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Cáncer y alimentación: lo que sabemos

Cáncer y alimentación: lo que sabemos

Un informe de expertos resume toda la evidencia sobre cómo la alimentación y la actividad física pueden llegar a influir en los procesos biológicos que sustentan el desarrollo y la progresión de esta enfermedad

Domingo, 19 de agosto 2018, 01:14

Nadie es ajeno al cáncer. Todos, en mayor o menor medida, conocemos casos en nuestro entorno que hacen que este problema no nos resulte lejano. Pocos campos despiertan mayor interés, dentro de la salud, que el oncológico. La permeabilidad a los medios de comunicación es constante, cuando surge alguna nueva terapia o tratamiento, aunque las técnicas y lenguajes utilizados sean de lo más áspero para el común de los mortales.

Está claro que el tema interesa, algo que también saben los amantes del dinero fácil y los embaucadores de verbo suelto. Estos reinventores del «bálsamo de Fierabrás» gustan de sacar nuevos remedios periódicamente. Remedios que suelen prometer rápidas sanaciones sin los efectos traumáticos de la medicina tradicional o acciones preventivas que ríete tú del escudo antimisiles de Israel. Pero lo paradójico de todos estos voceras pseudocientíficos es que lo tendrían muy fácil para publicar y poder demostrar las bondades de sus propuestas. Todos los meses se publican miles de estudios científicos, a nivel mundial, a los que únicamente se les exige rigor. Pero esa parece ser la clave, las conocidas como terapias alternativas suelen carecer de cualquier mínimo rigor en sus postulados fisiológicos o en la experimentación que demostraría sus virtudes. Dicho de otro modo y como decía el difunto Emilio Botín «todo lo que no sean cuentas son cuentos».

A pesar de lo claro que debería estar todo cada vez son más las personas de buena fe, que con una insuficiente alfabetización científica, navegan a ciegas en este campo. Y es que solo hay que acercarse a cualquier librería para ver cómo conviven, en similar posicionamiento, libros de demostrada excelencia académica con auténticos despropósitos editoriales carentes de la mínima solvencia.

Para dar algo de luz al embrollado panorama y desenmascarar a más de un sinvergüenza se han publicado, recientemente, dos estudios que clarifican bastante la realidad de lo que sí se sabe.

Uno de ellos es el de la Universidad de Yale capitaneado por el oncólogo Skyler Johnson https://academic.oup.com/jnci/article/110/1/121/4064136 donde han comparado los resultados de cientos de pacientes, que compartían el mismo tipo de cáncer, pero una parte optó por la llamada medicina alternativa en lugar de la real, entre las terapias nombradas en el estudio están «Medicina ayurvédica, medicina tradicional china, homeopatía, plantas, vitaminas, minerales, probióticos, naturopatía, respiración profunda, yoga, taichí, chi kung, acupuntura, quiropráctica, osteopatía, meditación, masajes, oraciones, dietas especiales, relajación progresiva, imagen guiada». Los resultados no pudieron ser más esclarecedores: Las pacientes con cáncer de mama que optaron por las pseudoterapias aumentaron su riesgo de muerte un 470%, los de pulmón un 150% y los de colorrectal un 360%. El equipo de Yale extrajo la información de la Base de Datos Nacional del Cáncer de EE UU del 2004 al 2013. Llama la atención el alto nivel socioeconómico de muchos de los pacientes que optaban por las vías alternativas, algo que es revelador sobre el coste de determinadas aventuras terapéuticas y de que su mayor acceso a la información no les libró de la manipulación y el engaño o quizás los expuso más.

El segundo estudio lo firma el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y el Instituto Estadounidense para la Investigación del Cáncer con su tercer informe de expertos en el que se resume toda la evidencia sobre cómo la alimentación y la actividad física pueden llegar a influir en los procesos biológicos que sustentan el desarrollo y la progresión de esta enfermedad. Este es el gran compendio e ntorno al cáncer y la alimentación, más de 11.000 páginas en forma de meta-análisis donde se habla de lo que de verdad se sabe. Un faro donde mirar en momentos donde la intoxicación es constante. https://www.wcrf.org/sites/default/files/Summary-third-expert-report.pdf es cierto que la información es muy densa pero a groso modo dicho estudio nos deja varios titulares llenos de sentido común:

Mantén un peso saludable y evita el aumento de peso a lo largo de la vida adulta

Sé físicamente activo en el día a día: camina más y permanece sentado menos

Las verduras, las frutas, las legumbres y los cereales integrales han de constituir una parte importante de tu dieta diaria y habitual

Limita los alimentos procesados ricos en grasas, almidón o en azúcares -como la comida basura- con el fin de controlar la energía consumida

Limita la presencia de carne roja y reduce tanto como sea posible los procesados cárnicos (si se pueden eliminar, mejor)

Limita la presencia de bebidas azucaradas y consume principalmente agua y otras bebidas que no estén edulcoradas

Limita el consumo de bebidas alcohólicas, teniendo en cuenta que para la prevención del cáncer lo mejor es no beber nada de alcohol

Aléjate de los suplementos dietéticos -incluidas vitaminas y minerales- para prevenir el cáncer y cubre tus necesidades con alimentos

Si puedes, da el pecho a tu bebé: es beneficioso para ambos

Tras obtener un diagnóstico de cáncer lo mejor que se puede hacer es seguir estas mismas recomendaciones

Y de modo transversal, las consabidas recomendaciones de evitar el tabaco, las grasas trans y el exceso de sol y sal

Es llamativo el aviso sobre los suplementos alimenticios, incluidas vitaminas y minerales. Un tema sobre el que no paran de ver la luz artículos que advierten de cierta correlación entre la aparición de algunos tipos oncológicos y el consumo de ciertos suplementos como las vitaminas B6 y B12.

Parece que el informe sea simple y lo guíe la pura lógica pero no hay que olvidar que estas recomendaciones son sobre las que existe una verdad científica contrastada y que de seguirlas todas, las posibilidades de desarrollar un cáncer se reducirían drásticamente. Como vemos no se trata de consejos puntuales sino de verdaderos cambios vitales que deben afectar a todas las facetas de nuestra vida

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