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Raquel Merino
Málaga
Lunes, 7 de febrero 2022, 00:26
No es cuestión de tener más recursos o ser influyentes; criar a hijos que puedan en un futuro tener éxito en sus estudios, carrera profesional o, en definitiva, en su vida adulta se basa en una serie de estrategias que no requieren de habilidades especiales sino de compromiso y, seguro que en ocasiones, de una buena dosis de paciencia.
Así lo plasmó en su libro 'La fórmula: desvelar los secretos para criar niños altamente exitosos', Ronald Fergunson, profesor de economía egresado del Instituto de Tecnología de Massachusetts y, desde hace más de tres décadas, dedicado a enseñar sobre políticas públicas en la Harvard Kennedy School. Fue precisamente esta labor docente la que despertó en Fergunson la curiosidad por saber si la crianza que habían recibido sus alumnos más aventajados había tenido algo que ver con sus éxitos posteriores. Se embarcó en un proyecto en Harvard llamado 'Cómo fui criado', basado en entrevistas con sus estudiantes a este respecto. La escritora y periodista Tatsha Robertson, primera mujer en convertirse en la jefa de la oficina de The Boston Globe, le propuso volcar los resultados de su investigación en un libro. Entre los estudiantes a los que preguntaron cómo habían crecido y qué dinámica seguían sus padres a la hora de tratarlos, estaban, por ejemplo, las CEO de YouTube y de la compañía genética 23andMe.
El conocido neuropsicólogo Álvaro Bilbao ha realizado en Instagram una adaptación de las ocho estrategias que Ronald Fergunson considera como las claves de la fórmula del éxito. «Ocho cosas que los padres de estos niños hacen con más frecuencia que otros padres», apunta Bilbao:
El neuropsicólogo explica que ese juego durante los primeros años de vida hace que los niños y niñas descubran que los juegos y desafíos son divertidos y una fuente de conexión con las personas a las que quiere. «Cada momento que un niño o niña le dedica a jugar, en lugar de permanecer sentado frente a una pantalla, es un momento que está dedicando a aprender y desarollar funciones que aplicará el día de mañana».
Consiste, según Álvaro Bilbao, en indicar al niño, de manera amable, cuando se está saliendo del camino. Todo lo contrario de los padres 'helicóptero', como los califica Ronald Fergunson, que «está tan involucrados en la vida de sus hijos que no crean espacio para que desarrollen relaciones independientes, aprendan a negociar por sí mismos o identifiquen sus propios intereses».
Bilbao crea un símil con la alimentación: para que un niño o niña crezca sano y fuerte hay que llenar sus estómagos con los nutrientes necesarios. Con la mente ocurre lo mismo. El experto señala que las personas exitosas «recuerdan a sus padres regalándoles un libro, llevándolos a museos o contándoles historias con las que aprendían cosas alucinantes». Ferguson llama a este tipo de padre o madre el «compañero de aprendizaje temprano» y lo considera el papel más importante de los ocho.
Mostrándoles lo que había más allá de su casa, de su cole o de todo aquello que les resultara conocido. «Tienden a contarles cosas de otros lugares, les explican lo que hacen en sus trabajos o invitan a cenar a casa a ese amigo de otro país», apunta Álvaro Bilbao.
Nada de: ¿pero qué cosas preguntas? ¿Estoy ocupado/a? ¿No paras de preguntar? Los pequeños son curiosos por naturaleza y, sobre todo a ciertas edades, con dos o tres años, mucho más. «Dar respuestas complejas explicadas de una forma sencilla les hacer ser más curiosos y les ayuda a encontrar un propósito», explica Bilbao. Para Ronald Fergunso este es el segundo papel más importante de los padres.
Álvaro Bilbao se muestra rotundo al respecto: «Los adultos con más éxito recuerdan a sus padres como un modelo a seguir», y señala una serie de aspectos que este tipo de progenitores tienen: «se sienten satisfechos con lo que hacen, se relacionan de forma positiva con los demás y son capaces de sobreponerse a las dificultades».
«Negociar hace a los niños más inteligentes y resistentes», apunta Bilbao, porque en la vida no todo es blanco o negro, o sí o no.
Una de las responsabilidades como padres es enseñar a los hijos que «hay cosas que simplemente están mal». No solo es cuestión de que tengan sus propios principios sino de que también conozcan los valores universales. «Enseña a tus hijos lo que a ti te parezca que está mal», asegura Álvaro Bilbao.
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