'Nostalgia' del Café
INTRUSO DEL NORTE ·
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INTRUSO DEL NORTE ·
Hay que pensar qué ciudad queremos sin el CentralSe ha ido el Café y me da la 'nostalgia' de Juan Ramón. Primero fue el anuncio, después los azulejos, y después la muerte y ... el fundido a negro. El Café Central, sí, la referencia de los cafés no solo en Málaga, también en el resto de España donde aquella nomenclatura que empezaba en las nubes iba a los cielos y espabilaba al ciudadano. Yo fui niño al que le compraban chocolatinas Nestlé en el Central, quizá en las noches frías de Miércoles Santo. Y tengo ese recuerdo junto al cartelón de la marca de bombillas que le ponía a la plaza de la Constitución ese temblor de Puerta del Sol. Se nos ha ido el Café Central mientras el sida chino y sus miserias colapsan los hospitales, los ambulatorios, con la sintomatología y sus burocracias. Yo te he dicho mucha veces, 'Lupo', perro mío, que cuando era un paseante miraba siempre el Café Central. Con su atmósfera cercana de limpiabotas y jóvenes que salían de la academia de estudiar algo como de Contabilidad u Ofimática. El Café siempre estuvo ahí, como un Faro de Alejandría para el malagueño, como el otro polo del Zaragozano. Y entre ambos, la Historia, esa Historia que se hacía más mayúscula cuando era Semana Santa. Allí Arturo Pérez-Reverte hizo un viejo tratado de Sociología española mirando el calzado del ciudadano que pasaba por delante del Central. Y su Teresa Mendoza se escapaba de chicanos malos por su puerta. Insisto que por allí pasaban las del romero, Antonio el Calé, el que contaba que le intentó vender la Catedral a un guiri y que nos dejó hace poco y el de «ay qué ricas». También el Rai y otros personajes que el maestro Antonio Soler trató magistralmente en SUR. Acuérdate, lector, del Chinitas cercano y del 'Cantinero de Cuba' mal cantado pero convertido como en el canto del almuédano de la ciudad.
He dicho que el Central era el Faro de Alejandría y me gustaría quedarme con esa expresión, faro de costa; una garantía de que la ciudad que tanto se ha expandido y se expandirá a lo alto (ojalá) tenga sus rincones típicos. Se nos está yendo eso, la esencia que dice Jaime Moreno, Esenncio en lo sucesivo. Las franquicias están bien, sí, pero para los nuevos barrios. En realidad perder la idiosincrasia da pena. Uno es urbanita y ha visto en ciudades cercanas, pongamos que hablo de Madrid, cómo unos argentinos que se han puesto a buscar el casticismo de aquella manera. Así no, que diría Pedrerol. No, porque la ciudad bravía tenía sus esquinas cotidianas que nos daban siempre un espejo de quiénes fuimos y a dónde vamos. La lágrima por el Café Central está justificada: siempre nos quedarán El Pimpi Florida -cuando la inmunidad de rebaño- y la terraza del Teorías.
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