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Un 3-2 en Ceuta y un 1-0 en Melilla. El Málaga saldó con sendos desastres sus visitas a las ciudades autónomas, en dos ... derbis muy esperados por las aficiones locales y que le dejan un balance muy doloroso, que quién sabe qué efectos tendrá a la postre cara a la lucha por asegurar plazas para los 'play-off' de ascenso y buscar una lo mejor posible.
A la rendición en el Alfonso Murube, con dos remontadas en el partido (del 1-0 al 1-2 y, luego, al 3-2 final), se le sumó este domingo una actuación todavía peor ante el penúltimo de la tabla. El equipo malaguista sólo fue capaz de generar una ocasión clara de peligro en todo el choque, en el primer tiempo y por medio de Juande, a centro de Víctor García.
¿Pudo el estado infame del césped del Álvarez Claro condicionar el resultado? Sin duda, el Málaga pudo verse perjudicado a la hora de construir juego, con un balón que no botaba bien, ni de manera uniforme, pero también el Melilla. Sin ir más lejos, Sergio Pérez avanzó en un mano a mano ante Alfonso Herrero, con Gabilondo persiguiendole y a punto de derribarle, y rasear el balón en su carrera tantos metros le molestó, así como en la definición.
Hasta el árbitro, Holgueras Castellanos, perdió el equilibrio en una acción del partido, en una zona central del rectángulo de juego, la menos cercana a las bandas, que era la que más descubierta de césped se encontraba. El Málaga, que jugó ya en Orihuela ante el Intercity, club que abandonó el Antonio Solana de Alicante, por el mal estado de ese campo, esta vez jugó en el que ha sido el peor terreno de juego que se ha encontrado este curso, pero son gajes del oficio en una categoría no del todo profesional.
Quizás algunas decisiones de la alineación de Pellicer se vieron afectadas por las malas condiciones del césped, de las que ya estaban avisados. Así, el equipo partió con dos laterales zurdos, con Dani Sánchez por delante de Víctor García. Esperaron su turno en el banquillo Dioni y Kevin, por ello.
El caso es que el Melilla, porque juega habitualmente en el Álvarez Claro, se adaptó mejor a las condiciones de juego, y no sólo en el gol, en un flagrante fallo defensivo malaguista (sin vigilancia a balón parado a Siddiki, recién entrado), porque dispuso de dos ocasiones más pintiparadas en el segundo tiempo para marcar, las de José Enrique, solo delante de la portería, y la mencionada de Sergio Pérez. Por más que el Málaga acabara en el campo con Dioni, Roberto, Avilés, Juan Hernández o Kevin, fue inútil para generar peligro... ¿o la culpa fue del terreno de juego?
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