José María Muñoz ejerció ayer de mal defensa. Quiso salir al corte en una rueda de prensa para defender hasta lo indefendible y acabó por ... mandar balones a la grada sin sentido. Patadón y tente tieso, que decían los mayores. Su mensaje no pudo ser más confuso en demasiadas cuestiones, prioritariamente en la relativa al fichaje de un director general. De descartarlo (según él, sólo se lo planteó cuando llegó al cargo) a darlo casi por hecho, incluso con competencias más o menos definidas. Al final demostró su desconocimiento absoluto al poner a la misma altura la importancia de la marcha del equipo y que el Málaga cuente con un plan de igualdad, disponga de un código ético o esté a la altura de lo que exige LaLiga en 'compliance'.
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Que Muñoz hablara del Málaga como un «equipo modesto de Segunda» también chirrió después de presumir (no sin razón y por méritos, es cierto) de que se ha pasado de -14 de límite salarial a +10. ¿De verdad puede hablar del Málaga como un modesto después de la inyección económica de las instituciones? No creo que el Ayuntamiento y la Diputación hayan respaldado con tanta firmeza el proyecto para escuchar semejante excusa por parte del administrador. Sí, él quizá sólo tenga que reportar a la jueza, pero también tendrá que dar explicaciones a De la Torre y a Salado, que esperaban muchísimo más que una planificación deficiente.
En materia deportiva hubo varias cuestiones en las que desbarró. No hubo la más mínima autocrítica y encima habló de que cuentan con el apoyo de una «mayoría silenciosa» (¿a qué mayoría se refiere si casi un tercio de los aficionados ha dejado de ir a La Rosaleda?). Se ve que Muñoz se marchó del palco el domingo antes de que el estadio al completo pidiera una vez más la salida del director deportivo, ídolo hace un año en el 80.º aniversario del estadio. Por cierto que poco más o menos dejó entrever que Manolo Gaspar sólo se irá si este da un paso al costado. Convendría recordarle al administrador que él está para tomar decisiones, y no como Manolo, incapaz de destituir a Guede y, el año pasado, de prescindir en invierno de los cuatro jugadores (tres de ellos, capitanes) que sembraban cizaña en el vestuario y cuya salida exigía José Alberto.
Al final Muñoz demostró lo que ya se intuía: no tiene conocimientos de fútbol. Sus mensajes fueron una mera copia de las excusas del tándem Guede-Manolo. Habló de las lesiones de cuatro centrales (una falacia, porque en la humillación ante Las Palmas estaban todos…) y hasta empleó ese argumento moderno de los entrenadores y directores deportivos fracasados de recurrir a la superioridad del equipo en algunas facetas del juego (tiros, centros, robos en campo contrario...) cuando su valor es nulo en la clasificación.
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Por último, para tener en su ánimo «influencia cero» las pintadas y pancartas aludió con nombres y apellidos a todos los señalados. Lo dicho: Muñoz mostró recursos de mal defensa, con balones y más balones a la grada.
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