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El que quizás sea el verano más extraño de nuestras vidas toca a su fin, y lo hace en la forma alevosa en que suele hacerlo: bajo unos cielos insultantemente transparentes y frente a una mar algo encrespada, pero de un azul profundo. El verano, burlón, parece esbozar una sonrisa socarrona mientras murmura: ya me echaréis de menos en los días lluviosos que vienen. Qué mejor lugar que El Palo para ilustrar esta idea, en la forma de unos bañistas que vuelven de exprimir la última jornada de playa de la temporada. Mientras una bandera malaguista flamea orgullosa al viento de poniente, el mismo que impulsa las velas de los regatistas que pululan por la bahía, una aparición casi mágica atrae todas las miradas: se trata de un planeador que se desliza silencioso sobre los tejados. ¿Tal vez un buen augurio para el otoño que ahora encaramos?
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