La pandemia del Covid-19 evoluciona como una tormenta perfecta en la travesía del Cabo de Hornos, obligándonos con cada nuevo embate a correr despavoridos ... ante la incapacidad de los tripulantes para acertar con algún giro del timón. La de la obesidad infantil es una pandemia distinta, que actúa como la plaga que arruina silenciosa los brotes de una siembra y que terminará privándonos de la cosecha, en este caso, de nuevas generaciones que disfruten de salud, algo vital para plantearse un futuro individual o colectivo. La obesidad también es 'contagiosa' si vivimos en ecosistemas insanos a muchos niveles, donde nuestros niños y niñas se socializan entre mensajes que dicen que la felicidad está en un bocado, un sorbo, un lametón de este u otro producto. El estado de emergencia provocado por la tempestad Covid-19 ha hecho que pase desapercibida una noticia que supone un pequeño avance en la lucha contra la obesidad infantil: la prohibición, por parte del Ministerio de Consumo, de los anuncios de alimentos no saludables dirigidos a menores de 15 años a partir de 2021. ¿Por qué supone un avance? Porque hasta ahora se permitía que fuera la propia industria alimentaria la que se acogiera o no al código de autorregulación de la publicidad de alimentos dirigida a menores (Código PAOS), lo cual, a todas luces, no servía de mucho. Un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche, centrado en 3.000 alimentos disponibles en el mercado español, concluye que de los 563 alimentos dirigidos específicamennte a niños y adolescentes, el 97% se clasifica como no saludable por exceso de grasas, especialmente saturadas, azúcares libres y sal. La norma recién aprobada impedirá que estos productos se 'vendan' a los peques en espacios y horarios dirigidos a ellos, una batalla ganada en la guerra contra una pandemia que seguirá aquí cuando se haya ido la que no nos deja mirar a otro lado.

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