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Esta ciudad bella, tecnológica, moderna, deseada y envidiada, la de todos –propios y extraños– los que hacen malabares por conseguir una vivienda para disfrutar de ... su clima privilegiado y su ambiente festivo perenne, sufre sin embargo algunas situaciones surrealistas. Situaciones, por otra parte, que son preocupantes y que advierten de las debilidades de una ciudad grande con los cimientos demasiado finos como para soportar el precio de su propia fama.
Viene todo este rollo al hilo de la situación rocambolesca, de chiste si no fuera tan patética, que se vivió en el puerto hace pocos días. Sólo les diré que en el fin de semana del estreno de una nueva línea marítima entre Málaga y Tánger, no se pudieron mover las mercancías ni el sábado ni el domingo porque no había funcionarios para hacer las labores paraduaneras, de vigilancia sanitaria, de calidad, etc.
El de Málaga se ha convertido en el puerto de Larra, sólo que en vez de «vuelva usted mañana», directamente le decimos a los barcos que ya si eso, el lunes. La empresa malagueña que ha montado este servicio no pudo más que asistir con indignada resignación al desfile de camiones con destino a Algeciras y a Motril. Y junto a ellos, los estibadores, que no pasan precisamente por sus mejores tiempos, y que perdieron una carga de trabajo muy valiosa.
No voy a criticar que las otras dos radas andaluzas sí tengan funcionarios para poder comerciar con Marruecos de lunes a domingo: Algeciras por derecho propio, porque es el principal puerto de España; y Motril porque lo ha peleado, y olé por ellos. Pero lo que no cabe en ninguna cabeza es que Málaga no los tenga, y para mover los productos que consume una metrópoli de 1,5 millones de habitantes haya que ir a cientos de kilómetros en camiones, teniendo los muelles justo en el centro de la Costa del Sol.
Durante el fin de semana y hasta el martes por la mañana los teléfonos de los despachos ardieron, y en una reunión ayer a primera hora de la tarde, la Subdelegación del Gobierno, que es de quien dependen estas tareas, estableció una solución provisional y temporal, de manera que este próximo sábado y domingo sí que se podrá trabajar, aunque con ciertas limitaciones, a la espera de contratar a un funcionario más para reforzar estos servicios.
En algún momento se nos ha olvidado que, más allá de los cruceros y las obras magníficas, el puerto es una infraestructura que sirve para mover personas y mercancías de unas costas a otras. Si perdemos de vista los fundamentos de nuestra esencia, de la Málaga fenicia, comerciante y marinera, nada más tendrá sentido.
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