Cuando se piensa en acantilados en el litoral de Málaga, siempre se vienen a la cabeza los de Maro. O incluso también los que unen ... a La Cala del Moral y Rincón de la Victoria, el conocido como Cantal Bajo. Pero, también hay zonas abruptas que rompen tópicos en la Costa del Sol Occidental.
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Una de ellas es la que aguarda en el tramo situada entre Torrequebrada y Torremuelle, en la costa de Benalmádena. Sí, entre atalayas costeras con siglos de historia que ya apenas pueden ver el Mediterráneo, porque están rodeadas de ladrillos contemporáneos.
A diferencia de otras torres vigías, éstas se encuentran en zonas bastante elevadas, desde donde divisaban perfectamente buena parte de esta franja costera malagueña. Hoy hay que dar bastantes vueltas para ver la de Torremuelle, que gracias a su color original, al menos destaca entre casas blancas.
Más complicado es ver la 'torre quebrada' que ha servido para dar nombre a una playa, a una urbanización e incluso a uno de los casinos más célebres de la historia de la Costa del Sol. Eso sí, hoy está en una discreta segunda línea de playa, algo deteriorada por el paso del tiempo. Allí, sobre un pequeño cerro, dentro de una zona residencial, parece asomar la cabeza para que le dejen disfrutar del fondo azul del mar. Apenas lo consigue.
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Lo de las torres sirve para acotar esta zona acantilada de Benalmádena donde se encuentra un tramo custodiado por grandes formaciones rocosas. Allí hay algunas playas de ésas que son idóneas para convertirlas en postal. Es el caso de la de la Viborilla. A pesar de su nombre, los ofidiofóbicos no tienen mucho que temer porque por allí no se dejan ver ni serpientes ni culebras.
Sí, hay, sin embargo, una pequeña cala, donde se puede alquilar una hamaca para echar un buen día y rematarlo con un almuerzo o incluso una cena en algunos de los restaurantes situados justo encima. Pocas terrazas ofrecen perspectivas como las que hay en Trocadero o La Viborilla. En este último hay quien incluso va a desayunar antes de la playa.
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Los que quieran ir con su toalla y sombrilla conviene que vayan relativamente temprano. No sólo para aparcar relativamente cerca (preferentemente en la avenida Estrella del Mar) sino para no tener que conformarse con colocarse en la zona más pedregosa de esta bonita cala. Porque, eso sí, en todo este tramo situado entre Torrequebrada y Torremuelle no aguardan espléndidas calas de arena fina y clara.
Las aguas sí suelen ser cristalinas, salvo algún temporal que se empeñe enturbiarlas en algunos días. Muchos se fijan allí en un trozo de madera que parece emerger de un roquedal situado ya de orilla para adentro. Incluso tiene su sitio en Google Maps. Alguien lo bautizó hace años como 'Árbol en la roca'. No estaba aquel día para metáforas imaginativas.
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Pero, la Viborilla es sólo una de las opciones que ofrece esta zona acantilada de Benalmádena. Hay mucho más, desde la extensa playa de las Yucas hasta la naturista conocida popularmente como Benalbola. Es un nombre tan oficioso como metafórico, lo contrario que el árbol entre rocas.
Esta cala, oficialmente conocida como Benalnatura, cuenta incluso también con un chiringuito donde salvo los trabajadores, todo el mundo tiene que ir desnudo, si quiere que le sirvan. La playa, que está contigua a la de la Viborilla, también está resguardada por acantilados. Para llegar hasta allí hay que bajar bastantes escaleras. Hay advertencias para que nadie se haga el sorprendido. Incluso en la franja elevada de la Senda Litoral de Málaga, que pasa justo por encima, se recuerda que hay que abstenerse de hacer fotos y vídeos.
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Benalnatura también es conocida porque hace ya siete años un temporal de primavera llevó hasta allí a una curiosa plataforma marina, que quedó encallada a tan sólo unos metros del maltrecho arenal. Aquella estructura flotante, bautizada como Agronauta, no tuvo otro sitio mejor al que ir. Aquello dio lógicamente para muchos chistes.
Pero más allá de esas anécdotas del pasado de esta playa naturista. Allí, hay también un trepidante recorrido para pasear a primera hora de la mañana o a última de la tarde para ver la puesta de sol, que no es tan idílica ni se aplaude como en algunos sitios de la costa oriental andaluza.
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Escaleras hacia arriba y hacia abajo (salvo las de Benalbola, a menos que se vaya con la mente abierta para disfrutar del naturismo). De este modo, se hace un bonito recorrido peatonal desde Torremuelle hasta Torrequebrada, aunque en algún tramo hay que encaminarse junto a la avenida del Sol, que va en paralelo a la playa.
Así se llega a los pies del casino de Torrequebrada, donde hay un paisaje muy antropizado, con mucho cemento, con un espigón tentador para hacer fotos de la costa e incluso sillas fijadas al suelo que sustituyen a los bancos de toda la vida.
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