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Perplejo se queda el ciudadano y el visitante cuando hace unos meses no había ni agua en las duchas de las playas ni para enjuagarse ... los pies y ahora la estampa más frecuente es la de pantanos desembalsando porque no hay forma de almacenar ni trasvasar este recurso tan preciado. Es la estampa de la vergüenza la de esas compuertas abiertas de pantanos claves de la provincia tirando una cantidad de agua que a buen seguro en pocos años la echaremos en falta y clamaremos al cielo por una sequía que pone en la picota a dos sectores clave como son el turismo y la agricultura. Un desperdicio que es difícil de explicar y que sólo se justifica en la desidia año tras año de las administraciones competentes a las que luego se les llena la boca de añadir la palabra sostenibilidad a cualquier estrategia. Complicado va a estar, cuando de nuevo falte la lluvia, instar a los residentes y a los turistas a que tomen conciencia de que es un bien escaso que hay que cuidar o usar con moderación cuando sólo el agua desembalsada ya en La Concepción supera más de lo que se consume en los meses de temporada alta de julio y agosto en la Costa del Sol. Eso sin olvidar el riesgo de que tras las alertas por precipitaciones de las últimas semanas vuelvan a meter en los cajones las mil y una iniciativas que hasta hace unos meses estaban sobre las mesas de las diferentes administraciones para luchar contra esos periodos en los que las imágenes dominantes en los medios de comunicación son las de camiones cisterna repartiendo agua o de embalses con el lodazal resquebrajado por el sol. Es hora de plantearse con seriedad y, sobre todo, con responsabilidad, la necesidad de llevar a cabo un plan urgente para evitar este despilfarro de unos recursos hídricos que son vitales y para garantizarlos cuando las lluvias nos abandonen por un largo periodo. No es de recibo que en estos tiempos que corren y con los avances tecnológicos sea una asignatura pendiente desde hace décadas un plan hidrológico con sentido común. Y no vale con la letanía de que se trata de inversiones millonarias y complicadas de ejecutar. Tampoco vale la excusa de que son actuaciones que requieren de muchos años porque llevamos así toda la vida y hubiera dado para tener en marcha más de una. El problema de ahora y de siempre es el mismo. Mientras llueve no duele en prenda abrir compuertas sin que se remuevan conciencias y cuando el ciclo es seco nos acordamos de todo lo que hay que hacer y no se ha hecho para evitar las consecuencias de la falta de precipitaciones. Llueve sobre mojado.
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