Solo tenía cinco años cuando empezó su calvario. Su primo, que entonces tenía 20 años, la agredía sexualmente cada vez que se encontraban en la vivienda de su tía y, posteriormente, de su abuela, en Marbella. Pasó un lustro hasta que estos abusos cesaron, aunque la víctima necesitó otros quince años para romper su silencio y denunciar los hechos, por los que todavía arrastra secuelas psíquicas y emocionales.
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Así ha quedado probado para la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Málaga. El procesado -que ahora tiene 42- ha sido condenado a 13 años y medio de prisión como autor de un delito continuado de agresión sexual sobre menor de 16. De igual manera, los magistrados le han impuesto la prohibición de aproximarse y comunicarse con la víctima por un plazo de 20 años.
De acuerdo con la sentencia, a la que SUR ha tenido acceso, la víctima sufrió los abusos de su primo, quince años mayor que ella, cuando tenía entre cinco y diez años. Movido de un ánimo libidinoso, el acusado llevó a cabo las agresiones sexuales en numerosas ocasiones cuando coincidían en casa de una tía abuela y, más adelante, en la vivienda de su abuela.
Ante la resistencia de la niña, siempre según ha quedado probado para el tribunal, su primo la agarraba con fuerza de las muñecas y la inmovilizaba, venciendo así su oposición. Además, la intimidaba diciéndole que si se revolvía o le contaba a alguien lo que le hacía «iba a entrarle la locura».
Aquella amenaza caló hondo en la menor. Tanto fue así que la víctima no fue capaz de romper su silencio hasta 15 años después de que cesaran los abusos, cuando ya era una joven de poco más de veinte años. Fue entonces cuando confesó a su familia el calvario vivido y acudió a comisaría a denunciar a su primo.
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Los magistrados, además de dar credibilidad a su relato, hacen referencia a la valoración de dos médicos forenses, que apreciaron en la perjudicada secuelas emocionales en su personalidad compatibles con las violaciones. Asimismo, constataron en el juicio que es factible, como en este caso, que las víctimas de violencia sexual tarden años en verbalizar los hechos sufridos.
Pese a que el encausado negó su culpabilidad, los jueces también han tenido en consideración el testimonio de su hermano. Según declaró el familiar en la vista, al tener conocimiento de lo ocurrido por parte de la víctima y preguntar por ello al encausado, este se lo reconoció y le dijo que se sentía muy mal por ello.
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Por el contrario, para la Audiencia Provincial no ha quedado constatado que el procesado, en el momento de la comisión de los abusos, fuera consumidor de sustancias determinantes de drogadicción, ni tampoco que tuviera antecedentes de trastorno bipolar. De ahí que, como concluye, no concurran en este caso circunstancias atenuantes de la responsabilidad criminal.
El hombre tendrá que cumplir trece años y medio de cárcel y no podrá volver a contactar o aproximarse a la víctima durante 20 años. Igualmente, le han impuesto el pago de las costas procesales del procedimiento y una indemnización a la víctima en la cantidad de 50.000 euros por los daños morales causados.
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