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ramón pérez
Viernes, 29 de julio 2022, 00:33
No recuerdan qué día es, en qué ciudad viven o qué personas están a su lado. Pero hay algo a lo que ni el Alzheimer puede hacer frente: la música. Ya decía Leonard Bernstein que la música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido. Así que, «con el vito, vito, vito», la Asociación de familiares de personas con Alzheimer y otras demencias de Málaga (AFA) luchan contra el avance de la pérdida de memoria. Aún mantienen el recuerdo de María Isabel en esa playa tan desierta, ese pasodoble que cantaba Manolo Escobar con una guitarra y un par de palillos, o las violeteras de Madrid que pregonando parecen golondrinas. Entre las 15:30 y las 16:30, de lunes a viernes, se reúnen en grupo, formando un semicírculo, para recibir sesiones de musicoterapia.
Al inicio de la sesión, los usuarios prestan atención a la guitarra que afina el musicoterapeuta de la asociación, Alberto García. Hace seis años se le ocurrió proponer algún tipo de actividad musical: «Y a partir de ahí me formé, me hice técnico de musicoterapia y acabé haciendo un máster del tema». A través de estas sesiones trata de hacer un uso de la música para un fin terapéutico con los pacientes del centro. SUR ha asistido a una de las clases de musicoterapia en la asociación AFA y ha hablado con una de las médicas que ha abordado en una de sus líneas de investigación el procesamiento cognitivo musical cerebral y la musicoterapia aplicada a enfermedades neurodegenerativas, la neuróloga Natalia García-Casares.
Este tipo de terapia actúa de dos maneras: activa (tocando instrumentos, cantando, interpretando la música) y receptiva (usando la música para inducir estados de relajación). «La primera se enfoca a personas con un deterioro leve, en el que metemos instrumentos de percusión, participan en juegos, hacen canciones… La segunda son para los usuarios con un deterioro cognitivo más severo, que no tienen ciertas capacidades para hacer usos de instrumentos, palmas o ejercicios de coordinación», especifica el musicoterapeuta. En esta sesión, García les reparte a los mayores maracas y cascabeles. Ellos mismos deciden cuál de estos quieren. «Yo voy a tocar la guitarra y vosotros tenéis que seguir el ritmo», les indica. El profesional empieza a tocar un pulso por segundo para que les siga, y al rato, va cambiando el ritmo de forma continua para que se den cuenta y les acompañe.
«Vamos a cantar canciones y tenéis que adivinar cuáles son. ¿Os suena una que se llama María Isabel?». Desde luego que les suena. Los usuarios se acuerdan que «la playa estaba desierta» y el resto, ya está hecho. A veces, García se queda en silencio para que los demás sigan cantando, al mismo tiempo que los usuarios marcan con los instrumentos el ritmo de la canción. «Hay quienes no se acuerdan cuántos hijos tiene, o si tienen nietos, y se saben una canción de Los Payos de 'pe a pa'». Después siguen con canciones de artistas como Carmelo Larrea, Sara Montiel o Manolo Escobar que, a pesar de ser muy diferentes, les une una misma cosa, esas melodías les han marcado a lo largo de su vida. Desde la canción infantil 'El vito' hasta la ranchera 'Cielito lindo'.
Tema tras tema, los mayores interactúan entre ellos y, en ocasiones, se hacen bromas. También hay momentos emotivos, como cuando el musicoterapeuta toca los acordes de la guitarra para que cantaran todos sin ayuda del profesional: «Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo, los corazones»; o cuando se hace un silencio y los usuarios contemplan cómo una de las mayores junto al músico se miran a los ojos y cantan 'Pasodoble, te quiero'. Poco a poco, el grupo pasa del nerviosismo inicial a la diversión gracias a la música. «Los usuarios se centran mucho en la actividad y no se preocupan tanto por sus inquietudes», manifiesta García.
La musicoterapia neurológica es avalada por la 'World Federation for Neurorehabilitation' y se usa como intervención no-farmacológica y no-invasiva para tratar a pacientes con trastornos neurológicos, entre ellos el alzheimer. La neuróloga García-Casares afirma que la musicoterapia en personas con alzheimer no sólo les beneficia en el placer o el bienestar que les produce escuchar música que les resulte familiar, sino también en el objetivo de recuperar memoria. «Se produce a través de un sistema en el que los circuitos cerebrales emocionales (sistema límbico) están vinculados a circuitos de memoria (hipocampo y lóbulo temporal) que nos permite a través de la música acceder a recuerdos». Tanto la perspectiva de Alberto García como los estudios que llevó a cabo la médica sobre el alzheimer evidencian que gracias a la musicoterapia la calidad de vida de los usuarios con demencia mejora.
García-Casares puntualiza que la musicoterapia nunca va a ser una terapia curativa y que siempre va a estar acompañada de medicamentos: «Es una terapia coadyuvante y muchas veces su efecto es transitorio». La profesional, que actualmente trabaja como investigadora en la Unidad de Neurología del Centro de Investigaciones Médico-Sanitarias de Málaga (CIMES), asegura que la investigación en musicoterapia fue difícil de llevar a cabo porque los estudios que hay hasta ahora no son similares, cuando debería ser lo contrario. «Nos encontrábamos con mucha heterogeneidad de un artículo a otro, unos utilizaban la musicoterapia con una música con guitarra, otros con un cantautor, otros se utilizaban platillos…», explica.
«Queda por definir cuál es la música que más les beneficia y cada cuánto aplicar este tipo de intervenciones», manifiesta. La investigadora expresa además que no se puede hablar de la musicoterapia en general: «Depende de la enfermedad hay varios aspectos que mejorar, por ejemplo, en el caso de las personas con parkinson no se trabaja tanto la memoria, sino que se trata de mejorar el ritmo y, por lo tanto, se necesita una música con un compás muy marcado. No hay que focalizar la musicoterapia solo a pacientes con alzheimer, tiene innumerables beneficios a otras enfermedades como el autismo o la epilepsia y en otras especialidades médicas como la psiquiátrica», explica. La médica señala que lo que queda aún por aprender de esta terapia sigue siendo una incógnita.
La musicoterapia no está implementada en el Servicio Andaluz de Salud (SAS). «Se podría contemplar y sería fundamental hacerlo. Sin embargo, es una terapia no farmacológica que no se da suficiente prioridad actualmente», afirma la neuróloga. García-Casares además lamenta que el tratamiento no se den en los hospitales públicos: «Si el paciente quiere recibir este tipo de terapia, se lo tiene que buscar de forma privada. Y es una pena, porque es una terapia inocua, barata y eficaz». El musicoterapeuta de la asociación AFA tiene muy claro su principal propósito con sus sesiones: que los usuarios con demencias disfruten, socialicen entre ellos, hagan ejercicios en común y se intente que el deterioro de la memoria sea lo más leve posible. «Es un proceso duro porque sabes que el alzheimer va a seguir avanzando, pero me alegra que durante la música ellos tengan su momento de olvidar el alzheimer», comenta.
«Los médicos deberíamos recetar a nuestros pacientes música como una terapia alternativa», reflexiona García-Casares. La sesión de musicoterapia no consigue curar el alzheimer y otras demencias, pero ayuda a que los usuarios capten durante la terapia recuerdos que algún día olvidaron y, por desgracia, olvidarán de nuevo. «Pasodoble, te quiero, porque estando en tierra extraña tú me traes el recuerdo, tú me traes el recuerdo de aquella madre que tengo en España», terminan cantando los usuarios pertenecientes a la asociación AFA.
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