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Pablo Arrabal, en la izquierda la imagen, contempla en una gran pantalla la información proporcionada por el James Webb, junto a Steven Finkelstein, otro investigador. SUR
Pablo Arrabal Haro, un malagueño en la 'sala de partos' de las galaxias

Pablo Arrabal Haro, un malagueño en la 'sala de partos' de las galaxias

Este joven astrofísico de El Palo investiga en Estados Unidos el universo más lejano con ayuda del James Webb, el telescopio más grande del mundo

Lunes, 5 de septiembre 2022

Todo empezó con una imagen en blanco y negro y cuatro puntos difuminados sobre un fondo granoso. La NASA presumió de la nitidez de las grabaciones y de las posibilidades infinitas que ofrecía el nuevo telescopio espacial. La prensa mundial, sin embargo, se extrañaba de la calidad mediocre de la imágenes. Y con razón, como se iba a demostrar más tarde: alguien había afilado mal el espejo del telescopio y el novato empezaba la misión con un defecto de visión. El error se corrigió y, con gafas nuevas, la cosa empezaba a verse de otra manera.

Pese a sus grandes éxitos, después de tres décadas de vida, Hubble, el telescopio más famoso del mundo, iba a tener un sucesor: el James Webb. Desde la Navidad de 2021 planea a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en la cuasi infinidad del universo. Es un observatorio puntero del siglo XXI. Más grande, más ambicioso y más sofisticado que Hubble. Y proporciona, de eso ya no cabe duda, imágenes impresionantes.

Pablo Arrabal Haro es un malagueño de 32 años. «De El Palo de toda la vida», precisa. Luce cuerpo musculado, resultado de una hora y media de gimnasio diario, que señala como esencial para resistir a nivel mental las exigencias de la «investigación más puntera». Pablo es astrofísico y desde hace dos años el camino que más recorre es el que separa su vivienda en Tucson (Arizona) de su puesto de trabajo en el laboratorio de la National Science Foundation (NSF), la institución homóloga al Ministerio de Ciencia e Innovación en Estados Unidos. La camiseta de manga corta que ha vestido para la atención que este lunes le ha brindado el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, es una declaración de intenciones que dice: aquí hay alguien orgulloso del lugar en el que trabaja. «James Webb Space Telescope», reza en grandes letras.

Pablo, que ahora pasa unos días Málaga, habla de alguien que ha cumplido el sueño de trabajar en el campo de la astrofísica. Que ahora lo pueda hacer con el James Webb, es la culminación de un recorrido que va desde la vocación temprana a la materialización de la misma gracias a un esfuerzo académico que le llevó primero a Granada. Ahí, con 17 años, empezó a estudiar la licenciatura en Física. «Cuando miraba de pequeño al cielo siempre me quedaba asombrado de lo insignificante que somos en comparación con un cosmos gigante».

Ese interés primario le llevó a cursar todas las asignaturas relacionadas con la astrofísica que le ofrecía la carrera. Luego culminó con un máster y un doctorado en astrofísica, que realizó en la Universidad de La Laguna y que compaginó con una estancia en Lancaster.

Después de realizar su doctorado, optó a varios proyectos de investigación. Todos punteros y fuera de España. Cuando recibió la llamada de Estados Unidos no dudó. «Estaba entre éste y otro que me habían seleccionado en Seúl». Con la mudanza llegó la pandemia y el mundo se paralizó. Pese al teletrabajo, es ahora, con la normalidad recuperada, cuando este malagueño está disfrutando al cien por cien de una experiencia laboral que le durará, al menos, dos años más.

Imágenes del encuentro de Pablo Arrabal con Francisco de la Torre y de la charla ante jóvenes en la sede del Cifal. SUR
Imagen principal - Imágenes del encuentro de Pablo Arrabal con Francisco de la Torre y de la charla ante jóvenes en la sede del Cifal.
Imagen secundaria 1 - Imágenes del encuentro de Pablo Arrabal con Francisco de la Torre y de la charla ante jóvenes en la sede del Cifal.
Imagen secundaria 2 - Imágenes del encuentro de Pablo Arrabal con Francisco de la Torre y de la charla ante jóvenes en la sede del Cifal.

Es el tiempo que necesitarán él y sus colegas de investigación para sacar las conclusiones de las imágenes que les proporciona el James Webb. «Mi trabajo es estudiar el universo primitivo y las galaxias más lejanas», explica su labor.

Para ello, el James Webb ha supuesto «un salto de gigantes». Pablo entra dentro de ese círculo de investigadores privilegiados cuyos proyectos han sido aceptados para contar con imágenes de este telescopio. «La gran mayoría se rechazan», puntualiza. Ahora cuenta con el material que proporciona esta herramienta que se gestiona de forma conjunta entre la NASA, ESA (Europa) y la CSA (agencia canadiense).

Un material que narra sus propias historias. A veces gira en torno al nacimiento de nuevos soles, luego sobre la belleza plástica de algunas estrellas muertas, nuevas galaxias u otras que se funden en una, sobre planetas exóticos que generan grandes preguntas. Las grabaciones recuerdan de alguna manera a piezas de arte moderno, pero son también un aperitivo de todo lo que proporcionará el James Webb en los próximos años.

Desde una mirada en abstracto, muchos procesos en el universo se centran en el nacimiento, la muerte y el renacimiento. Por ejemplo, en la nebulosa de Carina, que ocupa una territorio sobre el firmamento cuatro veces el tamaño de la Luna llena.

Ahí, a unos 7.600 años luz de distancia, se encuentren estrellas gigantes que pesan más que el Sol. Ver lo qué pasa en las galaxias más lejanas y dar respuesta a esa incógnita es ahora el trabajo de Pablo. Para ello echa una media de diez horas diarias y reconoce que «la exigencia de la investigación puntera» requiere una gran preparación teórica y también mental.

¿Y qué pasa con la vida extraterrestre? Es la pregunta que persigue y que inquieta al ser humano. En un principio, el James Webb no se ha desarrollado de forma específica para este tipo de exploración. «La idea general en astrofísica es que hay vida más allá, pero lo difícil es que se encuentre lo suficientemente cercana para poder contactar», desglosa.

Como prueba de que hay vida, la astrofísica determina la existencia de vapor de agua, dióxido de carbono y metano. En teoría, precisa Pablo, este telescopio estaría mejor preparado que ningún otro para este tipo de análisis. Sin embargo, su rostro también refleja algo de escepticismo.

Rostros de admiración, mientras tanto, son los que ha generado la charla que ha ofrecido a un grupo de jóvenes de la Asociación ASA (Altas Capacidades Málaga) en la sede del Cifal. Hasta que salga el próximo Pablo Arrabal Haro, él seguirá investigando al más alto nivel. En la siguiente etapa de su vida, que aún no sabe cuándo será, contempla el paso a la docencia universitaria.

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