Víctor Heredia
Viernes, 2 de agosto 2024, 00:17
El malagueño Francisco Bergamín fue un político que, entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil, desarrolló una dilatada trayectoria como jurista y como ... diputado y senador, que alcanzó su punto álgido con el desempeño de hasta cuatro carteras ministeriales. Es menos conocido que, mientras Bergamín iba progresando en su carrera política en Madrid, era el propietario de la concesión de la traída de aguas desde los manantiales de Torremolinos a Málaga.
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Francisco Bergamín nació en Málaga en 1855, hijo de un comerciante veneciano del mismo nombre y de la malagueña María Dolores García. Su padre murió en la epidemia de cólera de ese año y su madre falleció cuando solo tenía cinco años. Sobre la infancia de Bergamín hay escasas y confusas noticias. Según su hijo, el poeta José Bergamín, cuando quedó huérfano fue enviado a un pueblo de la Serranía de Ronda donde se dedicó a cuidar ganado. Sea verdad o no, lo cierto es que regresó a Málaga, donde fue acogido por Fabio de la Rada, profesor del Instituto Provincial.
En 1874 se licenció en Derecho, obteniendo el doctorado poco después. Bergamín abrió despacho en Málaga en 1876 y cuatro años después consiguió la cátedra de Economía Política del Instituto. Pronto dio el salto a la política. Se afilió al partido conservador como seguidor de la corriente que lideraba el antequerano Francisco Romero Robledo. La relación entre ambos pudo venir a través de su matrimonio con la también antequerana Rosario Gutiérrez, con la que tuvo trece hijos.
Bergamín consiguió su primera acta de diputado en 1886 por el distrito de Campillos. Ocupó el escaño de manera ininterrumpida hasta 1914, cuando el rey Alfonso XIII lo nombró senador vitalicio. Entonces «heredó» la plaza su hijo Fabio. Poco después empezó a desempeñar cargos en la administración, en el Ministerio de Ultramar, siempre a la sombra de su jefe. Se construyó una gran villa en El Limonar (actual sede del Colegio de Aparejadores), aunque en 1895 trasladó su residencia de manera permanente a Madrid.
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Después de algunos años dedicado a sus negocios y al bufete, Eduardo Dato rescató a Bergamín para la primera línea política como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, cartera que ocupó entre 1913 y 1914. Dato lo recuperó de nuevo para el Ministerio de Gobernación en 1920. En 1922 fue dos veces ministro con Sánchez-Guerra, primero de Hacienda y luego de Estado, ocupando esta última cartera durante apenas tres días.
De sus mandatos ministeriales queda el legado en su ciudad natal del grupo escolar que lleva su nombre y la construcción de una fábrica que impuso a la Compañía de Tabacos, similar a la que quería hacer en Tarragona.
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Orador ampuloso y brillante jurista, como abogado gozó de un gran prestigio, cimentado en su participación en varios de los casos más sonoros de su época, como la defensa del general Sanjurjo en el juicio por el intento de sublevación de agosto de 1932.
Bergamín se integró en el apasionado grupo de leales a Romero Robledo, conocidos en la época de la Restauración como los 'húsares'. El carácter ambicioso de Bergamín y su proximidad al por entonces todopoderoso ministro de Gobernación se evidencia en una carta que dirigió en 1884 a Vicente Robledo, tío y mentor de Romero Robledo, con la petición de ser recomendado para la plaza de fiscal de la Audiencia de Málaga. Su fidelidad hacia el antequerano se puso de manifiesto cuando le acompañó a Berlín para ser operado de un tumor en 1893. Bergamín fue uno de los accionistas fundadores de la Sociedad Azucarera Antequerana, la gran iniciativa empresarial de Romero, y fue propietario durante varios años de la Colonia de Santa Ana. Antonio María de Luna y José Morales, que gestionaron el servicio de las aguas de Torremolinos, eran amigos personales de Bergamín desde la infancia. Un periódico escribía que el municipio no intervenía en la administración de las aguas por «el terror que pueda inspirarle a la corporación municipal el nombre de ese político modernista».
Coincidiendo con su entrada en la vida política, Francisco Bergamín se implicó en varios negocios. En 1883 se hizo con los derechos sobre la concesión de las obras de desviación del río Guadalmedina con el fin de evitar los daños provocados por sus repetidas inundaciones. Ante la falta de financiación municipal, en 1888 traspasó los derechos. Otra inversión de Bergamín que tuvo más largo recorrido fue su participación en la gestión del servicio de abastecimiento de agua a su ciudad natal.
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Aprovechando que la empresa anterior fue declarada en concurso de acreedores, Bergamín se hizo con la concesión en 1888 junto a un grupo de socios compuesto por Avelino España, Eduardo Palanca, Simón Castel y Severiano Arias. En 1891 los socios arrendaron la concesión a Antonio María de Luna Quartín y José Morales Cosso, quienes se encargarían a partir de entonces de la gestión efectiva del servicio entre las críticas del público y la pasividad del Ayuntamiento.
Las polémicas sobre las deficiencias en el abastecimiento de agua llegarían al Congreso y llevaron a la municipalización del servicio en 1913, decisión que fue ampliamente apoyada por la sociedad local, como se evidenció en la manifestación que recorrió las calles malagueñas en julio de ese año. Aun así, la firma del contrato definitivo y la resolución de este complejo asunto se demoró cinco años. Una lápida del Salón de Plenos de la Casona del Parque lo recuerda. En el Salón de los Espejos podemos ver el retrato de Bergamín, que falleció en Madrid el 12 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil y días después de la ocupación de su ciudad natal por las tropas de Franco.
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