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Manuel García y RAFAEL RODRÍGUEZ PUENTE
Málaga
Sábado, 20 de abril 2019, 02:01
El Viernes Santo transcurrió sin sobresaltos por el tiempo, nada que ver con lo que ocurrió el Miércoles y Jueves Santo, cuando la lluvia hizo de las suyas y privó la salida de varias hermandades y provocó el encierro precipitado de otras, en algunos casos.
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El último de los días santos, con una tarde casi de verano aunque la noche se tornó algo fresca, lo protagonizaron las hermandades del Monte Calvario, Descendimiento, Dolores de San Juan, Amor, Santo Traslado, Piedad, Sepulcro y la Orden Tercera de los Siervos de María (Servitas), además del Cristo Mutilado que, este año, protagonizó el ejercicio de las Cinco Llagas en el interior de la Catedral tras su breve salida desde la iglesia del Sagrario.
La Hermandad del Monte Calvario fue la primera en echarse a la calle y, además, en pasar por el recorrido oficial, circunstancia esta última que nunca antes había ocurrido en la historia de la corporación.
El muñidor, acólitos turiferarios y la cruz guía, flanqueada por dos faroles, salieron de la basílica de la Victoria a la hora establecida; es decir, a las cuatro de la tarde. Los nazarenos, con cirios color tiniebla, estrenaron nuevo hábito penitencial, de tergal negro, recreado en el de la Orden de los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula, bajo las directrices de Curro Claros.
Con la marcha 'Benigne Fac, Domine', adaptación del Padre Manuel Gámez, director espiritual de la hermandad, del 'Miserere' de Eduardo Ocón, comenzó a salir el grupo escultórico del Cristo Yacente de la Paz y la Unidad en su Sagrada Mortaja. La banda de música Nuestra Señora de la Soledad, de la Congregación de Mena, demostró su buen momento, pese a su corta historia. A continuación, atacó con 'Santísimo Cristo de las Siete Palabras', de Pantión.
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El magnífico trono que tallara Antonio Martín, auténtico retablo itinerante, exhibió un exorno a base de lirios morados.
Minutos más tarde hizo lo propio la Virgen del Monte Calvario, que lució su corona recién dorada, mientras que la figura de San Juan Evangelista estrenó nimbo en plata sobredorada y mantolín con bordados italianos del siglo XVIII sobre raso rojo.
La banda de música de la Paz puso los sones al trono de la Dolorosa en su sacra conversación con el discípulo amado, que llevó un exorno compuesto por rosas en piñas cónicas y 24 buqués en las anforitas de los laterales.
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La cofradía abrió el recorrido oficial por primera vez en su historia, tras el cambio del orden secuencial de las hermandades del Viernes Santo, y llegó a la Catedral, donde hizo estación de penitencia, con adoración de la santa cruz situada en el altar mayor de la basílica. Durante este momento de especial interés, y como en años anteriores, intervino la coral Santa María de la Victoria, que interpretó varias piezas sacras, como 'Crux Fidelis', compuesta por el canónigo de la Catedral, Manuel Gámez, y el 'Stabat Mater' de Kodály.
Pese a las previsiones meteorológicas, la Cofradía del Descendimiento realizó su salida procesional a la hora prevista desde su casa hermandad en La Malagueta. Las imágenes del grupo escultórico del Señor procesionaron ataviadas con ropajes de color negro y volvieron a escenificar momentos de especial interés en su recorrido que solo tuvo un pequeño retraso de unos diez minutos debido a un imprevisto surgido en la avenida de Cervantes, tras pasar delante del Ayuntamiento. Un ficus impedía el paso del trono y los hermanos tuvieron que plegar las patas del mismo para poder salvar este obstáculo y continuar su camino que no tuvo más incidencias.
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El silencio y el respeto destacó un año más en la salida procesional de los Dolores de San Juan entre el numeroso público que invadía los aledaños de la parroquia de San Juan. La música de capilla rompió durante el itinerario el mutismo de las personas que siguieron el cortejo y la saeta desde un balcón en la calle San Juan, y que estrenó la pieza 'Ruán', de José Ramón Valiño, además de los equipos completos de los acólitos. El cortejo no sufrió ningún tipo de incidencias y realizó su estación de penitencia en la Catedral.
Otra cofradía victoriana del Viernes Santo es la del Amor, cuyos tronos se pusieron en marcha a las 17.20 horas desde la casa hermandad de Fernando el Católico, mientras que el cortejo salió de la basílica de la Victoria hacia Fernando el Católico por la estrecha calle Conde de Tendilla.
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Abrió el cortejo la banda de cornetas y tambores de la Victoria y tras el Crucificado y la pequeña Dolorosa de Fernando Ortiz figuró la banda de cornetas y tambores de la Esperanza, una garantía de éxito, que interpretó 'Cristo del Amor', de Alberto Escámez, al inicio. Todo un clásico.
El trono del Cristo exhibió la restauración del arco de campana, por parte de Antonio Cuéllar, hermano de la corporación.
Y si la imagen cristífera salió con 'Cristo del Amor', la famosa composición para cornetas y tambores, en este caso, la Virgen de la Caridad hizo lo propio con su marcha compuesta por Francisco Martínez, interpretada por la Unión Musical Maestro Eloy García.
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En calle Victoria, ante el colegio de los Hermanos Maristas, hermanos mayores honorarios de la hermandad, donde se colocó un busto del fundador del Instituto, San Marcelino Champagnat, se procedió a la lectura del evangelio de San Juan, peticiones al Cristo del Amor y medio centenar de alumnos cantaron la 'Salve Regina' a la Virgen de la Caridad desde los balcones del centro educativo.
El pregonero infantil de la Semana Santa, Pablo Rodríguez, de once años de edad, dio los toques de campana al trono de la Virgen de la Caridad para entrar en la plaza de la Constitución, por donde pasó con la marcha 'El Amor Crucificado'.
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La cofradía regresó a su barrio por la Cruz Verde y Altozano, y discurrió delante de la casa hermandad de la Cofradía del Rocío antes de llegar a su sede, el mismo itinerario que hizo el Monte Calvario con anterioridad.
En la Trinidad no cabía un alfiler. El Viernes Santo se vive con intensidad cada año, no ya que es el día del Santo Traslado y de una advocación con arraigo en el popular barrio: la Virgen de la Soledad, la de San Pablo. La estrecha vinculación entre la Trinidad y la actual cofradía es ya centenaria.
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El grupo escultórico llamó la atención por su estética, al presentar las figuras secundarias con nuevos ropajes. El trono cruzó el puente de la Aurora a las 21.00 horas, camino del Centro, y quince minutos más tarde lo hizo la Virgen de la Soledad.
Abrió el cortejo la cruz guía con el sudario, seguida de la banda de cornetas y tambores del Real Cuerpo de Bomberos y la escuadra de romanos, una estampa que se repite cada año.
La Virgen de la Soledad abandonó el recorrido oficial a las 00.30 horas para poner rumbo al barrio de la Trinidad.
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La calle Alderete fue el punto de encuentro de muchos malagueños y de los cientos de visitantes que transitaron ayer por el Centro para asistir a la salida de la Piedad desde su sede, en la que también estuvieron el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y la concejala de Fiestas, Teresa Porras.
La marcha 'Virgen de la Piedad', de Perfecto Artola, volvió a recobrar sentido en el repertorio musical de la corporación en su peregrinar por las calles con la sobriedad que le caracteriza en un Viernes Santo completo de procesiones.
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La cofradía oficial de la ciudad salió a las 20.30 horas desde su sede. La marcha fúnebre de Chopin resonó en calle Alcazabilla a la salida del Santo Sepulcro entre cientos de personas que abarrotaban el espacio junto al teatro romano. Por su parte, la imagen de la Virgen de la Soledad inició su recorrido procesional a los sones de la marcha que lleva su nombre luciendo las nuevas cartelas del trono, obra de Miguel Ángel Domínguez. Un año más volvió a dejar su impronta por las calles de la ciudad en una procesión en la que participaron las autoridades civiles y militares en la presidencia.
El punto y final al Viernes Santo lo puso la Orden Tercera de los Siervos de María, un cortejo que no deja a nadie indiferente con sus peculiaridades. En su salida, desde la parroquia de San Felipe Neri, a oscuras, la soprano Arantxa Velasco cantó el Stabat Mater, acompañada a piano, en ofrenda a la Virgen de Servitas desde el Museo del Vidrio. El reloj marcaba las 22.45 horas.
Abría la comitiva fúnebre dos tambores roncos. 42 portadores llevaban a la Dolorosa en su trono de carrete, dirigido por Sebastián García-Alarcón Jiménez.
El cortejo, que entró en Larios a las 00.30 horas, incluyó en su regreso la vía estrecha de la calle Santa María para girar hacia Sánchez Pastor y buscar Granada, camino de Santa Lucía y vuelta a San Felipe.
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