis meses exactos tras su nombramiento Zachary desfalleció súbitamente. Habida cuenta que era un cuatro de julio, fiesta grande donde las haya por aquellos estados, al principio todo el mundo atribuyó el malestar del presidente a un empacho de pollo frito, aunque transcurrieron las horas y Mister President no sólo no se recuperaba sino que iba menguando a gastroenteritis limpia, o tal vez no tan limpia pero eficaz a más no poder ya que cinco días más tarde amanecieron los Estados Unidos despresidentados por probable brote de cólera, no habiéndole dado al jefe de América un patatús por cabreo extremo en sustantivo femenino sino un ramalazo de la masculina enfermedad infecto contagiosa cuya bacteria vibro cholerae te succiona a diarreas secretorias. Surgieron asimismo algunos rumores acerca de un posible envenenamiento por arsénico sin compasión, aunque esta teoría conspiratoria sería refutada en 1991 con la exhumación del tayloriano cadáver y el correspondiente análisis de ADN que, descartando todo rastro de veneno, sólo dejaba como causa probable del deceso la consabida gastroenteritis. Lo que no quedó claro es si su origen estuvo en una bacteria encolerada o en un festivo atracón cuatrodejuliesco. Whatever.
Diego Rivera (Del 8-12-1886 al 24-11-1957)
Ciento setenta y tres años después del nacimiento virginiano de Zachary Taylor, moría en Ciudad de México Diego Rivera, pintor muralista cuya memoria se mantiene en el Museo Casa Estudio que comparte ectoplásmicamente con Frida Kahlo. Originario de Guanajuato, Diego Martín de la Concepción Juan Nepomucemo Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez sobrevivió al aluvión nominativo y al raquitismo infantil y hasta a los deseos castrenses de su padre, los cuales contravino asistiendo a clases nocturnas de pintura en la Academia de San Carlos y marchándose acto seguido a España para ingresar en el taller de Eduardo Chicharro, uno de los retratistas más destacados de la época. De Madrid no se fue Rivera al cielo sino a París, que en cierto modo era el equivalente celeste para cualquier pintor de su generación y bajo cuya bóveda tuvo sus primeros contactos profesionales con artistas de Montparnasse y un reiterado contacto carnal con la pintora rusa Angelina Beloff. A todos los abandonó Rivera, incluyendo a una hija de Beloff que nunca reconoció como suya, para trasladarse a Italia a ver qué se cocía por el arte renacentista y regresar después a México donde, mientras su obra pictórica se iba convirtiendo en un factor de considerable influencia para el movimiento muralista mexicano, se casaba con Guadalupe Marín y se afiliaba al Partido Comunista de México. El segundo lo expulsaría años más tarde por incompatibilidad de pareceres y a la primera la expulsó él de su vida para unir sus cuarenta y dos años, su metro ochenta y seis y sus ciento treinta y seis kilos a los veintidós años, el metro sesenta y los cuarenta y cuatro kilos de Frida Kahlo, iniciando una relación tan adictiva como destructiva en la cual Kahlo correspondía a las reiteradas infidelidades disparadas a bocajarro por su marido intermitente con ráfagas cornúpetas de vuelta, incluyendo la que tuvo como cómplice amatorio a Leon Trotsky, que aprovechando que se hallaba políticamente exilado en México agasajó a su anfitriona en la celebérrima Casa Azul de Coyoacan con numerosas pequeñas muertes, que es como denominan los franceses el orgasmo, todas ellas anticipatorias del propio asesinato de Trotsky dos años después y de la muerte de Kahlo diecisiete años más tarde. Diego Rivera le sobreviviría tres años y aún le quedó tiempo, además de muralizar pictóricamente el Teatro de los Insurgentes, para volver a casarse con su marchante de arte y editora, la cual llegó tarde pero a tiempo para impedir que la voluntad del pintor de que sus cenizas fuesen mezcladas con las de Frida Kahlo en la Casa Azul se viera ignorada a favor de un entierro en la mexicana Rotonda de las Personas Ilustres. Y es que dónde se ponga una rotonda...
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