
Malagueños en la División Azul: un abrigo y un par de botas para compartir entre 10 soldados
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El peligro de morir en una batalla se unía al de perecer congelado o a causa de una enfermedadEl romanticismo de las ideas no guarda relación con la realidad de la guerra. Eso lo vivieron en primera persona los malagueños que se alistaron en la 250.ª División de Infantería, más conocida como División Azul. Cuando acudieron al banderín de enganche lo hicieron enardecidos por la fiebre falangista, el ansia de aventuras o para lavar un pasado propio o familiar vinculado al bando republicano. La propaganda de Falange y del régimen franquista animaba a los jóvenes a enrolarse en el contingente que se iba a formar para ir a combatir a los bolcheviques. Esa publicidad edulcoró una situación que no era tan gloriosa como se difundía en la prensa oficial del momento. Una vez en el campo de batalla se dieron cuenta de que las cosas no eran como se las habían contado.
Los divisionarios malagueños, igual que el resto de compañeros, no solo tuvieron que batallar contra las tropas de la URSS, sino soportar un enemigo incluso más fiero: el invierno ruso, con temperaturas polares contra las que la protección era casi imposible (que rondaban o superaban los 40 grados bajo cero), rodeados de nieve sucia, ríos helados y una humedad que traspasaba los huesos en las trincheras y ya no había forma de desprenderse de ella. Como ejemplo de la crudeza de la situación valga este detalle: en el frente se entregó un abrigo y un par de botas para cada 10 diez hombres, que utilizaba el centinela estaba de guardia, quien, al acabar tu turno, daba esas prendas al soldado que le relevaba. El peligro de morir en combate se unía al de perecer congelado o a causa de una enfermedad provocada por las gélidas temperaturas.
España, en junio de 1941, seguía sin entrar en la conflagración que desangraba a Europa (había dejado su condición de neutralidad para pasar a ser país no beligerante), pero estaba del lado de las potencias del Eje, en especial de Alemania e Italia, a las que Franco tanto debía por la colaboración prestada para conseguir la victoria en la guerra civil. Una forma de pagar a Hitler la deuda contraída durante la contienda fratricida española era aportar tropas y participar en la guerra. En ese contexto, Franco dio el visto bueno a la creación de un centro de reclutamiento para que se apuntaron los voluntarios que quisieran ir a luchar contra la Unión Soviética formando parte del cuerpo de ejército alemán. La iniciativa tuvo una fervorosa acogida entre los partidarios del bando nacional y de los integrantes de Falange. Tanto unos como otros consideraban que ir a pelear contra las tropas de Stalin era la mejor manera de hacer frente al comunismo.
El 26 de junio de 1941 se constituyó la División Azul, cuyo primer responsable fue el general Agustín Muñoz Grandes, y al día siguiente comenzó el alistamiento. Alemania, en un primer momento, quería que los componentes del contingente fuesen soldados con experiencia, pero al final se decidió que los divisionarios fuesen voluntarios, si bien mandados por oficiales profesionales del ejército español. Entre los requisitos fijados para ser aceptado en la recién creada 250.ª División de Infantería estaba que los hombres que se enrolasen en ella tuviesen entre 20 y 28 años, aunque hubo excepciones y se permitió la entrada a gente más joven avalada por una autorización paterna. El número de alistados fue de unos 18.000, aunque a algunos se les rechazó cuando se sometieron el reconocimiento médico.
En la creación de la División Azul, cuyo nombre fue idea de José Luis Arrese, tuvo mucho que ver el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, cuñado de la mujer de Franco, que alentó a este para que España tuviese un papel activo en la contienda europea. Entre un sentimiento de fervor patrio, favorecido por la doctrina imperante en España, se habilitaron banderines de enganche en distintas provincias. Málaga no fue ajena a ese panorama en el que se animaba a la juventud a enrolarse en la aventura de ir a combatir a las lejanas tierras rusas. Así, el mismo 27 de junio de 1941, Falange abrió un puesto de reclutamiento, situado en el Cuartel de la Trinidad. Hubo llamadas al honor y se garantizó a los que se alistaran que se les respetarían sus empleos durante el tiempo que permaneciesen combatiendo y que sus sueldos los cobrarían sus familias en tanto que estaban en la guerra. Pese a las promesas y a la campaña anticomunista, el número de malagueños inscritos fue menor del esperado, según se dice en la obra 'Málaga, historia de un siglo', editada por SUR.
A principios de julio, a los malagueños que se alistaron «se les tributó una gloriosa despedida», mientras que «la Sección Femenina repartía escapularios, medallas, vino y tabaco». Las escenas triunfalistas se repitieron en distintos puntos de España. Las estaciones de donde partieron los trenes se llenaron de banderas españolas y de Falange y se dio trato de héroes a los hombres que, tras una somera instrucción de apenas 10 días, iban camino de una guerra de la que muchos no volverían; sus huesos reposarían para siempre en fosas comunes o cubiertos por montañas de nieve.
Las expediciones de divisionarios cruzaron la frontera por Hendaya y, después de atravesar la Francia ocupada, entraron en Alemania, donde fueron muy bien acogidos por las poblaciones por las que pasaron hasta llegar a la base de Grafenw, que era una gran ciudad-campamento. Allí se les dio instrucción militar. El 31 de julio, los integrantes de la División Azul cumplimentaron el juramento al Führer en el campo de instrucción de Kramemberg. Tras el juramento, que fue emitido por la radio alemana, quedó oficialmente constituida la 250.ª División de Infantería de la Wehrmacht.
A partir del 20 de agosto, los divisionarios fueron trasladados en convoyes militares al frente. Sin embargo, debido al mal estado de las vías, los expedicionarios tuvieron que recorrer a pie casi 1.000 kilómetros hasta llegar a Smolensk. La larga caminata fue muy dura y puso a los malagueños que se habían alistado al tanto de la cruda realidad que les aguardaba. Fue el comienzo de las penalidades que tuvieron que soportar.
Sobre el 10 de octubre, el grueso de la División Azul estaba ya en el frente, en la ciudad de Novgorod, y poco después se produjeron las primeras bajas. En ese periodo inicial de la presencia española en URSS, cayeron en combate algunos de los malagueños que se habían alistado. En la obra 'Málaga, historia de un siglo' se citan entre los fallecidos «apellidos de fuerte raigambre en la ciudad: Tomasetti, Iribarne, Laffore, Souviron, Sánchez Dupiere, etcétera». Hasta que Franco ordenó la retirada de la División Azul, el 12 de octubre de 1943, coincidiendo con la destitución de Serrano Súñer como ministro de Exteriores, decenas de malagueños regaron con su sangre la nieve rusa. Durante varios años, el nombre de los divisionarios de Málaga muertos apareció en el manto de la Virgen de la Estrella.
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