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ANA JIMÉNEZ
Domingo, 10 de julio 2022, 13:41
El punto y final del cáncer de mama se escribe con tinta de tatuaje para muchas personas afectadas por esta patología. Tras años de cambios físicos y emocionales, las sonrisas vuelven a surgir tras las lágrimas derramadas por el tiempo de recuperación gracias a Mariló Fernández, tatuadora referente en la reconstrucción de areolas y pezones y parte del equipo del estudio de tatuajes malagueño Tattoo Stone, que declara ser la pionera a nivel de Andalucía y de las primeras en España en llevar a cabo esta reconstrucción mamaria en mujeres y hombres que han sufrido la enfermedad.
La cultura del tatuaje comenzó a formar parte de su piel y de su vida en 1998. Unos años más tarde, el cáncer de mama empezó a formar parte de su trabajo: «El primer contacto que tuve con el tatuaje realista de areolas y pezones a nivel profesional fue por una amiga a la que le diagnosticaron cáncer y, cuando se recuperó, me pidió que fuera yo quien le reconstruyese el pezón. Desde ese día me di cuenta de lo mucho que podemos ayudar los tatuadores con relativamente poco esfuerzo, especialmente los que nos dedicamos al realismo, poniendo un poco de nuestro tiempo», comenta con el brillo del pasado en los ojos, mezclado con el presente: «Hoy hablo como tatuadora y como afectada: estoy en lista para una mastectomía profiláctica».
Desde 2013 comenzó el camino de la solidaridad, poniendo todos sus recursos a disposición de distintas asociaciones: «Quería empezar en Málaga, porque yo soy malagueña y boquerona 100%, pero no obtuve el apoyo necesario en su momento. Actualmente colaboro con la Asociación de Atención a Mujeres operadas de Cáncer de Mama (ASAMMA) organizando mesas redondas, convenciones y tatuajes solidarios», explica la tatuadora con una mano en la aguja y otra en el corazón. Desde su solidaridad y activismo, critica el intrusismo laboral que sufren los tatuadores con este tema y lo que puede suponer para las personas afectadas: «Reconstruir una areola y un pezón es trabajo artístico que requiere una preparación y experiencia previa, no lo puede hacer cualquiera que se compre una maquina por Aliexpress. He visto verdaderos desastres».
Tras cada tatuaje hay una historia de lucha, fuerza y superación que merece ser escrita con la mejor letra posible en la piel de los afectados para recordarles el camino recorrido y el camino nuevo que aún les queda por recorrer tras el dolor sufrido: «Las personas con cáncer de mama han sufrido mucho, en ocasiones son incapaces de mirarse al espejo por las secuelas de la enfermedad. Por eso hay que dedicar un tiempo a hacerlo bien para tapar las cicatrices y dar un efecto 3D al pezón».
Gracias a cada minuto que dedica, las personas que se ponen en sus manos reviven con alegría el día que volvieron a sentirse cómodas con sus pechos tras el cáncer de mama, como el caso de Nuria Elías Pascual, superviviente por partida doble: «En 2012 me quitaron el tumor en el pecho y antes de cumplir el año me apareció en el brazo izquierdo una enfermedad llamada linfodema. En ese momento me puse en contacto con ASSAMA y conocí allí a Mariló. Pasado un tiempo notaba que algo me faltaba y contacté con ella, que cada mes de octubre se ofrece a tatuar a las que hemos pasado por esto. Me hizo el pezón en la mama derecha y en la izquierda un tatuaje que para mi fue un antes y un después, era un tatuaje para engañar a la vista y volver a mirarme al espejo». Otro impresionante reflejo que tuvo el placer de crear espejo que cuelga de la sala blanca del estudio donde suelen realizarse estos tatuajes artísticos de reparación es el de María Nicasia Rodríguez Montoro, que también ha superado cáncer de mama: «Desde el día que me operaron tenía claro que quería un tatuaje donde la cicatriz: una mariposa, porque para mi significa transformación. Preguntando a otras chicas que hablan pasado por lo que yo llegué a Mariló. Sabía que haría algo especial con el tatuaje porque ella es especial. Me inspiró confianza y conectamos enseguida. En mi caso, su trabajo, me ha permitido conectar conmigo misma y con mi cuerpo y resulta que esa parte que podía significar algo feo en mi como una enfermedad, ahora es algo que me encanta enseñar».
Actualmente, Tattoo Stone recibe en su estudio a personas de todos los rincones de España que ponen en manos de Mariló Fernández el pasado, presente y futuro de su imagen: «Muchos tatuadores son reticentes a hacer estos trabajos por la carga psicológica que conlleva para quienes van a dar el paso de tatuarse, pero al final es una alegría cuando terminas y ves como admiran su cuerpo. He llegado incluso a escuchar a gente que le gustan más sus pechos ahora que antes del cáncer», declara la tatuadora con una amplia sonrisa por todas las que han confiado en ella para hacer el trabajo.
Ahora le toca a ella andar los pasos que tantas veces ha tenido ante sus ojos, escribir sobre su vida, sobre su pecho, sobre su devenir. A la tinta que ya decora su cuerpo se le sumará en unos años el punto y final del cáncer de mama que, como asegura, se tatuará ella misma.
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