VIOLETA NIEBLA
Lunes, 6 de enero 2025, 01:00
Llevo días, incluso desde antes de año nuevo, dándole vueltas a cuál podría ser mi propósito para 2025. Se lo conté a Ángelo: podríamos abrir ... una ficha en Excel con propósitos por meses, como en los objetivos de las fichas cuando jugábamos al rol. ¿Te acuerdas? Dos o tres objetivos grandes al final de la temporada. Podríamos marcarnos uno pequeño cada mes, algo asequible, que nos sirviera como escalón hacia el objetivo final, hacia el premio gordo: no solo ganar la partida, sino triunfar en toda la temporada.
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Pero antes de abrir esa ficha, necesito pensar. Mucho. Porque no son solo doce miniobjetivos y uno grande al final; es algo más profundo. Primero tengo que definir bien mi personaje, el de la vida real. ¿Quién quiero ser este año? ¿Qué quiero?
Es curioso cómo cambia esta pregunta con el tiempo. Era muy fácil responder cuando jugábamos a rol y todo estaba claro. Guillermina, aquella monja mala del Palmar de Troya, sabía exactamente lo que quería: tirar por sedación o por exterminio, rápido y sencillo. Sus objetivos eran claros, casi cinematográficos: Madre del mal: averigua el oscuro origen de tu madre Azucena, o El final de las hermanas del mal: descubre todo lo relacionado con tu origen biológico y tu familia. Claro, tengo que decir que la ficha me la rellenaba el máster; yo solo tenía que cumplir órdenes. Pero cuando me lo pregunto a mí misma, en la vida real, la respuesta no es tan evidente.
No se trata de lo que quiero para los Reyes (justo lo que estaréis haciendo hoy: ir de casa en casa y abrir los regalos que habíais pedido). Se trata de algo mucho más trascendental: ¿qué quiero que cambien en mi vida este año?
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Cada vez el peso de esta pregunta se hace más grande, más denso. Y ya no me sirven los clichés de siempre, esos que repetimos hasta el cansancio: el cuerpo, los hábitos, leer más, comer mejor, dormir más horas. Hay algo en esas metas que, con el tiempo, deja de resonar. Quizá porque al alcanzar cierta madurez te das cuenta de que hay cosas que no vas a cumplir. Y no pasa nada.
Pero entonces, ¿qué quiero? ¿Qué merece estar en esa ficha de Excel, esa hoja virtual que marcará el ritmo de mi año? No tengo aún la respuesta, pero sospecho que la clave está en hacerle las preguntas correctas a ese personaje que llevo dentro y que es el que saco a la calle a jugar a diario. Porque puede que no se trate de ganar la temporada, sino de saber rellenar la ficha. Quizá me conformo con eso: acertar con las preguntas, responder las que pueda y quitarle un poco de peso a esto y cogerle el gustillo a ir por la vida, y por el juego, con cierta ligereza.
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