Esta noticia se la debo a Carlos Pérez San Emeterio, quizá el malagueño que más sepa sobre la historia de la aviación en España. Si ... no me creen, lean su ameno y documentado libro 'A estas alturas', en el que repasa la historia de los aviones comerciales españoles, relatando muchas anécdotas e historias desconocidas para el gran público.
Publicidad
Sabido es el respeto que les tenía Franco a los aviones. Sus compañeros (y contrincantes en la lucha por la Jefatura del Estado) Sanjurjo y Mola fallecieron en accidente de aviación. El primero, al parecer, por el peso excesivo del equipaje –añadido a la gran corpulencia del general–, que provocó que la humilde avioneta no pudiera despegar y se incendiase. Y Mola cuando su avión se estrelló entre la niebla contra una colina en la localidad burgalesa de Alcocero. Para colmo, su hermano Ramón Franco murió en otro accidente cuando la avioneta en la que había salido a bombardear la zona republicana cayó sobre el mar. Por todo esto, es lógico el miedo de Franco a volar. Ya en los últimos años de su vida, viajó en alguna ocasión por aire hasta Vigo, siempre en modernas aeronaves de Iberia, cuando iba a veranear al Pazo de Meirás.
El 6 de febrero de 1968, Franco tenía que inaugurar el aeropuerto de Almería. Y pensó que era una ocasión estupenda para conocer España desde el cielo. A las diez de la mañana despegó desde el aeropuerto de Barajas en un DC-8 de Iberia, bautizado como 'El Greco' y que era el más moderno aparato de la compañía. El avión fue escoltado en todo momento por cuatro cazas del Ejército del Aire, cada uno con dos misiles y un cañón con setecientos proyectiles. El DC-8 de Iberia lo pilotaba Luis Dávila Ponce de León, jefe de flota, y llevaba como copiloto a José Arango. Franco, que iba sentado en el transportín tras los pilotos, pidió una Fanta de limón a las obsequiosas azafatas. Sobrevolaron Toledo y, al pasar por Sevilla, el general le ordenó al piloto que diera un par de vueltas sobre la ciudad a baja altura.
Cuando llegaron a la altura de Rota, según relataba la prensa de la época, Franco se sentó en el puesto del copiloto para seguir con más detalle el vuelo. Lógicamente, los mandos del avión los llevaba el piloto Luis Dávila. En este momento, Arango salió a la cabina y comentó emocionado: «El Caudillo está identificando a simple vista todo el terreno que sobrevolamos». A continuación, el avión atravesó el Estrecho entre Ceuta y Tarifa y se dirigió hacia Málaga.
Publicidad
En todos los aeropuertos por donde pasaba el avión de Franco se cortaba el espacio aéreo. Ningún vuelo podía despegar o aterrizar. A las once de la mañana, el DC-8 'El Greco' sobrevoló Málaga con el Jefe del Estado como copiloto. Nadie en Málaga sospechaba, aquel 6 de febrero, que Franco iba al mando de ese avión que volaba tan bajo y tan despacio. Que el espacio aéreo estaba cerrado solo lo conocían en la torre de control y en el aeropuerto.
Atravesando la vertiente norte de Sierra Nevada y Guadix, Franco aterrizó en Almería a las doce menos cuarto. En esta ciudad el Caudillo entregó unas viviendas sociales e inauguró el nuevo aeropuerto. A las dos y media de la tarde volvió a despegar rumbo a Madrid. Pero el vuelo no se dirigió directamente a la capital de España, sino que recorrió toda la costa mediterránea, porque Franco quería conocer España a vista de pájaro. Tras almorzar en la cabina junto al ministro del Aire, el Generalísimo volvió a sentarse en el puesto de copiloto. Acababan de pasar sobre Palomares, donde dos años atrás había caído una bomba atómica. El general recordaría aquel baño de su joven ministro Fraga con su bañador Meyba.
Publicidad
De cuando en cuando, Franco le pedía al comandante que redujera la velocidad y la altura para ver mejor las localidades de la costa. De esa manera, a baja altura y a velocidad reducida, admiró San Javier, Alicante, Jávea, Valencia, Reus, Barcelona, toda la Costa Brava, hasta llegar a Gerona a las cuatro de la tarde. Al día siguiente, se publicó en la prensa una nota de agencia que explicaba el vuelo del Jefe del Estado. Según esta noticia, Franco siguió todo el viaje con mapas y planos, aunque no los necesitaba consultar: tal era el conocimiento de España y su orografía que tenía.
Tras recorrer la falda sur de los Pirineos, el avión se dirigió hacia Pamplona y Logroño. Finalmente 'El Greco' aterrizó, minutos después de la cinco de la tarde, en Barajas.
La esposa del Jefe del Estado había disfrutado de tres días en Málaga en los que inauguró una casa hogar, un patronato escolar, y el museo de la cofradía de la Expiración, todos en el Perchel. Ese 6 de febrero, tras un frugal desayuno, Carmen Polo salió a las nueve del Málaga Palacio para realizar unas compras, a las que era muy aficionada. A las diez ya estaba de vuelta en el hotel y allí fue despedida por las autoridades locales. Entonces, el coche de Carmen Polo partió, raudo, rumbo a Antequera.A las once de la mañana, exactamente a la misma hora en la que era recibida en el límite del término municipal por el alcalde de Antequera y otras personalidades, su marido sobrevolaba Málaga en un DC-8. En el Ayuntamiento fue obsequiada con una bandeja de plata, labrada por el artesano antequerano Pedro González. También visitó a la Patrona y la iglesia del Carmen. Tras ser agasajada en la casa de los señores Blázquez de Lora, condes de Colchado, Carmen Polo regresó por carretera a Madrid.
Suscríbete durante los 3 primeros meses por 1 €
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.