Sandro, en un gesto de desencanto.

La doble personalidad del Málaga

Pese a las advertencias de Míchel, el equipo no traslada al campo sus promesas previas de competir con máxima agresividad en cada cita

Pedro Luis Alonso

Sábado, 15 de abril 2017, 22:05

Del dicho al hecho hay un buen trecho. El aficionado malaguista lo viene comprobando semana a semana durante esta campaña. No coincide lo que se oye con lo que se ve, las promesas de la plantilla con la imagen posterior en el campo. El Málaga no inquietó a Lux en todo el partido de ayer en Riazor salvo cuando el mismo ya estaba casi perdido, con 2-0. Fue entonces, cerca del final, cuando se pudo ver la única ocasión clara de gol del equipo, un disparo lejano de Camacho al larguero. Recordó mucho a lo sucedido en Leganés o ante el Atlético de Madrid.

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Pese a que durante la semana fue el tema principal de debate, el riesgo de que el equipo incidiera en la relajación ahora que ya se veía con once puntos de margen respecto a la zona de descenso, el Málaga volvió a dar la de arena. Decepcionó a propios y extraños con su puesta en escena en La Coruña. Una primera parte anodina, con excesivo control táctico mutuo de los equipos, dio paso a un segundo periodo en el que el rival acertó en sus dos primeras ocasiones para resolver el choque.

Fue el Málaga de tantísimas jornadas esta campaña, el que siempre deja la sensación entre sus seguidores de que puede dar algo más de sí, el Málaga que ha ofrecido su mejor versión ante los grandes (2-1 en el Bernabéu, 0-0 en el Camp Nou, 2-0 al Barcelona) o cuando realmente ha estado más exigido por la clasificación. En un campeonato atípico, con el listón de la permanencia en una de las cotas más bajas que se recuerdan, al Málaga lo está rescatando esta circunstancia, pero fue cuando más lo necesitaba cuando sí se pudo apreciar esos niveles más altos de agresividad, de compromiso y de intensidad en el campo, como en el 0-1 en El Molinón, que puede haber sido el punto de inflexión definitivo en la temporada.

Consciente del problema

Lo que queda claro también es que la plantilla es consciente de esta doble personalidad que viene exhibiendo, entre lo que se promete y lo que se ofrece. «Nos faltó orgullo y pasión, como dijo el míster», admitió Charles tras la derrota ante el Deportivo, y no le fue a la zaga Pablo. «Como aficionado no hubiera visto la primera parte», dijo, y añadió también:«Nuestra intensidad ha dejado que desear». Y también Juan Carlos coincidió con sus compañeros: «Puede ser que faltara intensidad. No depende sólo de uno, tenemos que ir a una como ante el Barcelona».

Durante la semana Míchel había aleccionado claramente a la plantilla contra esa posible bajada de tensión. «Ya los jugadores no me engañan. Ya sé lo que pueden dar de sí, así que se anden con cuidado», llegó a afirmar en la rueda de prensa previa al encuentro. El técnico malaguista ha explicado también que la planificación de la plantilla cara a la próxima Liga tendrá en cuenta el nivel mostrado por los jugadores esta campaña, en especial en esta fase de la competición.

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Lo cierto es que entre lo apreciado ayer y lo disfrutado el Sábado de Pasión ante el Barcelona (2-0) parece haber mucha distancia, más allá del intangible de que cualquier equipo goza de un plus de motivación ante ese tipo de rivales o de que entonces pudo explotar el contragolpe. No obstante, ayer Míchel decidió mantener el esquema de juego de aquel partido, con un 5-4-1. Pero la puesta en práctica no fue idéntica. «Este partido me recuerda a épocas anteriores incluso antes de venir yo», declaró Míchel después. «Lo que quiere decir es que el secreto no está en las capacidades del entrenador para mover a los jugadores, sino en la capacidad de los jugadores para moverse. Estábamos en una dinámica positiva. Hay cierta alegría pero hemos transformado eso en una falta de energía que no podemos admitir», añadió.

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