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Álvaro Muñoz
La matraca invisible de la Catedral de Málaga

La matraca invisible de la Catedral de Málaga

Se encuentra posada en el suelo, sobre una estructura que permite su giro. Mide en torno a metro y medio de diámetro y consta de 16 mazos

antonio márquez

Miércoles, 15 de mayo 2019, 18:24

«- La Catedral hay que terminarla; - No me des la matraca». Esta segunda expresión es catedralicia como pocas. Su origen viene ligado a los antiguos oficios de Semana Santa, cuando en señal de luto se sustituía el sonido de las campanas por la estridencia de la matraca. Pocos saben que este artilugio sigue ubicado en la torre Norte de la Catedral de la Encarnación, la de Málaga. La matraca fue restaurada y electrificada en junio de 2006, bien podría recuperarse su sonido como han hecho en Las Palmas en 2013 y en Toledo en 2016. Como aquí no podemos reproducir el sonido le invitamos a que visiten «San Google» que todo lo tiene.

Si escribo de la matraca, mención merecen los que me la mostraron: Francisco García Mota y Fernando Ramos, deán de la Catedral y director de la Escuela Taller Molina Lario (sin «s», por favor). La sensibilidad de ambos por esta pieza etnográfica hace posible hablar de la matraca en presente; en Málaga, este detalle podría haber terminado en un júa. ¡Vaya!, acabo de dar una idea.

Sigo con la matraca. ¿En qué parte de la torre se encuentra? Justo en el nivel superior al reloj, donde asoma el carrillón. ¿El carrillón? Después lo cuento; primero, lo primero. La matraca desde la calle es invisible. Se encuentra posada en el suelo, sobre una estructura que permite su giro. Mide en torno a metro y medio de diámetro y consta de 16 mazos. «Es una magnífica pieza circular, con martillos metálicos y cajas de resonancia», según describe la Asociación Cultural Campaneros de la Catedral de Valencia (L'associació cultural Campaners de la Catedral de València), colectivo granado de estudiosos y amantes de todo lo referente a las campanas y matracas que suenan por España.

La Real Academia la define en su primera acepción como «rueda de tablas fijas en forma de aspa, entre las que cuelgan mazos que al girar ella producen ruido grande y desapacible. Se usa en algunos conventos para convocar a maitines, y en Semana Santa en lugar de campanas». Procede de mitraqah y matráqa, palabras árabes para designar a martillo. En el caso de Málaga, si alguien insiste en cualquier cuestión, decimos que martillea y podemos multiplicar por 16 veces el efecto de su intensidad demoledora cuando da la matraca.

La costumbre llegó hasta las iglesias de América, donde destaca en la actualidad la monumental matraca de la Catedral de Morelia (México). De casi tres metros de altura y ubicada en el campanario necesita dos matraqueros para comenzar a emitir su estruendo. ¿Esto podría denominarse dar la matraca de gran categoría? Posiblemente. Las matracas comenzaron a perder su época de esplendor en las iglesias católicas con la llegada del Concilio Vaticano II y sus respectivas modificaciones litúrgicas. El silencio se apoderó del Triduo Sacro que se celebra del Jueves al Sábado Santo.

Las cofradías malagueñas no se han visto atraídas por recuperar la tradición de hacer sonar la matraca. Por el contrario, en León, la Cofradía del Desenclavo ha recuperado durante la Semana Santa el sonar de la matraca y el Oficio de las Tinieblas, tenebrario incluido; esta misma corporación también procesiona unas matracas de mano por las calles ante el Cristo de las Injurias. En Zaragoza la Cofradía del Santísimo Ecce Homo y Nuestra Señora de las Angustias acompaña su procesionar con el sonido de decenas de matracas de mano, que al unísono reproducen la misma melodía, generando una inquietante atmosfera.

Álvaro Muñoz

Por lo tanto, se vive en el siglo XXI el resurgir de tradiciones ligadas a la piedad popular y al más puro folclore del pueblo. Cercanos a estos instrumentos se encuentran las carracas, que constan de rueda dentada y una o más lengüetas; el efecto buscado es el mismo, aunque pueden encontrarse en otro tipo de festividades y no solo en Semana Santa.

Evidentemente, la artesanía y el coleccionismo también tienen cabida en el mundo de las matracas y las carracas. Sobresale la de Francisco Marcos, que consta de más de 500 piezas, originales y reproducciones, donde figura la oriunda de Carratraca.

Concluyo. En la provincia de Málaga se conserva testimonio oral de la existencia de las matracas en Sedella. Una matraca de mano en el Museo de la Iglesia de Santiago de Casarabonela, compuesta de aldabas o argollas que golpean al ser agitadas una caja de resonancia triangular. Similares a la de la localidad morisca, son las del municipio de El Burgo que el Viernes Santo del año 2016 volvieron a sonar en las proximidades de la iglesia, recuperando un instrumento original e incorporando otro de nueva hechura. Sirvan estos casos como ejemplos de la provincia malacitana y de aquí al 9 de abril de 2020 seguro da tiempo para hacer sonar alguna más, incluso la catedralicia.

Dejo pendiente el Carrillón de la Catedral, espacio no hay para tanto; perdón pido por dar tanto la matraca.

Álvaro Muñoz

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