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El fútbol puede ser tan increíble y desconcertante que no siempre gana el que más meritos hace. Se han dado victorias con una sola ocasión ... o con media, a partir a de un error grave defensivo o un tanto en propia puerta, cuando el rival dominó de forma abrumadora. De la misma forma hay días de acierto total en las áreas y lo contrario. En este capítulo cabe insertar el espectacular Deportivo-Málaga de este domingo al mediodía, que registró 35 remates, once de ellos entre los tres palos, sin que hubiera goles.
No faltaron las oportunidades claras en Riazor, en una especie de Real Madrid-Barcelona de Segunda en la medida en que se enfrentaban en el campo los dos clubes con más masa social, los de éxitos más sonados en las dos últimas décadas (el 'Depor', campeón de Liga en los 90 y el Málaga, cuartofinalista de la Champions hace poco más de una década), y a fe que el duelo no defraudó, porque ambos equipos tienen estilos similares: extremos desequilibrantes, verticalidad y un afán por llevar la iniciativa de los partidos.
Por eso el ritmo en los primeros 25 minutos fue casi insostenible, con una docena de remates y con acciones de ida y vuelta inmediatas. Se pudo ver el tiro al poste de Antoñito y buenas ocasiones para Barbero y Lucas Pérez, porque Yeremay era un jugador difícil de sujetar.
35
remates en el Deportivo-Málaga, once entre los tres palos. El cuadro local aportó 22, y 13 el Málaga. Hubo seis a puerta del cuadro coruñés y cinco de los de Pellicer.
Los dos equipos se dieron cierta tregua en el segundo tramo del primer tiempo, que controló mucho el Deportivo, pero las hostilidades volvieron tras el descanso, en especial en los minutos finales, una auténtica montaña rusa de emociones. La tuvo Gabilondo, con una intervención crucial de Barcia; salvó el VAR al Málaga, porque no hubo penalti a Lucas Pérez del lateral derecho malaguista; perdonó el veterano delantero local, en una jugada en que tumbó a Nelson y Luismi, asomó la versión salvadora habitual de Alfonso Herrero repeliendo numerosos disparos, y se vio al mejor Helton ante un remate en vaselina de Izan Merino desde fuera del área...
Era increíble ver un duelo tan descosido en Segunda, una categoría en la que los partidos se suelen caracterizar por el rigor táctico, y más aún que no llegaran los goles. Los equipos no se dieron tregua ni en el añadido. Ni siquiera entonces hicieron balance de méritos y se plantearon especular, firmar el armisticio y tratar de no perder, ya que hasta entonces no se pudo ganar.
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