Biblioteca de la Sociedad a principios del siglo XX. AMC
A la sombra de la historia

150 años de la Academia Malagueña de Ciencias

Víctor heredia

Lunes, 22 de agosto 2022, 23:24

La Málaga del siglo XIX aparece como una ciudad donde había poco interés por la cultura y el conocimiento. La ciudad de las cien tabernas ... y una sola librería. Ya vimos que esto último no era completamente cierto. Eso sí, la tasa de analfabetismo en la provincia era espeluznante, con casi un 75% de la población sin saber leer y escribir en 1900. En cuanto a la burguesía, se le atribuye una actitud indolente respecto a la cultura y solo preocupada por los negocios y las apariencias. A esta impresión contribuye la falta de centros de enseñanza superior en Málaga, que apenas disponía del Instituto Provincial, en el que una decena de catedráticos se encargaban de mantener unas enseñanzas ajustadas a los planes oficiales y dotadas de colecciones de materiales didácticos aplicados a materias como la Zoología, la Física, la Química, la Agricultura, la Geografía, la Botánica y la Náutica.

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En ese ambiente, aparentemente poco favorable al desarrollo científico, existía un grupo de personas con inquietudes intelectuales que decidieron agruparse para desarrollar y compartir sus comunes intereses.

El 24 de julio de 1872 tuvo lugar una reunión a la que asistieron varios miembros de la burguesía malagueña. Habían sido convocados por Domingo de Orueta, Juan José de Salas, Manuel Casado, Luis Parody, Leopoldo Heredia, Ricardo Scholtz, Pedro Orueta y Antonio Luis Carrión. Al llamamiento acudieron Enrique Scholtz, José de Carvajal, José María de Sancha, Eduardo Jáuregui, Antonio Fernández del Castillo, Miguel Denis, Emilio Pérez Duarte, J. Bolín, Santiago Casilari, R. Maqueda y M. Palomo.

Domingo Orueta expuso que el objeto de aquella reunión era constituir una sociedad «dispuesta a emprender la formación de un Museo en el que estuviesen principalmente representadas la Flora y la Fauna, como los minerales de la provincia de Málaga, sin olvidar los datos meteorológicos que tantos beneficios debían reportar a los estudios científicos de aplicación a la industria, comercio y agricultura».

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Los asistentes vaticinaron que la naciente Sociedad estaba llamada a prestar toda clase de servicios a la ciudad y la provincia. El redactor del acta fundacional describe «una larga y luminosa discusión en la que tomaron parte muy principal todos los señores mencionados».Así se constituyó la Sociedad Malagueña de Ciencias Físicas y Naturales, que años después simplificó su denominación como Sociedad Malagueña de Ciencias con el fin de acoger en su seno la mayor cantidad posible de disciplinas del conocimiento.

Original del acta de la reunión fundacional. AMC

Momentos convulsos

La Sociedad nacía en unos momentos convulsos. Acababa de estallar la Tercera Guerra Carlista y el rey Amadeo había sufrido un atentado en Madrid apenas unos días antes de la reunión. La Primera República llegaría en unos meses.

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La Sociedad cumplió su primer objetivo en noviembre de 1873, cuando inauguró el ansiado Museo, un lugar concebido como «un punto de encuentro al que todos los amantes del saber puedan acudir, bien a aumentar sus conocimientos, bien a comunicar el resultado de sus estudios y observaciones».

Desde 1878 ocupó su histórica sede en el edificio de San Telmo, en la plaza de la Constitución. Los miembros de la Sociedad realizaron estudios sobre cuestiones como la plaga de la filoxera, las epidemias, los hallazgos arqueológicos o los terremotos de 1884.

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En su tribuna han dictado conferencias numerosas personalidades de muy diferentes ámbitos científicos, manteniendo siempre una estricta neutralidad política y religiosa y un espíritu abierto a los cambios sociales. En 1902 dio una charla la primera mujer, Suceso Luengo, y dos años después ingresaron las dos primeras socias.

La Sociedad reivindicó la creación de la Universidad de Málaga y en 1973 cedió a la recién creada institución universitaria su biblioteca y sus colecciones de Zoología y Mineralogía. En marzo de 2002 se transformó en Academia Malagueña de Ciencias, en reconocimiento a su larga trayectoria de servicio al conocimiento y al estudio de los problemas del territorio.

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Después de siglo y medio de existencia la actual Academia, presidida por Fernando Orellana, no es solo heredera de la inquietud por el conocimiento de un grupo de burgueses decimonónicos, sino que es una institución abierta a los complejos retos del siglo XXI en pleno proceso de adaptación a la era digital. Junto con la aspiración de recuperar su histórica sede de San Telmo, tiene el proyecto de contar con una Casa de la Ciencia en la que exponer su patrimonio y ofrecer un amplio espectro de actividades divulgativas que le dé visibilidad de cara a la ciudadanía. A la espera de ese momento, la Academia participa en todos los debates que afectan al desarrollo de la provincia desde una perspectiva científica y mantiene una intensa actividad académica en colaboración con instituciones públicas y privadas.

El primer presidente: Domingo de Orueta

Domingo de Orueta y Aguirre (1833-1895) era hijo de una familia de comerciantes vascos asentada en Málaga. Estudió en Inglaterra y recorrió Europa visitando museos. Destinado a dirigir negocios mercantiles, le podía su interés por el arte y las ciencias. De manera autodidacta se formó como geólogo y se convirtió en un experto en las rocas de la provincia, sobre las que publicó varios estudios. Según Jesús Castellanos adquirió su primer microscopio en Londres en 1868 y fue miembro de la Sociedad Geológica de Londres, la más antigua del mundo. En 1872 impulsó la creación de la Sociedad Malagueña de Ciencias, inspirada en las asociaciones similares que tenían una larga tradición en la cultura anglosajona. Sus hijos Domingo y Ricardo de Orueta Duarte destacaron en los ámbitos que apasionaron a su padre: el primero en la mineralogía y el segundo como historiador del arte. La ciudad les recuerda desde agosto de 2021 con una placa en la casa familiar de la Cortina del Muelle y un sencillo monumento en los jardines del Parque.

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