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Volvió a montarse en el autobús el Málaga con la sensación de haber podido conseguir algo más que un punto. Y es que si bien el partido en Fuenlabrada fue tosco y estático en muchas de sus fases, los blanquiazules tuvieron razones para protestar y lamentarse. Primero porque los árbitros (los del campo y los del VAR) actuaron de forma muy tibia al no señalar un penalti sobre Juanpi.
El venezolano le ganó la posición a su par y se vio arrollado por el defensa rival antes de chutar a portería. Y segundo, porque en el minuto 89 Sadiku no acertó de cabeza a conectar un gran centro de Boulahorud que dejó libre para el remate al delantero albanés. Estos son los últimos flashes para el Málaga en un encuentro aburrido para el espectador medio, marcado por la falta de apuesta de los dos equipos. Aunque de esto último tuvo cierta culpa el estado del césped.
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Los jugadores, sobre todos los del Málaga, sufrieron resbalones continuos. La sensación en algunas acciones fue de estar jugando sobre una pista de hielo que exigía aún más prudencia y limitaba la imaginación de los futbolistas. De esto mismo se quejó Luis Hernández: «El campo no estaba bien para poder jugar», criticó.
Sin duda, esa incomodidad se transmitía a la grada. No iba ser el mejor partido de fútbol. También pensó eso Pellicer, que lo plasmó con la novedad de Benkhemassa en lugar de Pacheco en el once titular. Un once que tuvo además la vuelta de Diego González a la zaga y la entrada de Hicham por Renato. El canterano marroquí fue intermitente, como de costumbre, pero no dejó de ser el único malaguista que se sintió cómodo en el uno contra uno.
Lo buscó precisamente por eso Pacheco, quien salió por Benkhemassa para recuperar algo del balón perdido con la reanudación y evitar una posible expulsión del argelino. Entiendió ese riesgo rápido Antoñín, que vio una amarilla por encararse con Iván Salvador (igual le pasó a Juan Carlos) y bajó sus revoluciones en la recta final.
Con todo, el Málaga cerró una jornada más sin perder y ya van ocho seguidas (seis empates y dos victorias). Y además volvió a dejar la portería a cero para ser ya el mejor equipo de la Liga en registros defensivos con 20 goles en contra en 24 partidos, lo que se traduce en una media de 0,8 goles por encuentro. Eso sí, tampoco marcó y se queda, con sólo 19 goles a favor, entre los peores realizadores.
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