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La competición. Salida de galgos el día de la inauguración, en 1965. A. M. M.
Carreras de galgos, así se vivieron en Málaga
A la sombra de la historia

Carreras de galgos, así se vivieron en Málaga

Se introdujeron en España a principios del siglo XX, procedentes de Gran Bretaña, donde contaban con una larga tradición

víctor heredia

Miércoles, 20 de julio 2022, 00:01

Es todavía habitual escuchar el nombre de Canódromo cuando alguien se refiere a la parte alta de Ciudad Jardín, donde hoy se encuentra el pabellón deportivo. Incluso se aplica al grupo de casas que está justo antes, a ambos lados de la avenida Jacinto Benavente. Lo curioso es que el Grupo del Canódromo fue levantado en 1956, casi una década antes que el propio recinto de carreras de galgos.

Este conjunto de 248 viviendas, promovido por el Ayuntamiento, se construyó acompañado de un nuevo equipamiento de carácter deportivo. A finales de los años cincuenta se habilitó un campo municipal de deportes que se convirtió en el escenario habitual de los concursos nacionales de hípica que se organizaban anualmente coincidiendo con las Fiestas de Invierno y que anteriormente se celebraban en los Baños del Carmen.

Las carreras de galgos se introdujeron en España a principios del siglo XX, procedentes de Gran Bretaña, donde contaban con una larga tradición. Se formaron varias sociedades dedicadas a promoverlas y en 1939 se constituyó la Federación Española de Galgos. En los años cincuenta y sesenta las carreras de perros se popularizaron de la mano de la realización de apuestas, a modo de versión modesta y más asequible que los hipódromos. Se construyeron canódromos por todo el país y surgió un cierto ambiente en torno a la crianza de los perros, sus propietarios, el espectáculo de las carreras y la pasión por las apuestas. Los primeros se hicieron en Madrid (1930), Valencia (1931), Barcelona (1932) y Palma (1932). En Barcelona llegó a haber hasta siete, cuatro de ellos funcionando al mismo tiempo.

La idea de que Málaga tuviera un canódromo se planteó oficialmente a principios de 1965, aunque ya se venía tratando desde tiempo atrás. En el mes de enero el alcalde, Rafael Betés, recibió a Juan Salvá Pla y Leodegario Mullor, representantes del grupo de empresarios catalanes interesados, que iban acompañados del teniente de alcalde José Gómez Téllez, hombre clave en las negociaciones. Unos días después el pleno municipal aprobó el proyecto para instalar un canódromo en el campo de la Hípica, en Ciudad Jardín, y se formó una comisión para estudiar los detalles del convenio de la concesión. La propuesta inicial contemplaba asimismo una escuela de equitación, una piscina y otros servicios complementarios. En marzo se firmó el convenio para la explotación del canódromo y se iniciaron los trámites para la construcción de las instalaciones. El proyecto, obra del arquitecto José Ortega Marín, incluía, además de la pista de carreras, un edificio de tres plantas para dependencias y servicios, entre ellos salones de uso social y un restaurante, con un mirador en la planta superior. La pista tenía 70 metros de largo en los tramos rectos y 100 metros en las curvas.

El canódromo de Ciudad Jardín. Una competición hípica en 1974. Archivo Municipal de Málaga

Los promotores (Juan Salvá Pla, Juan SalváBartrolí y Leodegario Mullor) ya explotaban otros dos canódromos en Barcelona y un tercero en Valencia, dos de ellos con el nombre Avenida, que también se aplicó al campo de carreras de Ciudad Jardín. La inauguración tuvo lugar el sábado 30 de octubre de 1965 con el acto de bendición a cargo del vicario de la diócesis, monseñor Carrillo Rubio, unas primeras carreras de exhibición y una cena de gala a la que asistieron las autoridades locales y provinciales. Al día siguiente se abrió al público y comenzaron las apuestas con unos 250 galgos.

Desde el primer momento se comentó que el nuevo canódromo reforzaba la oferta de ocio de la Costa del Sol. Durante unos años las carreras de galgos y las apuestas se convirtieron en parte de la rutina de la ciudad. El Canódromo ofrecía carreras todos los días por la tarde, y los domingos y festivos también en sesiones matinales. El restaurante era escenario habitual de eventos sociales y las instalaciones seguían sirviendo de sede a los concursos hípicos nacionales que cada mes de febrero se celebraban en la ciudad. Pero la afición a los galgos no arraigó, a lo largo de 1969 dejaron de realizarse carreras y en 1970 ya se hablaba del «antiguo» Canódromo Avenida.

A partir de los años setenta la afición a las carreras de galgos en España fue decayendo y los canódromos desaparecieron inexorablemente uno detrás de otro. El último en cerrar fue, en 2006, el Meridiana de Barcelona. El de Málaga tuvo una existencia efímera, pero el recuerdo de aquellas tardes de perros queda en las viviendas que existieron antes del Canódromo pero que fueron bautizadas por él. Una forma de permanencia.

De canódromo a pabellón deportivo

Después del fin de las carreras caninas las instalaciones del Canódromo continuaron siendo utilizadas para eventos deportivos y espectáculos diversos. El 24 de diciembre de 1974 se firmó el convenio entre el Ayuntamiento y la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, dependiente de la Secretaría General del Movimiento que con cargo de ministro ocupaba entonces el malagueño José Utrera Molina, para la construcción de un pabellón de deportes en el solar del desaparecido Canódromo. El proyecto fue redactado por los arquitectos Francisco Riesgo Paesa y Jacinto Pazos de Provens Cortijo.

El recinto estaba concebido inicialmente para 3.500 espectadores sentados o 6.000 de pie. Las obras avanzaron con rapidez durante el año 1975, pero la puesta en marcha de este importante equipamiento deportivo quedó empantanada en interminables trámites burocráticos y en la inestable política del momento. La celebración del primer Torneo Ciudad de Málaga de baloncesto, en septiembre de 1978, sirvió de inauguración oficiosa. Luego llegarían las hazañas del Caja de Ronda, el Mundobasket 86 y el triple de Ansley.

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