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Ya debería correr la cuenta atrás para la noche del 28A. Parece eterno el tiempo que queda -este viernes, la jornada de reflexión y la propia de votación- para despejar tantas incertidumbres. Aunque la campaña ha sido la más decepcionante que recuerdo, el desenlace, lo que nos jugamos como sociedad, será contundente, implacable.
La primera gran incógnita es hasta dónde va a llegar la ola de Vox y, de paso, cuánto se van a comprometer los avances que hemos conseguido, si van a imponerse las ideas racistas, xenófobas, antifeministas, de la formación ultra. Tras su eclosión en Andalucía, los demás partidos de derecha, PP y Cs, rechazaron tender un 'cordón sanitario' porque le necesitaban para derrocar al PSOE, pero ahora les pueden comer la merienda. Mucho tiempo se ha perdido en debatir acerca de si era mejor ni mencionar al partido extremista, como la avestruz que esconde la cabeza para no ver el peligro, pero, en fin, quienes más alas han dado a los de Abascal han sido sus más directos rivales, que asumieron sus (supuestos) planteamientos y les magnificaron. Habrá que analizar despacio por qué votantes desencantados, despegados del sistema, que se sienten timados, siguen a un líder que ha vivido de las 'mamandurrias' (sic) de Esperanza Aguirre y lo más oscuro y turbio del 'establishment'. Es una extrema derecha cañí, mucho más dura y hosca que el lepenismo francés, que ha ido abandonando posiciones como el negacionismo del holocausto o la salida de Francia de la UE, y da más miedo.
La segunda cuestión es cómo van a quedar estas llamadas 'primarias' a la diestra. El liderazgo de Casado del PP se puede ver en un serio aprieto por un mal resultado. El joven presidente popular se enconmienda a los santos que concedieron a Juanma Moreno la Junta andaluza. Si sus plegarias no son atendidas, y el partido se ve abocado a un ERE monumental, le crecerán los enanos.
La batalla en la derecha no hará prisioneros y de nuevo se cierne la sombra de Francia, donde los conservadores quedaron emparedados entre Le Pen y Macron, después de que su candidato Fillon se viera inmerso en un escándalo de corrupción, mucho menor de lo que aquí se estila. La 'Gürtel' aún tiene que pasar factura. Habrá que ver, en este espectro, si Rivera logra erigirse en el líder de la oposición, que es lo que muchos creen que persigue, o queda por detrás de Vox.
De rebote, no se puede descartar que esta pugna tenga efectos en la coalición de gobierno andaluza. Un Vox crecido, dispuesto a poner al cobro su apoyo, colocará en un aprieto a una alianza Moreno-Marín dificultada por la rivalidad de sus mayores.
En la izquierda las cuestiones a resolver no suscitan menor interés. ¿Qué efecto tendrá este 'nuevo' Pablo Iglesias? El talante zen del líder de Podemos ha gustado más de lo que nadie quiere reconocer. Mientras, Sánchez no debe relajarse, sino aprender la lección de Susana Díaz, que se confió demasiado. Ahí se abre otra gran pregunta: ¿cómo va a actuar Ferraz con la baronesa andaluza? ¿Cuánto tardará en hacerlo?
Ah, que pase pronto este domingo, que tenemos mucho que contar.
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