Esta poza de aguas azuladas se encuentra justo debajo del kilómetro 142 de la AP-7. J. A.
No te olvides la toalla

La charca de la Mina, la playa fluvial que está bajo una autovía y tiene hasta sombrillas

Miércoles, 21 de agosto 2024, 00:17

No es la más conocida de las playas fluviales de la provincia de Málaga. De hecho, como tal se ha incorporado esta temporada, ya que ... hasta hace unos meses esta zona del río Manilva estaba algo descuidada y con una vegetación que protegía parcialmente la vista a la poza. Se trata de la charca de la Mina, situada en el término municipal de Manilva.

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Esta localidad de la Costa del Sol es conocida por su franja litoral, en la que puede presumir de tener una zona catalogada como reserva ecológica. A ello hay que unir el extremo más occidental de la costa provincial, Punta Chullera, desde donde se avista perfectamente el Peñón de Gibraltar.

Ahora, a esos encantos litorales, ha unido este verano esta playa fluvial, adecentada por el Ayuntamiento para su aprovechamiento. Allí, se han instalado varias sombrillas, como las que puede haber en muchos chiringuitos malagueños. Eso sí, no hay hamacas. Una opción es llevarse una portátil desde casa, porque el aparcamiento, aunque no con mucha capacidad, está justo al lado.

La toalla también vale, pero hay que tener en cuenta que no es la arena fina y cómoda de otros puntos de la costa andaluza. Pero, a caballo regalado no hay que mirarle el diente, porque con este enclave tranquilo, junto al río Manilva, nadie contaba hasta hace muy poco.

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Este enclave ribereño, que puede presumir de tener aguas sulfurosas, está junto a un restaurante con minigolf

Además de sombrillas, tiene otro mobiliario que, seguramente, aprovecharán muchos visitantes, unas mesas con bancos de madera, que son idóneos para comer, tomar un tentempié o echar una partida distendida a un juego de mesa. Además, hay un valor añadido que la diferencia claramente de cualquier otra playa fluvial de Andalucía. A pesar de que haya quien tuerza la cara al ver un agua turbia, hay que alegrarse de que esté así, ya que esa tonalidad ligeramente azulada se debe a que parte de su caudal está alimentado por el manantial de los Baños de la Hedionda. Éste está situado apenas seiscientos metros, aunque, eso sí, ya no está en Manilva, sino en su vecino Casares. En cualquier caso, ambos lugares están unidos por el Camino de los Baños, que discurre en paralelo junto al propio río.

Si alguien tiene la tentación de improvisar en pleno verano una visita a manantial de La Hedionda, debe tener en cuenta que el acceso en temporada estival se hace bajo reserva previa.

Sin embargo, para la playa fluvial de la charca de La Mina no hay ninguna restricción de momento. No en vano, es todavía uno de esos lugares relativamente tranquilos, quizás porque no está tan difundido por su reciente incorporación como destino veraniego. Hay algún pero que conviene matizar para quien, leyendo estas líneas, esté deseando preparar una excursión para el día siguiente, antes de que se convierta en una poza abarrotada.

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La charca de La Mina está justo debajo de uno de los puentes más elevados de la AP-7. En concreto, está en torno al kilómetro 142 de la autopista de peaje que vertebra la Costa del Sol Occidental como alternativa tan rápida como dolorosa para el bolsillo. Hay quien a esta ubicación le puede parecer un gran inconveniente. En primer lugar, por el ruido del paso de los vehículos. Sobre todo se nota cuando transitan camiones o autobuses. Otra objeción importante es la gran sombra que traslada hasta la poza, que lógicamente, irá cambiando a lo lardo del día. Los que quieran broncearse tienen un obstáculo gigante de hormigón que les puede hacer decantarse por otro destino. Sin embargo, también vale verlo desde un lado más optimista, y ver esta sombra como un aliciente en días en los que se hace muy largo pasar horas al sol.

De todas formas, siempre está la poza de La Mina para darse un chapuzón, aunque tenga un aroma leve a azufre. O a huevo podrido, como también se afirma popularmente. La poza es alargada y, como cualquier piscina comunitaria, tiene varias alturas. Incluso, algo más arriba, pero sin abandonar esta propia playa, hay unas pequeña represas que pueden ser idóneas para los que sólo quieran remojarse los pies. O para los que están dando sus primeros pasos.

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Como otras playas malagueñas, esta fluvial cuenta con un establecimiento de restauración justo al lado, Román Oasis. Allí, además de comer bien, ya sea a base de tapas o de raciones, se puede pasar un agradable rato disfrutando con la práctica del minigolf. Pero, ojo, para los que vayan entre semana, porque cierra los miércoles.

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