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Mazón aún no había nacido
A la última ·
A veces come en el Ventorro y a veces está en su despacho, a veces se pide el menú del día y a veces se enfrasca en reuniones personalesSecciones
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A la última ·
A veces come en el Ventorro y a veces está en su despacho, a veces se pide el menú del día y a veces se enfrasca en reuniones personalesUn viejo refrán ruso dice que es más difícil predecir el pasado que el futuro. ¡Y eso que no conocían a Mazón! El futuro de ... Mazón es bastante predecible; no hace falta acudir a la bruja Lola para adivinar que ya tiene puestas dos velas negras y que su desplome definitivo es cuestión de tiempo y tozudez. El pasado de Mazón, sin embargo, se va escribiendo sobre la marcha. Es múltiple e inextricable, un laberinto de posibilidades, un jardín borgiano de senderos que se bifurcan. A veces Mazón come en el Ventorro y a veces está en su despacho, a veces se pide el menú del día y a veces se enfrasca en reuniones personales, a veces está en shock y a veces dirige las operaciones por teléfono, a veces se planta a las siete en el Cecopi y a veces no llega hasta las ocho y media... ¡El gato de Schrödinger llevaba una vida más ordenada y previsible! Estamos a dos días de que nos diga, estupefacto, que cuando pasó esa movida de la dana él aún no había nacido.
Hay algo cuántico en Mazón, una confusa cadena de incertidumbres que disuelven el espacio-tiempo, pero también algo muy medieval. La agenda de Mazón se está convirtiendo en un palimpsesto, una sucesión de borrados y reescrituras que nos retrotrae a las épocas más brillantes de los monasterios románicos, cuando los monjes reutilizaban antiguos pergaminos para escribir encima nuevas plegarias. Si uno aguza la vista, aún es posible descubrir en esos códices la huella de olvidadas caligrafías; quizá en la agenda de Mazón suceda lo mismo y no descartemos que se encuentre bellamente iluminada, como aquellos Beatos de Liébana con los que, en el fondo, comparte género literario: todos son comentarios del apocalipsis.
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