El vestuario es lo peor del verano. Dice Sergio Sancho, director de la Feria de Arte de Ibiza, que «poder ir en clanclas y traje ... de baño a una feria de arte es un plus». Será un pus. Discutía el otro día con Sergio del Molino y Guillermo Altares, partidarios del pantalón corto y el calzado dejado de la mano de Dios, pero no de los franciscanos, sobre mi intolerancia a los señores con pantalón corto. ¿Por qué tengo que aguantar la pierna peluda de un señor a mi lado en un avión? ¿Y la de una mujer? Es que no suele ser peluda. Pero por mí podían ir también tapaditas y con calzado cerrado (odio las sandalias del tipo que sean, Birkenstock o Blahnik, tanto como los mercados al aire libre). Y amárrame los pavos, que según cuentan los periódicos hay fiebre por los muslos masculinos. Sí, por los de John-John Kennedy en Cape Cod. No me idealicen a los señores con pantalón corto. Y claro que mejor cortísimo que pirata. Pero eso debería estar penado.
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