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El puerto. Vista de La Coracha y del Castillo de Gibralfaro a principios del siglo XX. Archivo CTI-UMA
Nieve en La Coracha: La historia de amor de Matilde Cabello y Ernesto Bark
A la sombra de la historia

Nieve en La Coracha: La historia de amor de Matilde Cabello y Ernesto Bark

El desaparecido barrio fue testigo del inicio de la romántica historia de amor de una chica malagueña y de un joven pelirrojo venido desde las lejanas tierras del Báltico

Víctor heredia

Viernes, 22 de julio 2022, 00:05

El desaparecido barrio de La Coracha fue testigo del inicio de la romántica historia de amor de una chica malagueña y de un joven pelirrojo venido desde las lejanas tierras del Báltico. Hace años Juan Manuel González Martel nos puso sobre la pista de este encuentro que uno de sus protagonistas, Ernst (o Ernesto) Bark, relató en una novela autobiográfica, 'Los vencidos', que publicó en Alicante en 1891 y que ha sido estudiada por la profesora Dolores Thion.

La otra parte de esta historia se llamaba Matilde Cabello García. Era hija de Francisco Cabello García y de Francisca García Serrano y tenía dos hermanos más pequeños, José y Francisco. Su familia poseía un negocio de quincallería y lampistería en la calle Carretería y gozaba de una posición acomodada que le permitía contar con un par de criadas y con algunos dependientes para llevar el almacén. Los Cabello García también poseían una casa en La Coracha, con vistas al tráfico de barcos que entraban y salían del puerto.

En junio de 1882 llegó a Málaga un publicista revolucionario natural de Livonia (territorio que por entonces pertenecía al Imperio Ruso) que tenía 24 años: Ernst Bark. Había nacido en Käva, en la actual Estonia, en el seno de una familia de la pequeña aristocracia rusa de habla alemana. Su carácter rebelde le llevó a implicarse en la lucha antizarista y a desarrollar un fuerte compromiso político en torno a ideales democráticos y reformistas. Sin embargo, durante toda su vida le acompañó la etiqueta de anarquista ruso.

Bark era un propagandista cosmopolita que se definía como un intelectual comprometido, un «proletario de levita». Con Alejandro Sawa representa el «prototipo de bohemio revolucionario finisecular: un creador de su propia leyenda y un personaje de su misma existencia, soñador y generoso», en palabras de Thion. Ambos protagonistas de la bohemia madrileña de entresiglosquedaron inmortalizados por Valle-Inclán en su obra teatral 'Luces de Bohemia' bajo los nombres de Max Estrella (Sawa) y Basilio Soulinake (Bark).

Ernesto llegó a Málaga de camino hacia Granada. «Era el 6 de junio de 1882; el sol se escondía tras las montañas que ciñen el valle de Málaga hacia el Oeste, y una brisa fresca invitaba a las mujeres hermosas escondidas en la sombra de las habitaciones cerradas, a abrir los balcones en que cual mariposas después de una lluvia, se presentaron con sus vestidos claros ante las miradas de sus admiradores».

El joven extranjero empezó a subir la cuesta hasta el Castillo de Gibralfaro, despertando la curiosidad de unas jóvenes que le seguían desde una de las azoteas de La Coracha. Una de ellas «le impresionó extrañamente. ¿Era su belleza árabe la que le encantaba? ¿O le cautivaba la alegría de su risa?». Animado por el encuentro, al descender del Castillo dejó un papelito en una de las ventanas de la casa con este mensaje: «Estrella de Andalucía, ¡te adoro! ¿Cuándo puedo verte?». A partir de entonces se sucedieron los encuentros en la ventanilla de la casa frente al mar.

La incipiente relación tuvo que enfrentarse a varios obstáculos: la rivalidad amorosa de un dependiente de don Francisco, que aspiraba a hacerse con la hija y con el negocio utilizando malas artes; la separación impuesta por la actividad propagandista del joven extranjero, que le llevaría en los años siguientes por Suiza, Rusia, Alemania, Austria e Italia; la ruina del padre provocada por un incendio intencionado y la aparición de un usurero como nuevo pretendiente de Matilde.

En los momentos de desesperación de Bark «aparecía ante su mirada la angelical figura de su prometida saludándole con el pañuelo desde la azotea de la casita rosa del Castillo; y Málaga, la bella, con su esplendor meridional, sus flores y sus huertas, sus mujeres y su ardiente sol, parecía llamarle. El hijo del Norte sentía la nostalgia de las playas del Mediterráneo y Andalucía le parecía su verdadera patria».

Tras más de dos años de noviazgo epistolar y vencidas todas las dificultades, la familia se reunió en la casa de La Coracha la misma noche del terremoto de la Navidad de 1884. Bark se convirtió al catolicismo y finalmente la pareja contrajo matrimonio en la iglesia del Sagrario el 15 de enero de 1885. Al amanecer del día siguiente los recién casados vieron a través de la ventana cómo la ciudad se había teñido de blanco. Ese mismo día llegaba el rey Alfonso XII y una ola de frío polar cubrió de nieve Málaga como no se veía en años. Como un saludo de las lejanas tierras del Báltico.

Esquela. De Matilde Cabello y de dos de sus hijos. Archivo ABC

Matilde y Ernesto en Madrid

El matrimonio fijó su residencia en Madrid, donde criaron a sus seis hijos. Él se ganaba la vida como publicista, traductor y profesor de idiomas, ya que dominaba varias lenguas. Pedro Vallina recordaba la curiosa imagen que ofrecían Matilde y Ernesto:

«Él era alto, delgado, con bigote rojizo y pelo del mismo color encrespado y ojos azules de felino; ella era baja, algo gruesa, graciosa de aspecto. Cuando salían los dos a pasear cogidos del brazo, se extrañaba la gente del contraste de la pareja».

Bark murió el 24 de octubre de 1922 a la edad de 64 años. La prensa le dedicó notas necrológicas como ésta: «Fue un buen amigo de España y un gran corazón, además de un políglota notable y un escritor distinguido». Matilde, de la que no hemos localizado ninguna foto, lo acompañó hasta el final en sus aventuras y desventuras en la corte madrileña. Vio cómo fueron muriendo sus cuatro hijos varones y sobrevivió treinta años a su marido. Falleció el 22 de noviembre de 1952.

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