Golpe de dados

El mundo al revés

ALFREDO TAJÁN

Viernes, 28 de febrero 2025, 01:00

La vida es un transatlántico que se hunde lentamente. Puerto final con rumores extraños, y quizás, según el caso, dulces o estridentes melodías. La vida ... es un paquebote desanudando nudos en mitad del océano donde flotan icebergs asesinos y un buque fantasma llamado muerte: el final del principio o el principio del fin. La existencia es un fondo abisal que empieza en una cuna, orlada o no, y finaliza en un tanatorio con más o menos rosas, alguna orquídea mustia y un responso delirante que muy poco tiene que ver con las antiguas creencias, amores, intereses o lecturas del difunto. El final del trayecto viene escoltado por un amasijo de penas y glorias, fenecidas también, pero nunca olvidadas los banquetes de bautizos, bodas, funerales y esas facturas inclementes que te endosa la comercializadora de luz sin reparar en el aplastamiento. La vida es un crucero hacia ninguna parte, es el mundo al revés: estaciones de lluvia bajo un sol de justicia, risa desesperada del amante celoso que sospecha del viento inmóvil, del silencio estridente, del desorden acuático en Kalahari. La vida no perdona errores en el puente de mando y su hermosa grafía va dejando una estela de espuma hacia ninguna parte, como flota militar que huye tras su derrota por un tiempo concéntrico, absoluto, el maldito tiempo nos atrapa y nos convierte en náufragos: cadáveres varados cuando hay marea baja. Insólita, sin ir más lejos, la inversión de lo público en privado, y viceversa, los continuos vaivenes de la manipulación para mantenerse a flote. Ya lo decía un catedrático de derecho político: la política nacional es una impresentable jauría de perros rabiosos mientras el orden internacional es un amable antifaz del poder, el resto, depende de la buena voluntad de las naciones. Y ya ni eso. Echemos una ojeada el paisaje mundial, escenario pintado con brocha gorda. El mundo al revés: Donald Trump se ha convertido en amante putativo de Vladimir Putin -como lo fue Stalin de Hitler-, y el ex sandinista Daniel Ortega, víctima del síndrome de Estocolmo, recuerda a su antiguo archienemigo Anastasio Somoza. Ya ni hablemos del infame Maduro, que sigue en la poltrona, erre que erre, o el surrealista mandatario argentino, alabado por la motosierra estafadora de las criptomonedas, o de la República Popular China, que parece cumplir aquella profecía de Napoleón: «Cuando China despierte el mundo temblará», espero que el ensueño chino prosiga en la competición económica y no invada Taiwán -la antigua isla de Formosa, que, por cierto, fue brevemente española-. La vida es un 'Titanic' en la que perviven la primera, segunda y tercera clase. Y los polizones. Sin embargo, todos nos vamos, antes o después, al mismo sitio.

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Suscríbete durante los 3 primeros meses por 1 €

Publicidad