Vista de la avenida de Andalucía en 1975. Archivo Municipal de Málaga
A la sombra de la historia

Las calles perdidas del Perchel

Víctor Heredia

Domingo, 20 de agosto 2023, 00:07

En 1930 la población de Málaga superó los 180.000 habitantes, casi tres veces más que noventa años atrás. Durante mucho tiempo ese crecimiento demográfico ... apenas se tradujo en extensión de la superficie urbana y fue asumido a través del aumento de las alturas de los edificios y con la ocupación de los solares y huertas de los conventos desamortizados. A pesar de la extensión residencial hacia el este y hacia el norte (Ciudad Jardín), el resultado fue que en 1924 se hablaba de una densidad de 700 personas por hectárea en algunos barrios. Para entonces, el desarrollo del ensanche se planteaba como ineludible.

Publicidad

El primer documento de planificación urbana conocido es el anteproyecto de ensanche elaborado por el arquitecto Moreno Monroy hacia 1860. Entre sus propuestas estaba la construcción de una avenida que atravesaría El Perchel para prolongar la Alameda hacia el ensanche proyectado sobre los terrenos agrícolas de la Vega. Este plan de expansión se fue postergando, contando siempre con el obstáculo de tener que abrir en canal el viejo barrio perchelero. Este había crecido sobre el primitivo arrabal medieval de Attabanim y su estructura viaria se caracterizaba por calles estrechas y de trazados retorcidos entre el convento de Santo Domingo y la calle Mármoles, histórico límite con el barrio de la Trinidad. Al sur del monasterio dominico la disposición de las calles adoptaba un perfil diferente, ya que predominaba un trazado más regular, con calles paralelas y con una marcada orientación hacia el suroeste, entre las huertas y el río Guadalmedina, hasta alcanzar su límite meridional en el convento del Carmen. En el centro se erigió en el siglo XVII la pequeña iglesia de San Pedro como ayuda de parroquia de San Juan.

Los derribos y el antiguo puente de Tetuán hacia 1960 Archivo Municipal de Málaga

La vocación artesanal del barrio tiene su origen en las disposiciones de las primeras autoridades municipales castellanas que ordenaron que las actividades más molestas (anchoverías, percheles para el secado del pescado, curtidurías, el matadero) se ubicaran al otro lado del río. Más adelante se establecieron bodegas, talleres de tonelería y otras industrias. Las obras del Metro han sacado a la luz restos de la vida más antigua del barrio y han testimoniado arqueológicamente algunas de estas actividades. Susana Rodríguez de Tembleque, en su estudio histórico sobre El Perchel, recuerda que el siglo XIX fue el de mayor plenitud del barrio, tan extenso como el propio centro urbano.

La Casa del Obispo en la calle Cerrojo. V. H.

Lo que queda

A pesar de que el plan de la Prolongación de la Alameda, las intervenciones municipales y la paulatina renovación de las edificaciones ha hecho desaparecer de manera casi completa el caserío antiguo del barrio del Perchel, en el sector de Santo Domingo se han conservado algunos ejemplos de la arquitectura del siglo XVIII. De la conocida como Casa del Obispo en la calle Cerrojo, levantada en 1730 por el maestro tonelero Juan de Priego y reconstruida en el año 2010 como sede de la Empresa Pública de Suelo de la Junta de Andalucía, se ha mantenido la fachada, con una abigarrada decoración pictórica que dibuja coloristas formas geométricas. En la cercana calle Calvo el número 17 ha sido sometido a una delicada intervención que ha recuperado su estructura original y sus pinturas murales fechadas en 1755. Por último, en la calle La Puente se ha restaurado muy recientemente el camarín barroco que la Congregación del Rosario de la Aurora construyó en 1713, integrado en el interior de la Casa de las Monjas. Estas dos actuaciones han sido dirigidas por el arquitecto Ignacio Dorao.

Aquellas calles y sus viejas edificaciones estorbaban en los proyectos municipales, que empezaron a concretarse en los años de la postguerra con las demoliciones que abrieron los primeros solares al otro lado del puente de Tetuán. Luego el plan fue asumido y desarrollado por el Ministerio de la Vivienda, que se encargó de completar los derribos y de trazar el nuevo viario con tres grandes ejes: uno central, la avenida de Andalucía, y dos laterales, la calle Hilera y la avenida de la Aurora. La reconstrucción y ampliación del puente de Tetuán, en 1971, abrió definitivamente el camino hacia la prolongación de la Alameda sobre y más allá del Perchel.

Publicidad

Los nombres de las calles

Pero no se trata de hacer una historia del barrio ni un lamento de lo perdido, sino de recordar los nombres de las calles que desaparecieron con aquellas operaciones urbanísticas. En la parte norte del Perchel, por encima de Santo Domingo, el callejero se ha mantenido casi íntegro, con denominaciones evocadoras de oficios como Zurradores, Polvorista o Pulidero, antiguos apellidos como Calvo, Priego, Bustamante, Guimbarda o Agustín Parejo, y nombres centenarios como Imagen, Fuentecilla, Cañaveral, La Puente o Cerrojo. En el sector más próximo a la iglesia del Carmen se ha conservado parcialmente el trazado urbano y esta circunstancia ha facilitado el mantenimiento de nombres: Ancha del Carmen, Angosta, Cuartelejo, Arco, Montalbán, Malpica, Peregrino, Callejones o Plaza de Toros Vieja, entre otros. Aunque la transformación de las edificaciones ha sido radical, aún son reconocibles las denominaciones seculares de las calles.

El Perchel, en un plano de 1900 SUR

Pero la parte central del barrio fue arrasada completamente, dejando solo en pie el templo de San Pedro. De las calles que desaparecieron se recuperaron algunos nombres para las de nuevo trazado, como Segura y Cerezuela, pero unos cuantos más se perdieron para siempre. Son los siguientes: Balmes, Barragán, Conde de Aranda, Don Íñigo, Esquilache, Lazo, Luzón, Marroquino, Matadero Viejo, Ortigosa, Pavía, plazuela de Mamely, San Pedro, Santa Bárbara y Santa Rosa. Casi todos ellos eran muy antiguos y se podrían haber recuperado para algunas vías recientemente abiertas, que han recibido apelativos como Martinete o Canoa.

Publicidad

Aquellas demoliciones, en palabras de Francisco Bejarano, «iniciaron otra etapa en la que ya se va perfilando el futuro de esta parte de la ciudad que fue el barrio del Perchel durante cerca de cinco siglos».

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Suscríbete durante los 3 primeros meses por 1 €

Publicidad