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Gran cabalgata que partió desde el Santuario de la Patrona. Archivo Díaz de Escovar de la Fundación Unicaja
Agosto de 1887: el origen de la Feria de Málaga

Agosto de 1887: el origen de la Feria de Málaga

Con motivo de celebrarse ese año el IV Centenario de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos, se recuperaron unos festejos que, con mayor o menor regularidad, conmemoraron esta efeméride durante los siglos XVI, XVII y XVIII

Elías de Mateo

Historiador

Sábado, 17 de agosto 2024, 01:57

Con motivo de celebrarse en agosto de 1887 el IV Centenario de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos, se recuperaron unos festejos que, con mayor o menor regularidad, conmemoraron esta efeméride durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Ahora, la conmemoración de la Reconquista adquiere dos nuevas dimensiones: la ideológica, amparada en el movimiento historicista, y la económica, dirigida a lograr definitivamente una proyección turística para Málaga.

En Málaga, dos historiadores medievalistas, Francisco Javier Simonet y su discípulo Francisco Guillén Robles, comienzan la investigación científica del pasado local, del periodo musulmán y de la Reconquista.

Junto a esto, la profunda crisis estructural en que se sumerge la economía de la ciudad y su entorno, con manifestaciones tales como la filoxera, la emigración, la contracción de mercados, la desindustrialización y la descapitalización, junto a catástrofes naturales como terremotos, epidemias o inundaciones marcan un panorama material desolador desde 1880. Era preciso hacer algo, crear nuevas fuentes de riqueza. El turismo se vislumbraba como una posible solución.

Durante los años ochenta del siglo XIX, la demanda social para conmemorar la Reconquista de la ciudad se acrecienta. La primera llamada de atención va a venir desde el clero. El 18 de septiembre de 1883 el presbítero Cristóbal Luque Martín, malagueño, y por aquel entonces capellán de la Capilla Real de Granada, dirige al hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de la Victoria un escrito donde afirmaba la necesidad de conmemorar lo más solemnemente posible el IV Centenario de la Reconquista de Málaga y, al mismo tiempo, el patronazgo de la Virgen de la Victoria: «Dejaremos pasar el 19 de agosto de 1887 sin dar un público y solemne testimonio de nuestro amor a las glorias patrias, nuestro entusiasmo por la fe y nuestra devoción y gratitud a nuestra amadísima Patrona la Santísima Virgen de la Victoria».

Promotores, organización y fuentes de financiación

Con un anteproyecto del propio Cristóbal Luque, que armonizaba lo lúdico y lo festivo con lo religioso, se nombró una comisión cívica para la organización de los actos del IV Centenario, donde figuraban todas las fuerzas vivas de la ciudad y en la que la junta de gobierno de la Hermandad de la Victoria actuaba como aglutinante.

No debieron avanzar los complejos trabajos de organización y preparación de los festejos con la celeridad debida. Finalmente se hizo cargo del proyecto una comisión ejecutiva formada por cinco miembros representativos de la gran burguesía local, de las asociaciones culturales y económicas (Círculo Mercantil, Cámara de Comercio) y del periodismo: Tomás Heredia Livermore, Manuel Casado Sánchez de Castilla, el marqués de Iznate, Miguel Denis Corrales y el joven Narciso Díaz de Escovar.

La cuestión más peliaguda a la que se enfrentaron los organizadores fue la financiación. Hacía falta una respetable cantidad de dinero. El Ayuntamiento y la Diputación, con sus crónicos problemas presupuestarios, no podían correr con todos los gastos. Por otro lado, la grave crisis económica que afectaba a la ciudad representaba un obstáculo adicional importante. Se recurrió al sistema de envío de circulares a todas aquellas personas con una situación económica desahogada solicitando una «suscripción voluntaria» para atender con ella a los gastos que se originasen.

El resultado final de la suscripción pública abierta fue bastante alentador y llegó a cubrir casi la totalidad de los gastos de los festejos. Se recaudaron 57.793 pesetas y 65 céntimos que se gastaron en su práctica totalidad.

El programa de la primera feria de agosto

Amplios en el tiempo -dos semanas- fueron los festejos conmemorativos del IV Centenario de la Reconquista, iniciándose el 18 y concluyendo el 31 de agosto.

Fue preocupación esencial de la junta pro centenario ofrecer un buen número de actividades recreativas y espectáculos públicos de cara a intentar unir tres elementos fundamentales para el cumplimiento de sus objetivos. En primer lugar, lo espectacular y lúdico, con diversiones propias de cualquier festejo de la época, para atraer la participación de los forasteros y de las clases populares de la ciudad. En segundo lugar, el historicismo, recreando los acontecimientos históricos que tuvieron lugar el día 18 de agosto de 1487. En tercer lugar, no podía faltar el componente religioso, vinculado al símbolo iconológico de la Virgen de la Victoria.

A) El anuncio de los festejos

Ya el primer acto público –el anuncio de los festejos– estuvo lleno de simbología. «¡Ya es la hora!, dicen todos. Y, efectivamente, en este momento sale de las Casas Capitulares la preparada comitiva anunciadora en esta forma: caminan a su frente dos buenos y robustos ciudadanos que en alto llevan grandes carteles en forma de estandartes. Soldados de infantería, caballería y artillería, marineros, guardias civiles y municipales y otros funcionarios públicos, acompañados por bandas de música formaban la comitiva expresada». Recorrió tan multicolor comitiva las calles del centro de la ciudad, realizando sueltas de palomas con programas de los festejos en seda de varios colores.

B) La cabalgata histórica: los trajes de época y la catapulta

El segundo día de los festejos -viernes 19 de agosto - tuvo lugar uno de los platos fuertes de todas las celebraciones programadas: la cabalgata histórica. En efecto, desde meses atrás, la junta organizadora había volcado sus esfuerzos humanos y económicos en algo realmente inédito en Málaga: la escenificación de la solemne entrada de los Reyes Católicos y sus ejércitos en la ciudad. Esta recreación histórica debía plasmarse en una cabalgata o procesión que recorrería el itinerario seguido por las huestes cristianas cuatro siglos atrás. Los preparativos fueron laboriosos y estuvieron a cargo de una subcomisión integrada por el ingeniero José María Sancha, el pintor Martínez de la Vega y el actor y director teatral José Ruiz Borrego. Se compraron en Valencia trajes de época. Por último, el ingeniero José María Sancha construyó una enorme catapulta que llegó a funcionar -verdadera atracción de la conmemoración- y se adquirió una bombarda. Originariamente en el cortejo debía figurar la imagen de la Virgen de los Reyes, lo que ocasionó cierta polémica por si tal representación teatral podía dar lugar a irreverencias. Al final se optó prudentemente por la sola presencia de un estandarte con la imagen de la Virgen.

A partir de las cuatro de la tarde de ese 18 de agosto, partió la comitiva desde el Compás del antiguo Convento de la Victoria, con el siguiente recorrido: calle de la Victoria, plaza de la Merced, Granada, plaza de la Constitución, Especerías, Nueva, Puerta del Mar, Alameda, Pasillo de Atocha, Puerta Nueva, Carretería, Álamos, plaza de la Merced y calle de la Victoria. Abría el cortejo la Guardia Civil a caballo y la Charanga del distinguido batallón de Cazadores de Cuba. Ya con vestimenta de época, varios hombres de armas a caballo, clarines y atabales. El primer personaje importante fue don Pedro de Toledo, primer obispo de la diócesis restaurada, montado en una mula «con la Cruz de oro alzada, rodeado de pajes y reyes de armas, y seguido de gran número de nobles y magnates cristianos a caballo, con trajes de extremado lujo y gran gala. Le seguían Alí Dordux y varios notables musulmanes de la ciudad a caballo. Tras estos venía una banda de música con indumentaria medieval y el marqués de Cádiz con sus mesnadas de soldados. Le seguían los duques de Nájera y Medina Sidonia, el cardenal Mendoza, varios obispos y los Reyes Católicos con un brillante cortejo».

C) Otros espectáculos callejeros y multitudinarios: dianas, retretas, veladas y bailes populares, fuegos artificiales y corridas de toros

En las dos corridas programadas, que tuvieron lugar en La Malagueta, se lidiaron toros de las ganaderías de Murube, Cámara y Miura por un plantel de toreros escogidos entre lo mejor de la época: Rafael Molina Lagartijo, Luís Mazzantini, Rafael Guerra Guerrita y Manuel García El Espartero.

Con un carácter elitista y restringido, el gran baile de beneficencia del día 30 se celebró en la caseta del Círculo Mercantil. Lo más granado de la burguesía local se dio cita allí. También se dispararon fuegos artificiales que estuvieron a cargo de dos pirotécnicos especializados, Manuel María de Pinillos (Sevilla) y José Muñoz (Málaga). Instalados junto a la Farola, la mayoría del público los contempló desde lejos. Por su parte, la retreta militar, con la que concluyeron los festejos la noche del 31, resultó un cortejo brillante. Compuesta por tres bandas de música y otra de cornetas y trompetas, llevaba también tropa de infantería y caballería.

D) Los actos y funciones religiosas en torno a la Virgen de la Victoria

El 19 de agosto a las diez de la mañana se realizó una solemne función de acción de gracias en la Catedral por su restauración como templo cristiano.

Al día siguiente -20 de agosto- se llevó a cabo de nuevo el traslado de las imágenes en solemne procesión, esta vez en sentido inverso, entre las seis de la tarde y las diez de la noche de ese día.

E) Certámenes y exposiciones sobre bellas artes

Por su parte, la magnífica pléyade de pintores contemporáneos al IV Centenario y que forman lo que se conoce entre los estudiosos como Escuela malagueña del siglo XIX, también tuvieron la oportunidad de exponer sus obras más recientes en los salones de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, con obras de Denis, Martínez de la Vega, Moreno Carbonero, Emilio Ocón, Muñoz Degrain...

F) La música: concurso de bandas, concierto nocturno y concierto vocal e instrumentan en el Liceo

Con destino a un público más minoritario, la Sociedad Filarmónica organizó el día 22 de agosto un concierto vocal e instrumental en los salones del Liceo con obras como la Lamentación sobre el fin del mundo (siglo X) y composiciones del maestro sevillano Francisco Guerrero, del italiano Domenico Scarlatti, de Gluck, Mozart, Bach y Wagner.

G) Las competiciones deportivas marítimas: las regatas

Se organizaron el día 23 de agosto para embarcaciones con remos en sus diversas categorías con importantes premios. En ellas se aunó el espectáculo musical –tocaron algunas bandas de música– y la competición deportiva propiamente dicha. Tuvieron lugar cuatro regatas sucesivas para fabras, canoas y botes, lanchas y embarcaciones con más de ocho remos, con premios que oscilaban entre los 100 y los 1.000 reales.

Las iluminaciones

Pero lo realmente novedoso para los malagueños de aquella época fue el ensayo de iluminación por electricidad incandescente que efectuó la Sociedad Española de Electricidad de Barcelona en la zona del muelle y en la plaza de toros de La Malagueta con diez grandes focos traídos para el evento y la energía producida por varias dinamos movidas por dos máquinas de vapor procedentes de la Ferretería de la Constancia. El resultado fue espectacular.

El cartel anunciador

La necesidad de difundir la idea y el contenido de los festejos por calles y plazas, no sólo de Málaga, sino de todas las ciudades españolas, hace que la junta organizadora recurra a un medio propagandístico eficaz, producto típico de la Revolución Industrial.

Para anunciar los festejos de 1887 se encarga un cartel a Martínez de la Vega. Este realizó una obra que, en su estructura, seguía fielmente la del cartel de toros, con el motivo pictórico en la parte superior y una extensa leyenda explicativa que ocupaba el 75% de la superficie.

*BIBLIOGRAFÍA / MATEO AVILÉS, E.: Historia de la Feria de Málaga, Arguval, Málaga, 2002.

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