Pepe Negrete en el interior de su tienda museo
A la sombra de la historia

Pepe Negrete: semblanza de un librero heterodoxo

Domingo, 14 de agosto 2022, 00:32

Frente bifronte porque vale por dos; gafas de cristal grueso que reducen sus ojos inquietos; voz cascada propensa al humor ácido; sonrisa limpia; pequeño, veloz ... como su lengua; mano fría, fina, de doncella melancólica. Romántico. Autodidacta. Cuando hablaba, se le notaban las mayúsculas. Un hombre bueno. Un personaje que tenía por alma una enorme zona de penumbra. Así nos describe Antonio Soler en su última novela, 'Sacramento', al que fue maestro de libreros y su librería, refugio de letraheridos y faro cultural de la calle Granada.

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José Negrete Montiel nació el 26 de marzo de 1924 en el número dos de la calle Segura, en el barrio del Perchel. Tuvo tres hermanos: Francisco, Manuel y Bienvenida. Su padre era trabajador del muelle y bregó para sacar adelante a una familia de cuatro hijos, mujer y suegra. Pepe Negrete fue al colegio hasta los doce años. Siempre recordaba con cariño su escuela, en la plaza de San Pedro, y a su maestro, Antonio Beltrán. Ya desde pequeño comenzó su afición por la lectura y su madre no paraba de regañarle: «Que te vas a quedar ciego de tanto leer, que para qué quieres tantos libros». Muchos los introducía en casa de contrabando debajo de la ropa.

Con doce años, Negrete empezará un rosario de trabajos. Había que contribuir económicamente en casa: ayudante de un procurador en la calle Cister; recadero de la farmacia de Juan Olalla en Méndez Núñez; empleado en los almacenes de frutos secos de Francisco Abril, en Casas de Campos. También trabajó de cajero durante trece años en los laboratorios de Fernando Barceló y otros tres en las oficinas de Espejo Hermanos. En todos sus empleos Pepe Negrete dio muestras de una acrisolada honradez.

En uno de estos últimos trabajos conoció a la que sería su mujer. María de Zayas (curiosamente tenía el mismo nombre de la primera novelista de la literatura española) era hija del sacristán de la iglesia de Santiago. Su hermano Rafael había encontrado, achicando agua en la cripta, los restos del padre del libertador San Martín. Los casó el polémico párroco Hipólito Lucena en 1953 y se fueron a vivir a una casa del siglo XVIII, frente a la iglesia.

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En la puerta de su librería, el Día del Libro de 1986.

Pepe Negrete era un enamorado del teatro e incluso se planteó ser actor. Sí que ejerció de apuntador ocasional en el Teatro Cervantes y en las funciones benéficas que organizaba el padre Hipólito en los salones parroquiales de la iglesia de la Merced.

Sus primeros libros los compró a plazos en Ibérica y de ocasión en la librería de Antonio Mateos. Empezó alquilando sus propios libros por una módica cantidad. 1958 es la fecha que podemos considerar fundacional de su mítica librería. Se estableció en el portalillo de su casa y allí vendía tebeos y novelas de Salgari y Verne. Librero artesano, su librería brillaba con luz propia en el descampado cultural de la Málaga de los años sesenta y setenta del siglo pasado. La librería de Pepe Negrete carecía de mostrador. Atendía a sus clientes desde su mesa camilla, atrincherado tras sus gafas de cristal grueso, miope de catorce dioptrías. Su casa cumplía una triple función: librería, hogar y museo. Milagrosamente, todo cabía allí, sabedor de que lo importante no es la cantidad sino la calidad.

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Como decía Manuel Alcántara, Negrete tenía algo de anarquista y de hermano lego. Los libros, más que venderlos, los apacentaba. Repetía el malhadado eslogan de la Málaga de las cien tabernas y una sola librería. La cantidad de tabernas iba aumentando o disminuyendo según el humor del día. Reunió en un texto imprescindible sus diez consejos para ser un buen librero. Poeta, erudito, amante de la música y del teatro. Enamorado de Málaga, compró una casa en los Montes de Málaga a la que llamó Pastoral. Allí pensaba retirarse cuando se jubilase para ordenar sus libros, releer y disfrutar de su querida María.

En 1986 recibió un homenaje de la Sociedad Económica de Amigos del País. Cuando apenas le quedaban un par de años para alcanzar su dorado retiro, la muerte le sorprendió. Era el 15 de octubre de 1987, festividad de Santa Teresa. Sufrió un infarto cuando se disponía a asistir al velatorio de un familiar. Sus amigos le dedicaron un libro, lo que demuestra lo admirado y apreciado que era. Sorprende que, en una Málaga que aspira a ser ciudad cultural, aún no se le haya dedicado una calle ni una simple placa para perpetuar su memoria. Así lo evocaba Alcántara:

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Libreros como él es lo que andan buscando, no solo los lectores, sino los libros (…). Autodidacta, apuntador de sí mismo, que nunca se cansó de amar ni de leer.

Pepe Negrete y su museo histórico de Málaga

Su librería era también archivo, pinacoteca y centón de tesoros. En una labor de chamarilero, fue reuniendo fragmentos de la Málaga que tanto amaba, que llegaban a él como restos de un naufragio. A su muerte, María de Zayas quiso regalarlo al Ayuntamiento, donación que este rechazó. Las sesenta cajas recibieron una acogida entusiasta en el Instituto Huelín. Hagamos un sucinto inventario de su contenido:

- La llave de la casa donde nació Salvador Rueda.

- Un trozo de mástil de la fragata Gneisenau.

- El timbre del primer tranvía malagueño.

- Colección única de periódicos malagueños, entre ellos algunos inencontrables como los diarios satíricos El Zurriagazo o La Traca.

- Surtido de abanicos del siglo XIX.

- Originales de Salvador Rueda o de González Anaya.

- Libro de firmas del desaparecido Club Taurino Malagueño.

- Fotografías inéditas del Café de Chinitas.

- Tralla de esparto que los jabegotes se cruzaban en bandolera para tirar del copo.

Como contaba un profesor del instituto: «Cuando abríamos, sorprendidos, las cajas no perdíamos la esperanza de encontrar, envuelta en viejos periódicos, la torre que falta de la Catedral de Málaga».

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