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El último baile de las Gitanillas

Ignacio Lillo

Málaga

Miércoles, 22 de julio 2020, 09:43

Vuelven a bailar las tres Gitanillas entre los chorros de la fuente en la glorieta del maestro Alcántara, y Málaga cierra un ciclo crucial de su historia reciente. Poco importa que en realidad el metro todavía no llegue al Centro Histórico bajo tierra, cuando hemos pasado diez años, diez, con la avenida de Andalucía empantanada; y catorce años, catorce, desde que se ocupó el primer tramo de calzada para excavar el túnel en las inmediaciones del Martín Carpena. Tan pocas alegrías hay en la casa del pobre que celebramos la reurbanización del entorno de El Corte Inglés como un hito, que lo es, aunque debió serlo muchos años antes.

Es de bien nacidos ser agradecidos, y el actual equipo al frente de la Consejería de Fomento de la Junta, la dirección de las obras y las constructoras Sando y Acciona han hecho un trabajo ejemplar al devolver a la vida este eje en el plazo justo y necesario, y con una calidad de la urbanización al nivel del lugar que ocupa. No debería serlo, pero en Málaga estamos tan poco acostumbrados a que las cosas se hagan bien y a tiempo que esta excepción es digna de elogio, y la mayoría de los ciudadanos valoran el esfuerzo. No era fácil, pues de lo contrario lo habría sido en los ocho años y medio anteriores, en los que dio tiempo a que crecieran palmeras washingtonias (ya de un porte considerable) en las grietas del descampado. Habría sido bonito que las intentaran recuperar para el flamante ajardinamiento de las isletas y medianas, aunque sé que es difícil que agarren tras el trasplante.

Más allá de la efeméride, los actuales gestores de Fomento han sabido ver lo que otros no vieron antes, y es la profunda carga simbólica que este paso tiene y tendrá, y que es muy necesario para lo que queda de desarrollo de la infraestructura. Al priorizar la reurbanización sobre la conclusión misma de los túneles, el proyecto del metro, vilipendiado tras años de retrasos y afecciones, entra en una nueva dimensión social. Ahora, tarde más o tarde menos, ya sólo traerá buenas noticias, en la medida en que ha dejado de ser un problema (urbano) para convertirse en una solución (de movilidad).

El último baile de las tres Gitanillas, al son de los versos del maestro Alcántara, anuncia que la llegada del primer convoy del metro a la Alameda Principal está muy cerca. Ese día, Málaga entrará en una dimensión de ciudad que muchos todavía no son capaces de imaginar.

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