Las cotorras argentinas pasan en bandadas sobre sus palmeras. El ruido es escandaloso, pero queda poco para que acabe. El sol se va poniendo, sin ... aplausos de despedida como en otras playas. No es ni mucho menos el único oasis que hay en las playas de Torremolinos. Ni siquiera del arenal de Los Álamos, pero es uno de los más buscados a partir del ocaso en verano.
Publicidad
Es el momento en el que la playa comienza a hacerse larga a los adultos y apetece terminar un largo día con unos espetos y un poco de 'pescaíto' frito. La energía de muchos pequeños parece no tener límite en esta época del año. Lo saben sus padres, que ven de repente una solución en este oasis de césped y palmeras situado entre los restaurantes José Cerdán y Habla Pez –curioso nombre este último, por cierto–. Si sólo fuera por la vegetación, pasaría desapercibido, porque son muchos los que se pueden ver en el litoral de toda la provincia de Málaga. Pero éste tiene justo al lado un entretenimiento extra para los niños que aún tienen las pilas cargadas.
Allí, a tan sólo unos metros de las palmeras, que alargan su sombra en sentido contrario, hay una verdadera gymkana que se convierte en un refugio para los pequeños, mientras esperan la hora de la cena o antes de despedirse de la playa.
En Google Maps algún usuario anónimo quiso bautizarlo como el parque de las dominadas de Los Álamos, ya que allí hay un mobiliario diseñado para hacer ese desafiante ejercicio físico. Y con ese nombre oficioso se ha quedado.
Publicidad
Algún mayor se atreve, pero el reto es grande. Hay presión de niños con sus padres que quieren probarlo también. También hay menores que no están acompañados, pero sí supervisados desde una distancia prudencial desde las mesas de algunos de los chiringuitos próximos. En estas tardes noches del verano torremolinense los emplazamientos más próximos al oasis están muy cotizados. Sólo los que repiten en esta zona del arenal, advierten la necesidad de estar próximos a esta zona recreativa y física. O al menos, con una visión directa.
Salvo el mobiliario destinado a hacer las desafiantes dominadas y a hacer un corto paseo aéreo sobre la arena con la única ayuda de las manos, el resto de este pequeño espacio de recreativo lo pueden hacer los niños a partir de cinco o seis años en solitario.
Publicidad
Mantener el equilibrio y escalar por un pequeño rocódromo son algunos de los retos que aguardan a los pequeños. Si se caen, lo harán sobre la arena. Es poco probable que tengan torceduras o roturas, pero más de un padre o una madre piensa en el caudal de arena que terminarán depositando en la parte trasera de los coches. Desde sus bolsillos o desde el pelo o desde las orejas. Habrá muchas fuentes de arena. Pero el entretenimiento de los niños mientras se elige una carta repleta de tentaciones como el espeto o se escucha alguna sugerencia de la cocina tiene un precio.
Los niños acuden tras un gesto a la mesa a devorar el 'pescaíto' frito. Falta una caracola soplada por un padre para hacer más épico el momento. Es sólo una pausa, porque la mayoría suele volver a hacer el intrépido sobre el arenal de este oasis de Torremolinos. Siempre queda alguna asignatura pendiente.
Publicidad
La noche se alarga. Los más precavidos adelantan los problemas que llegarán. El momento de decirles que hay que irse. O que esta vez no hay helados de postre. La ducha al llegar a casa después de que se hayan quedado dormidos. Pero, hay que disfrutar el momento porque todos, mayores y pequeños, tienen su tiempo en este oasis de los Álamos.
Frente a este espacio de aventuras nocturnas y estivales, hay un hotel donde la única preocupación de los clientes es llevar puesta una pulsera. «Quien estuviera ahí ahora», suspira un progenitor. Algún recepcionista puede contar anécdotas de padres que han pedido entrar junto a sus hijos para el último hito del día. La solicitud es casi siempre desestimada.
Publicidad
La velada va dando sus últimos coletazos al ritmo de bostezos que delatan cansancio y sueño. Lejos quedan ya las expectativas de ir a esos bares de copas a pie de playa que tanto esplendor han dado a los Álamos en las dos últimas décadas. Al mismo tiempo, han ido reduciendo el número de chiringuitos tradicionales, donde no se doblan sino se triplican o cuadruplican las mesas gracias a los distintos horarios que tienen la mayoría de turistas extranjeros.
Suscríbete durante los 3 primeros meses por 1 €
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Publicidad
Te puede interesar
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.